Una excelente forma de cultivar empatía

Harmonía / 2016-11-17

La empatía es la emoción que define al ser humano, en la cual se encuentra la más pura expresión de su naturaleza. En una novela de ciencia ficción que luego fue llevada al cine como la película Blade Runner, Philip K. Dick escribió que la empatía era justo lo que distinguía a los seres humanos de los androides que se hacían pasar por seres humanos.

 

Empatía en un sentido muy básico es la capacidad de sentir lo que siente otra persona. Es a partir de esta capacidad que se forma un vínculo profundo y honestos con otra persona. Si bien la empatía es parte de nuestra naturaleza innata, podemos de todas maneras cultivarla y desarrollarla. Una forma muy positiva de cultivarla es pasando el tiempo con personas de la tercera edad, las cuales se benefician enormemente de ser escuchadas atentamente y de  sentirse útiles.

 

La psicóloga de Harvard Ellen Langer, una de las principales autoridades del movimiento del mindfulness, realizó un experimento en un asilo en el que se permitió que personas de la tercera edad pudieran tomar más decisiones de lo que hacían ahí. Los participantes en el estudio pudieron elegir qué películas y cuándo las veían; se les dio una planta para cuidar y pudieron elegir cuándo y cuánto la regaban y algunas decisiones adicionales. Los resultados mostraron que el grupo que llevó estas prácticas, un año después tenía mejor salud y estado de ánimo e incluso habían sorteado mucho mejor la muerte que el grupo de control, entre quienes habían más muertos.

 

En un reciente artículo en el New York Times, el Dalái Lama habló sobre algo similar:

 

Una pista viene de una interesante investigación sobre las causas de que las personas prosperen. En un notable experimento, investigadores notaron que adultos mayores que no se sentían útiles tenían casi tres veces menos posibilidades de morir prematuramente que los que sí se sentían útiles. Esto nos habla de una verdad humana más amplia: Todos necesitamos sentirnos necesarios.

 

En el caso de los adultos mayores está condión de no sentirse necesarios o útiles es muy común por diversos factores. Primero, sus mismas capacidades físicas al ir disminuyendo les impiden realizar ciertas actividades que les brindaban esta sensación antes; luego también muchas adultos mayores son marginados de la toma de decisiones que antes realizaban o su influencia en sus hijos va menguando con el tiempo, lo cual les produce un dejo de inutilidad. 

 

Una forma sencilla de paliar esta sensación ampliamente difundida en adultos mayores es realizar actividades con ellos como las descritas en el experimento de Ellen Langer, en las que tienen que realizar una función que tiene cierta importancia para el resultado de un evento, como puede ser cuidar una planta, pero cómo podría  ser también pedirles que hagan algo para una celebración o pedirles simplemente su opinión sobre un tema importante. El sólo hecho de escucharlos antentamente, sin condescendencia, es ya una forma de mostrarles que son necesarios. Por otro lado, es un acto de humildad e inteligencia valorar su experiencia, aunque nosotros veamos las cosas con otra perspectiva en ocasiones más conectada a la actualidad, y mostarles respeto, cuando es prudente, haciendo las cosas que nos dicen debemos hacer. Esto es una forma de hontrar a los padres y en general a las personas que llevan más tiempo en este mundo, y a la vez practicar empatía y compasión desinteresadas. Según enseñan todas las tradiciones espirituales y según se desprende de toda filosofía ética, el actuar en beneficio de los demás, perder importancia personal y liberarse de una visión egoísta del mundo, es la clave para el  verdadero desarrollo individual. Así que al practicar empatía y ayudar a los demás, a la vez estaremos practicando empatía con nosotros mismos y ayudando nuestra evolución personal.

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