Sencilla meditación para reconciliarte con tu niño interior

Harmonía / 2017-08-31

El niño interior está presente en cada uno de nosotros. No existe de manera física ni se distingue por completo de nuestro yo adulto, pero sin duda tiene maneras particulares de comportarse que nos definen todos los días y que son la base de nuestras relaciones y pensamientos.

 

Por eso es tan importante reconocer y reconciliarse con nuestro niño interior, pues una vez que lo logramos podemos distinguir cuando una decisión o una reacción es realizada por nuestro pensamiento más maduro, y evitar las reacciones compulsivas e intempestivas que son más propias del niño interior.

 

Si quieres conocer detalles de cómo puedes reconocer a tu niño interior, visita aquí.

 

Mientras tanto, te dejamos con una sencilla meditación para reconciliarte con tu niño interior.

 

  • Este es un ejercicio de visualización. Siéntate o acuéstate en un lugar cómodo en el que puedas permanecer varios minutos.

  • Ahora, cierra los ojos y respira de manera natural. Reconoce el ritmo propio de tu respiración y poco a poco ve respirando de manera más profunda, pausada y consciente.

  • Inicia por visualizar tu recámara cuando eras niño. ¿Qué había en las paredes? ¿Cómo era tu cama? Recuerda todo lo que puedas.

  • Cuando visualices este momento de tu vida, intenta recordar qué actividades disfrutabas. ¿Con qué jugabas? ¿Qué programas de televisión disfrutabas? Trata de traer a tu mente todos los recuerdos.

  • Empieza a reconocer qué emociones sentías en ese momento. Procura utilizar un vocabulario amplio que te permita entrar en contacto con los sentimientos que te distinguían. Si quieres ayuda para aprender a reconocer tus emociones, te recomendamos este texto.

  • Ahora regresa tu mente, poco a poco, a la persona que eres como adulto. ¿Qué emociones de ese niño interior todavía conservas? ¿Con cuál de los sentimientos que alcanzaste a percibir te identificas más? ¿Crees que algo de lo que sentías en tu infancia puede definirte como adulto?

  • Si quieres profundizar en este trabajo, en este momento puedes recordar los eventos de tu infancia que te provocaron esas emociones que conservas como adulto. Si quieres permanecer en ese recuerdo o simplemente quedarte con la visualización de tu infancia, está bien. Lo importante es que esa imagen te ayude a identificar qué sensaciones tenías y cómo éstas pueden afectar tu presente.

  • Con tu imaginación, haz que tu yo adulto y tu niño interior entren en contacto. Hazlo desde la compasión y el amor que tienes por ti.

  • Dile a tu niño interior todo lo que quieras decirle, pero con cariño. Sobre todo, trabaja en perdonar sus heridas y hacerle saber que todo va a estar bien. Escucha lo que tenga que decirte y quédate con las lecciones que puedan ayudarte a tener un presente más pleno.

  • Despídete con amor y hazle saber a tu niño interior que quieres hacer las paces.

  • Poco a poco vuelve a tu presente y haz cada vez más consciente tu respiración.

  • Mueve despacio tu cuerpo y, con una exhalación profunda, abre los ojos.

 

Es posible sanar la relación con nuestro niño interior siempre y cuando nuestro ser adulto pueda reconocer las necesidades y carencias de la infancia, y poco a poco aprenda a satisfacerlas. El primer paso es sanar al niño interior herido y luego aprender las mejores formas para darle protección a ese ser. Prueba con esta meditación y, si tienes más dudas, escríbenos en los comentarios.

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