Una nueva perspectiva de la procrastinación

Paulina Sánchez / 2017-11-28

Aunque no lo creas, los griegos ya tenían una noción de lo que era la procrastinación. Al menos es algo que advirtió Hesíodo, quien recomendaba a la gente no “posponer el trabajo hasta el día siguiente y un día más”.

 

Lo cierto es que, en la actualidad, la procrastinación se ha vuelto algo muy común en tanto que los estímulos externos son continuos y distraen demasiado. Llega una alerta de mensaje al celular, una notificación de redes sociales, un aviso de correo electrónico… y así todo el día.

 

Con tantas pequeñas pausas, no es de extrañarse que la capacidad de atención promedio se haya reducido de 12 segundos en el 2000 a ocho segundos en 2016. Eso es menos que lo que retiene un pez dorado. ¡En serio! Lo que es más, varios estudios han demostrado que las personas que procrastinan suelen tener niveles más altos de estrés y una sensación de bienestar más reducida. Esto proviene, sobre todo, de la frustración de no concluir metas o tareas y de no lograrse concentrar lo suficiente como para tener avances o aprendizajes significativos.

 

Las consecuencias del “al ratito”

La verdadera procrastinación, dicen los expertos, es un problema de autorregulación. En otras palabras, es el retraso voluntario de la realización o culminación de una tarea a pesar de reconocer que no hacerla traerá consecuencias negativas. Si bien es común que las personas procrastinen de vez en cuando, sobre todo si están preocupadas o agotadas, el 20% de los adultos y del 70% a 90% de los jóvenes son procrastinadores crónicos.

 

El problema de dejar las cosas para después es que los pendientes se pueden acumular hasta el punto de ser inacabables. Esto, a nivel personal, genera frustración, ansiedad y sensación de fracaso. A su vez, en el mundo escolar/laboral tiene consecuencias negativas que se pueden reflejar tanto en una calificación reprobatoria, como en un despido.

 

Dos causas de la procrastinación y cómo superarlas

1. Procrastinación por falta de conciencia. Las personas conscientes suelen ser trabajadoras y disciplinadas. Su sentido de la responsabilidad hace que tengan menos tendencia a procrastinar porque tienen en mente tanto la importancia de la labor a realizar como  las consecuencias de no llevarla a cabo. La generación de conciencia en torno a nuestras metas a corto, mediano y largo plazo nos empuja a obligarnos a trabajar por ellas. Asimismo, tener conciencia de las consecuencias positivas que se presentarán al alcanzarlas, nos motiva a no distraernos o a abandonar la tarea, aunque el proceso sea largo o laborioso. Anota tus metas, aunque parezcan sencillas: sacar una buena calificación en el trabajo final; acabar el proyecto que te solicitó tu jefe antes de la siguiente junta… Luego, anota las consecuencias positivas que tendrás si lo logras hacer: pasar el semestre sin deber ninguna materia; aplicar para un bono a final del año…. Tener una visión clara (generar conciencia) de lo que tienes que hacer y qué esperas con ello, te hará superar las tentaciones de la procrastinación.    

 

2. Procrastinación por baja autoestima. Mucho de lo que deseamos hacer pero no hacemos en nuestra vida se debe al miedo. Cuando nos llenamos de una serie de creencias irracionales en torno a nuestras capacidades o tememos fracasar en nuestros intentos, nos auto-saboteamos y, con ello, garantizamos dicho fracaso. Quizá esos miedos provengan de una larga trayectoria, en la infancia, de haber sido víctimas de bullying. Tal vez sean consecuencia de haber recibido una educación en la que los prejuicios de género limitaban los gustos, capacidades o ideas de lo que “podía o debía ser”. Lo cierto es que reconocer que toda creencia no es más que eso, es el primer paso para superarla. El segundo paso es aventarse. Dejar de poner pretextos para no hacer las cosas porque se asume el fracaso requiere de valentía, pero es necesario. ¿Tienes que entregar un trabajo en la universidad? En momentos de duda, en lugar de detenerte, quejarte de tu situación y buscar “apoyo” emocional en las redes sociales (procrastinar), simplemente, empieza a trabajar. A veces basta con empezar para darnos cuenta de que sí somos capaces de lograr las cosas. ¿Tienes que entregar un trabajo y dudas que cumpla con las expectativas de tu jefe? Recuerda que la garantía para presentarte como un empleado mediocre o hacerte acreedor a una sanción que puede afectar tus ingresos es, precisamente, no entregar el trabajo. Hacerlo, en cambio, te coloca en una posición susceptible de mejora, crecimiento y reconocimiento.

 

La procrastinación puede ser una oportunidad para echar a volar la imaginación y desarrollar la creatividad. No obstante, esto solamente sucede cuando se dispone del tiempo y si se desarrollan las herramientas necesarias para aprovechar ese momento de distracción. De otra forma, procrastinar puede ser el obstáculo que te está impidiendo alcanzar el éxito. ¡No dejes que te limite!

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