Por qué la envidia, el odio y el enojo reflejan siempre ignorancia

/ 2015-12-28

 

Todos sabemos que ciertas emociones que focalizan una agresión y canalizan una energía obsesiva hacia otras personas deben de evitarse, si queremos tener sanidad y bienestar. Pero una cosa es saber esto racional y superficialmente, como algo que suena lógico y es parte de la sabiduría colectiva, y otra es entenderlo verdaderamente. Entenderlo es casi lo mismo a evitar estas emociones, en este caso, a dominarlas por tener una noción claramente asimilada de su indeseabilidad y su naturaleza errónea. Algo que incluso podría llegar a ser tan claramente asimilado en nuestra naturaleza como fácilmente evitamos quemarnos ante un objeto incandescente, puesto que sabemos en todas las distintas capas de nuestra cognición y habituación que los objetos que despiden calor queman y lastiman. Existen personas que, habiendo amaestrado su mente, simplemente no entretienen el enojo, la envidia y el odio (y algunas otras emociones similares).

 

Una manera muy práctica, sencilla y profunda de entender esto, es analizar y meditar cómo en realidad estas emociones no llevan a nada provechoso y de hecho solamente dañan a nuestra propia naturaleza. Esto es completamente ineficaz, puesto que si envidiamos a alguien más o estamos enfadados con alguien, y queremos hacerles sentir esto, no resultaría muy halagador para nosotros que este mismo acto de enojo, por ejemplo, nos hiciera un daño extra, como si nosotros estuviéramos otorgándoles un poder psíquico: que es el daño que nos hacemos al pensar en ellos. Evidentemente todo esto es un proceso de ignorancia. En el budismo se explica que no existe el mal realmente, lo que existe es la ignorancia. Sólo nos enojamos, envidiamos y odiamos a los demás porque ignoramos la naturaleza de la mente y la irrealidad de estas emociones. Ante este tipo de situaciones de resentimiento y obsesión, Borges lo ha dicho mejor, "la única venganza es el olvido". Olvidar es también perdonar y sobre todo es liberarnos de los aspectos mentales que nos estresan y pueden enfermarnos. El filósofo Manly P. Hall lo explica de una forma muy clara.

 

"Nunca podremos lograr estar en paz mientras resentimos las acciones de aquellos alrededor de nosotros. Al buscar hacer sentir nuestra revancha a los demás, destruimos nuestra propia seguridad. Las vidas dedicadas a los resentimientos, a la crítica y a la condenación son desperdicios. 

 

"Nos hacemos más daño a nosotros mismos que a la persona que es el objeto de nuestra animosidad. Él no puede ser lesionado por nosotros, no puede ser castigado por nosotros, pero nosotros sí podemos lesionarnos y castigarnos intentando dañarlo a él".

 

Hall agrega que esto mismo aplica en un sentido ético metafísico con las ideas que tenemos sobre cómo nos han herido los demás y sugiere que pensamos en si acaso es posible qué alguien realmente nos lastime si tenemos completa integridad interna. "¿Acaso no es más probable que estemos sufriendo por nuestras propias equivocaciones y falencias e intentando dirigir la culpa a otros desafortunados mortales?".

 

Habría que tener especial atención a cómo vivimos nuestras emociones y a quién y en qué tono le dedicamos nuestros pensamiento puesto que puede llegar rápidamente el momento en el que sea demasiado tarde y nos hayamos convertido justamente en lo que veíamos en lo demás. "Actitudes negativas, si se les permite continuar sin corregirse, transforman la personalidad, de un noble compuesto a un desagradable complejo de tensiones y neurosis", explica Hall. Así las cosas, aunque tal vez no sea la mejor motivación, si tienes orgullo y te consideras una persona inteligente entonces la principal forma de mostrarlo debe de ser no enojarte, no envidar y no odiar a nadie. 

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