La intuición no es un don, se desarrolla

Paulina Sánchez / 2017-10-24

Hay ocasiones en que una voz interior nos provoca una sensación intensa y aparentemente inexplicable que nos indica cuál es el camino correcto a seguir o nos advierte sobre un posible riesgo. Esa voz puede resultar muy útil para tomar decisiones en situaciones complicadas o detectar señales de alerta. Pero, lo que antes se consideraba un don, se ha estudiado científicamente y se ha reconocido como un tipo distinto de inteligencia que podemos desarrollar.

 

Los mensajes de la Mente Superior

La intuición local se genera en nuestro cerebro a partir de un patrón de reconocimiento de situaciones y de recuperación de recuerdos. Al detectar ciertos factores comunes en las vivencias o recordar las consecuencias de situaciones similares que quizás hayas olvidado, tu mente te ayuda a intuir algo, es decir, a percibir instantáneamente una idea.

 

Por otra parte, existe la intuición no local cuyo centro es el corazón; al menos, eso es lo que aseguran las nuevas investigaciones. Aunque aún existe cierto escepticismo en torno a esta teoría, los científicos afirman que la intuición no local es algo real que revela información de la Mente Superior. En otras palabras, es una interpretación y reacción subconsciente a la energía del entorno.

 

De acuerdo con esta teoría, el corazón recibe información (energía) incluso antes que el cerebro –en cuestión de 1 segundo o menos– y produce percepciones y sentimientos inconscientes que a su vez se reflejan en cambios en nuestro ritmo cardíaco. Dichas alteraciones son las que interpretamos como esa voz interior (intuición) que nos está enviando un mensaje.

 

De acuerdo con los investigadores del HeartMath Institute, aunque todas las personas tienen acceso a este tipo de intuición no todas son igualmente perceptivas a ella. Por este motivo, para aprovechar el saber de la intuición, primero hay que aprender a superar aquello que la bloquea.

 

Bloqueos de la intuición no local y cómo superarlos

La mente analítica. Desde muy pequeños entrenamos a nuestra mente para que se esfuerce en razonar todo, encuentre sentido en cada situación y formule respuestas medibles. La intuición no necesariamente da respuestas racionales ni se ajusta a los límites de lo convencional. De hecho, a veces el corazón sabe lo que la mente intenta ocultar para ajustarse a las normas sociales. Llevar a cabo actividades creativas en las que puedas dar rienda suelta a tu imaginación –por ejemplo, escribir en un diario, componer una canción, crear un cuento o poema, o dibujar– te ayuda a detectar los mensajes de tu voz interior. ¡Te sorprenderá lo que puedes plasmar en papel cuando creas algo que es sólo para ti!

 

El ego. Nuestro ego busca quedar bien para ganarse la aprobación de los demás. Nos obliga a pensar de manera reducida y determinada por el miedo. Sobrepasar los límites del ego, que ve todo como una amenaza, requiere de trabajo interior para mejorar la autoestima y lograr expresar lo que quiere y es el “verdadero yo”. Para practicar, planea una reunión social con amigos con quienes puedas tener debates saludables y respetuosos en torno a diversos temas. Realiza propuestas o expón tus opiniones aunque de principio resulten polémicas. Luego, defiende tu punto de vista con argumentos informados. La finalidad de esta actividad no es convencer a otros de tu visión, sino ganar seguridad al exponer lo que piensas y escuchar también la perspectiva de otros sin ser combativo por intentar tener la razón.

 

Las opiniones de los demás. Es cierto que somos seres sociales y que nuestro entorno exige ciertas normas de convivencia para interactuar pacíficamente. No obstante, algunas convenciones sociales solamente buscan ajustarnos a ciertos parámetros de “normalidad” que nos empujan a acallar nuestra identidad y rechazar la diferencia. Si hacemos caso de ello, podemos acabar por ignorar nuestra intuición a cambio de dar prioridad a la conformidad y la pertenencia. La mejor manera de escuchar nuestra voz interior en lugar de las opiniones de los demás es practicando meditación y actividades de mindfulness que nos ayuden a conocernos. Encontrar momentos a solas y en calma para preguntarnos "¿qué pienso sobre este tema?", "¿qué siento respecto de esta situación?", "¿por qué pienso o siento así?", puede ayudarnos a entrar en sintonía con nuestro ser hasta encontrar coherencia entre nuestros pensamientos y sentimientos. Con ello podremos prepararnos para establecer una conexión fluida y natural con la energía exterior y, de esta manera, estaremos más abiertos a reconocer cuando una sensación inexplicable ante una situación pueda ser más que una corazonada.  

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