El estómago como segundo cerebro

Harmonía / 2016-02-12

La calidad, cantidad y composición de las bacterias de nuestra microbiota ejercen un importante efecto en nuestro cerebro. Por ejemplo, estudios han demostrado que los niños con autismo tienen una microbiota bastante diferente a la de los niños saludables. Sobre todo, los niños con autismo tienden a tener menor cantidad de bacterias beneficiosas del tipo Bifidobacteria.  

 

Estos descubrimientos han llevado a especialistas como la doctora Natasha Campbell-McBride y el doctor David Perlmutter a explorar la conexión entre la salud digestiva y los desórdenes mentales como el Alzheimer.

 

El principal motivo por el que las bacterias de nuestra microbiota se relacionan con la alteración de la salud mental es porque muchos de los factores que afectan la permeabilidad de los tejidos del cerebro son similares a los que afectan los tejidos de la microbiota. Es así que una microbiota que no sea protegida de forma correcta por las bacterias beneficiosas del cuerpo, puede llegar a provocar desórdenes mentales y otras enfermedades autoinmunes.

 

Otra razón para vincular la salud de la microbiota con la salud del cerebro son los niveles de liposacáridos. Los liposacáridos cubren a ciertos grupos de bacterias de la microbiota y fungen como un poderoso instigador de la inflamación en el cuerpo. Cuando una persona manifiesta un incremento drástico en los niveles de liposacáridos de su cuerpo, el cerebro corre el riesgo de padecer algún desorden como Alzheimer o esclerosis lateral amiotrófica.


Estos casos pueden parecer extremos, pero son tan sólo un recordatorio más sobre la importancia de mantener una alimentación saludable y de preservar hábitos que sean bondadosos con nuestro cuerpo.

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