La razón por la cual no debes preocuparte del futuro, según el budismo

Harmonía / 2017-10-23

Casi todos hemos escuchado recomendaciones sobre la importancia de mantenernos en el presente; esto parece ser uno de los conceptos más difundidos de la espiritualidad oriental que han penetrado la conciencia colectiva occidental moderna, incluso ya hasta el punto de establecerse dentro de la neurociencia y del llamado movimiento mindfulness. La razón por la cual el budismo hace tanto énfasis en esto es que estar presentes, atentos a lo que está ocurriendo en el momento, impide, obviamente, que nos distraigamos. Y evitar distraernos evita que desarrollemos emociones como el enojo, el miedo e incluso la esperanza (que puede ser el origen de otras emociones como la codicia, la envidia, la ira y demás).

 

Otra razón que es citada, y que nos interesa aquí, es que proyectarse al futuro con preocupación o esperanza es, cuando uno lo analiza bien, absurdo. El Dalái Lama lo explica así: "Si tienes miedo de sufrir algún dolor o sufrimiento, debes examinar si es que puedes hacer algo al respecto. Si es que sí puedes, entonces no hay nada de qué preocuparte; si no puedes hacer nada, entonces no haya nada de qué preocuparte". Aquí el Dalái Lama parafrasea una cita muy famosa del Camino del Bodhisattva de Shantideva: "Si hay un remedio, ¿de qué sirve entonces la frustración? Si no hay remedio, ¿de qué sirve entonces la frustración?". Estas dos frases son de una lógica impecable, aunque no es fácil aplicar la clara sabiduría que contienen.

 

A veces pensamos que preocuparnos por algo es una forma de asegurarnos de que eso que nos preocupa, cuando finalmente ocurra, llegue a buen puerto. Pero no es así, al menos no cuando estamos proyectando miedo o esperanza a algo, que es lo que hacemos generalmente cuando pensamos en el futuro. Hay que diferenciar hacer algo en el presente en preparación para un evento futuro: por ejemplo, la diferencia entre tejer un vestido para un evento y estar pensando en dicho evento durante el día y durante la noche, hasta el punto de que no podemos dormir. Cualquier actividad que nos involucre en el presente, ya sea de una manera creativa o meditativa, sin miedo o esperanza, no es realmente una preocupación como la definimos aquí y como la piensa el budismo. 

 

Cuando analizamos fríamente, preocuparnos, anticipar algo con la mente inquieta, es siempre una pérdida de tiempo. Es siempre una distracción. La distracción, según el maestro Dzongsar Khyentse Rinpoche, es la verdadera madre de todos nuestros problemas pues, si lo pensamos bien, nos surte de todo tipo de emociones que se van convirtiendo en hábitos y en formas de percibir que nos alejan de la sabiduría. Para el budismo la sabiduría tiene que ver con el conocimiento de la naturaleza de la mente, algo que no podemos hacer mas que si estamos en calma, observando lo que ocurre sin identificarnos con lo que observamos. Sólo quien tiene control de su mente puede aspirar a la sabiduría -sabiduría que también podríamos definir como estar libre de los contaminantes y oscurecimientos de las emociones. Shantideva, en estos versos, explica el valor supremo que tiene controlar la mente en un mundo que es, por otro lado, incontrolable:

¿Dónde podría yo encontrar tela suficiente  

Para cubrir la superficie de la tierra?

Pero (usando) tela solamente en las suelas de mis zapatos

Es equivalente a cubrir la tierra con ella.  

Asimismo, no es posible que yo logre  

controlar el curso externo de las cosas.

Pero puedo controlar mi propia mente 

¿Qué necesidad tendría entonces de controlar lo demás?

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