Voluntad: la propiedad de la mente detrás del libre albedrío

Edmeé García / 2016-08-07

Anteriormente dejamos claro que la mente no es un cuerpo, pero si el aspecto subjetivo de ese cuerpo y por lo tanto su primer propiedad definitoria es la subjetividad. Luego desarrollamos cómo es que la segunda propiedad, es decir la consciencia, se refiere a que se siente como algo en particular ser una mente y es en este paso que las emociones emergen. Después mencionamos cómo es que esos sentimientos detectan nuestro estado con respecto a una escala de valores biológicos y si detectan una necesidad buscan resolverla en el mundo exterior. Esta relación deliberada con las cosas es la intencionalidad o tercera propiedad definitoria de la mente. Finalmente estás la cuarta propiedad es la voluntad,  también conocida como agencia o "libre albedrío" y nos adentraremos más en ella a continuación. 

 

Cuando hablamos de voluntad o de libertad de acción debemos enfrentar una pregunta: ¿Si existen intenciones subconscientes, hasta qué punto en realidad poseemos voluntad y hasta qué punto nuestra conducta simplemente obedece a las fuerzas del instinto? La cuestión es que al igual que otros mamíferos y aves, los humanos hemos desarrollado sistemas emocionales que nos permiten navegar situaciones del mundo exterior de las que con frecuencia no sabemos mucho. Por ejemplo, el sistema emocional detrás del miedo puede hacer que nos alejemos del borde de un precipicio. Estos instintos se desarrollaron hace más de 200 milllones de años, de tal manera que nosotros construimos o agregamos elementos a estas emociones básicas a través del aprendizaje. 

 

 Como mencionamos con anterioridad, los mecanismos que generan los ingredientes básicos de la consciencia son la sensaciones de placer y aversión. En esto, están involucrados los circuitos del sistema límbico que abarcan una variedad de placeres y sensaciones incómodas o dolorosas. La más importante de ellas, por lo general está buscando algún tipo de sensación placentera, del tipo que proviene del entusiasmo, el optimismo y el interés por el mundo. Este sistema de búsqueda es el sistema de la intencionalidad que nos lleva a relacionarnos con los objetos que nos rodean.  De tal manera que podamos satisfacer nuestras necesidades.

 

La cuestión es que mientras que buscamos aquellas cosas que deseamos también nos encontramos con otras cosas, con nuevos problemas. Entre ellos está el hecho de que no somos las únicas criaturas en el mundo y lo que nosotros buscamos también está siendo buscado por otros seres. De tal manera que tenemos competencia, o peor aún, puede que nosotros seamos lo que esa otra criatura busca, es decir que somos el blanco de un depredador. Así que hemos integrado a nuestros cerebros estos sistemas instintivos de acción, estas formas de lidiar con situaciones biológicas universales que generan sentimientos de amor, miedo ira, apego y un largo etcétera.  Estas herramientas nos alejan de cosas que no podemos aprender por falta de tiempo y oportunidad,  o porque las consecuencias podrían ser fatales. Como por ejemplo caminar por la orilla de un precipicio podría llevarnos a resbalar y morir, de tal manera que tenemos una suerte de miedo innato por los abismos. 

 

Asimismo hay siete sistemas sumamente complejos que compartimos con algunos otros mamíferos y que corresponden a siete emociones básicas.  Algunos como la sensación de hambre y sed son muy sencillos. Pero hay algunas cuestiones aún más complicadas, pero recordemos que estos mecanismos tienen al menos 200 millones de años de antigüedad y puede ser que no cubran cosas que no existían en ese tiempo.  Por ejemplo, en ese entonces no existían fuentes de electricidad doméstica, de tal manera que no existe un instinto que evite que metas los dedos en el enchufe de la corriente. Así que esto debemos incluirlo en nuestras nociones a través del aprendizaje.  Estacapacidad de involucrarnos con el mundo que nos rodea y aprender sobre las situaciones que se nos presentan es lo que hace nuestras mentes aún más complejas que el sistema básico de siete emociones. Pero antes de ver cómo se integra la voluntad a todo esto revisemos cuáles son estos sistemas:

 

1) El sistema de búsqueda.

Este genera una relación de exploración con el ambiente y se caracteriza por una gran curiosidad. Este sistema apoya a otros sistemas emocionales y tiene un rol tanto en las emociones positivas como negativas. ç

 

2) El sistema de ira.

Este sistema impulsa a un animal a lanzar su cuerpo hacia aquello que lo ataca y utilizar sus extremidades para defenderse. Este aspecto es positivo porque se relaciona con la supervivencia, pero también tiene un aspecto negativo cuando se involucra con pensamientos y emociones que no corresponden a situaciones exteriores, sino que ocurren únicamente dentro del individuo. 

 

3) El sistema del miedo. 

Resulta en un estado negativo del cual el animal o persona desea escapar y crea tensión corporal y rigidez.

 

4. El sistema de la lujuria. 

Se relaciona con las conductas de cortejo, de tal manera que cuando una potencial pareja está ausente, el organismo experimenta un deseo por ella. Esto puede ser experimentado como algo negativo o postivo, dependiendo de las circunstancias. 

 

5.  El sistema del cuidado.

Este es el que lleva a cuidar de otros seres, especialmente de los más jóvenes y proporciona un sentimiento de recompensa. Es una fuente de amor y provoca estados positivos de relajación.

 

6. El sistema de pánico o duelo. 

Se relaciona con una experiencia de dolor psicológico y en los mamíferos se manifiesta por un llanto insistente  y la necesidad de reunirse con sus cuidadores. Este sistema facilita la creación de lazos sociales. 

 

7. El sistema del juego. 

En este los participantes usualmente asumen roles que alternan entre la dominancia y la sumición y es una actividad que les resulta disfrutable. 

 

Así que conforme aprendemos sobre todos estos mecanismos podemos detectar los vacíos de estos instintos y llenarlos con información o aprendizaje.  De tal manera que cuando enfrentamos varias posibilidades debemos decidir qué hacer  es cuando entra en juego la voluntad o agencia.  Ya que estas decisiones requieren  de reflexión, pues pensar implica realizar experimentos mentales y depende de la supresión o inhibición de los instintos o las acciones impulsivas. En otras palabras los primero que necesitamos para pensar es no actuar y a esto se refiere el concepto filosófico de agencia o libre albedrío. Otra forma de describirlo es como voluntad o  una reclamación de la intencionalidad como propia. 

 

Con información de “What is a mind?” de la Universidad de Cape Town. 

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