La sabiduría budista en 3 principios básicos

Alejandro Martinez Gallardo / 2017-08-17

El budismo es una religión, una filosofía e incluso una ciencia de la mente sumamente rica y compleja, con unos 2 mil 500 años de profunda investigación de la naturaleza de la mente utilizando técnicas contemplativas. El budismo parte de la premisa, a diferencia de la ciencia moderna materialista, de que lo fundamental es la mente. 

 

El Buda enseñó que el mundo en el que vivimos convencionalmente, el llamado samsara, es fundamentalmente sufrimiento. De hecho, desde la perspectiva del samsara -que es como un circuito cerrado- no existe solución al problema existencial. Estamos condenados a sufrir mientras persigamos objetos impermanentes y nos aferremos a nuestra identidad como algo sólido y absoluto. Lo que define al samsara es justamente esta ignorancia, este percibirnos como sujetos separados de un universo de objetos (la dualidad) y este creer que podemos encontrar la felicidad en un mundo de objetos impermanentes. El principio del despertar es saber que es imposible encontrar la felicidad duradera en el samsara mientras tengamos esta perspectiva basada en el deseo y el ego. Al cambiar de perspectiva, al liberarnos del deseo y del apego, al cambiar de significado, el mundo se transfigura y el samsara se vuelve nirvana. Esta es la sabiduría.


Tradicionalmente, se dice que el Buda enseñó tres cosas esenciales: la impermanencia de todos los fenómenos, la ausencia de un yo independiente (que existe por sí mismo) y la insatisfacción general del samsara (dukha, en sánscrito). Estas tres nociones están estrechamente interrelacionadas, ya que es debido a que el mundo es impermanente que el sufrimiento impera, y el apego a un yo (como si éste fuera permanente) es la principal causa de nuestro sufrimiento o insatisfacción y, también, el obstáculo más grande para encontrar la liberación. Sin ese yo (atman) no hay realmente ningún problema, pero estamos tan aferrados a su realidad que nos parece algo inconcebible pensar que la existencia no está separada en individuos que existen por su propia cuenta. 


Debido a que el budismo es una difusión culturalmente evolutiva, hemos agrupado tres enseñanzas esenciales, tomando un poco también del budismo mahayana, que es la evolución de las enseñanzas del Buda histórico que floreció particularmente en China, el Tíbet y Japón.



Somos lo que pensamos
En el inicio del que tal vez sea el más famoso texto budista, el Dhammapada, se dice: 

 

Somos lo que pensamos

Todo lo que somos surge con nuestros

pensamientos.

Con nuestros pensamientos construimos el mundo.

Habla o actúa con mente impura

y los problemas te seguirán

como sigue la carreta al buey ensimismado.

 

Aquí se captura la esencia de la enseñanza, tanto el aspecto moral como el aspecto gnoseológico. Tan sencillo como saber que los actos virtuosos generan consecuencias virtuosas y los actos no virtuosos generan consecuencias no virtuosas o negativas. Tenemos aquí el prototipo de un modelo integral de salud mental y también una muestra de lo que es la teoría del karma. El budismo sostiene que el mundo no es creado por un dios sino que es el resultado del karma de los seres conscientes -el karma o la tendencia del ser sólo se genera cuando hay una intencionalidad.

 

Es indispensable renunciar al samsara

Aunque en el budismo existen senderos que no renuncian a los placeres o a los quehaceres del mundo, todos los caminos renuncian al samsara, a la modalidad de existencia basada en la gratificación del deseo y en la consolidación del ego. Esto es el sine qua non del camino espiritual para el budismo. Una forma de decirlo es que no se renuncia al mundo sino a lo mundano, se sigue estando en el mundo (primordialmente, para ayudar a los demás) pero no se es del mundo. El practicante del budismo mahayana renuncia al miedo y a la esperanza, a la vergüenza y a la fama, a las infatuaciones de los sentidos, a las vanidades de la riqueza... pero también renuncia a la iluminación personal y al amor de unos pocos, para dedicarse al beneficio de todos los seres. Esto se hace no como si fuera un esfuerzo monumental, sino como el resultado natural del entendimiento de que no existimos de manera independiente. Como sugirió Suzuki Roshi, la renuncia es solamente entender que de todas maneras todo se irá, por lo cual es absurdo y contraproducente aferrarse a las cosas. Esta es la virtud inconmensurable de la ecuanimidad. 

 

La compasión lleva al despertar

El practicante budista entiende que la compasión es el método supremo para alcanzar el despertar. No sólo porque esto pueda generar mérito, sino sobre todo porque es la forma sublime de disolver el apego a la propia identidad. Al actuar compasivamente, al darnos al otro, se lleva a la práctica el entendimiento de que el yo es mayormente ilusorio, pues existimos de manera interdependiente y las cosas son como sueños o espejismos que surgen en dependencia de los propios procesos cognitivos. Al actuar de manera compasiva dejamos de ser esta o aquella persona con una identidad cerrada y resonamos con nuestra naturaleza búdica, la cual es lo que queda naturalmente cuando eliminamos todas las fantasías de identidad y beneficio personal. En el mahayana se explica que la compasión genera (o es igual a) lo que se conoce como "bodhicitta" la mente o el espíritu del despertar. Para el budismo mahayana la esencia búdica es la compasión misma, y esta es la característica principal de un buda (en tibetano, la palabra que se usa para "compasión", thugs-rje, significa también energía responsiva o resonancia, sugiriendo que la compasión es la energía universal). La compasión y la sabiduría son dos elementos complementarios que llevan a la maduración del sendero. La sabiduría esencialmente es el entendimiento de la vacuidad o ausencia de existencia inherente, y esta sabiduría se actualiza al actuar compasivamente -algo que sólo es realmente posible cuando el practicante deja de concebirse como un ente separado y se asume interdependiente, vacío. Esto es lo particularmente innovador del budismo: que entiende que la compasión es tanto la expresión de la bondad natural -de nuestra propia naturaleza búdica- como de la más alta inteligencia y comprensión de la realidad.

 

Twitter del autor: @alepholo

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