La clave para cambiar tu vida hoy mismo

Mena Calvert / 2017-09-05

En general ponemos nuestra atención en este plano, en el que podemos tocar y ver; ponemos la atención en nuestros problemas, en lo que a nos preocupa, en lo qué hay que hacer para sobrevivir, en qué comer, en tener ropa que nos guste, lujos que no necesitamos pero nos agobiamos como si así fuera. Vivimos enfocados día y noche en lo mismo sin darnos cuenta, como si ésta fuese nuestra única realidad, o bien, la más importante, cuando ni siquiera nos imaginamos quiénes somos, de dónde venimos, qué es lo que podemos lograr si abrimos nuestra atención a nuevas creencias ilimitadas para vivir profundas experiencias y sensaciones. 

Dedicamos más tiempo a tratar de hacer las cosas bien, a vivir de la forma "más segura y controlada", teniendo un seguro, un trabajo estable, nuestra familia, el último celular, la última moda, teniendo más información, estando al día, como si algo malo nos fuera a pasar si no es así. 


Tristemente, esto se vuelve costumbre: la moda, cómo me visto, qué veo, con quién me junto, que saque una buena foto, que destaque en lo que haga y me sienta reconocido.


Ponemos más nuestra atención en cómo queremos que nos vea la gente o bien en lo que está mal para criticarlo o criticarnos, en vez de lo que sentimos y queremos en el fondo.


Pareciera que el que se queja más es el que va a ganar un premio y hacer lo que los demás hacen nos fuese llevar a algo mejor, cuando es lo contrario.


Desgraciadamente, hay más gente enfocada en esta parte de miedos, de lo material, de lo que se debe y tiene que hacer en vez de lo que el alma nos grita, que muere por hacer, aunque vayamos en contra de estas creencias y paradigmas con los que hemos vivido prácticamente toda nuestra vida y con los que viven la mayoría.


El problema con seguir poniendo nuestra atención y energía sólo en esta rutina de la vida donde parece que lo que vemos es lo único que hay y no hay más, es que nos estamos perdiendo de lo más preciado que podemos experimentar en este cuerpo.


El problema con seguir viendo lo negativo, juzgándome o criticando al mundo entero es que mi vibración empieza a bajar cada vez más y más y mi atención sigue estando en lo más mundano o en eso que no me gusta, en la enfermedad, en el vacío, en el sinsentido.


Afortunadamente, existen infinitas formas de vivir nuestra vida. Afortunadamente, tenemos libre albedrío para vivirla y experimentarla como queramos.


El problema es que muchas veces no somos conscientes de que estamos viviendo una vida que en realidad no queremos, y muchas veces no sabemos ni cómo cambiarla. Sólo sabemos que algo no checa, que algo no se siente bien.


Tristemente, sentimos eso y seguimos con los viejos patrones de forma de ser, de pensar y de actuar en la vida y, por ende, los resultados siguen siendo los mismos; a esto se le llama locura.


Si nosotros queremos sentirnos distintos, más llenos y completos, con más alegría y confianza, ver más la belleza de la vida y de nuestras vidas, tenemos que hacer algo distinto, pensar distinto, hablar distinto, movernos distinto, ser diferentes a como hemos sido hasta ahora y, curiosamente, más reales y honestos con lo que siempre hemos sido verdaderamente, que tenemos tan profundamente reprimido que hay que hacer algo para desbloquearlo y que vuelva a salir.


De niños, estar conectados con nuestra espontaneidad, con lo que somos y queremos, se da de una forma mucho más natural, ya que todavía no estamos tan condicionados para ser alguien más, simplemente somos.


¿Qué pasaría si nos empezamos a quitar miedos, poner más nuestra atención en todo lo que estamos agradecidos, en todo lo positivo que vemos y decimos, en vez de dejar que nuestra atención siga estando en eso que nos pone de malas o en lo que nos baja la vibración?, ¿y si mejor nos concentramos en lo que nos pone de buenas y nos la sube?


¿Cómo cambiaría mi vida si empiezo a cambiar mis hábitos y creencias, mis pensamientos y las palabras que salen de mi boca por algo más positivo? 


¿Qué pasaría si nos damos tiempo para contemplar la belleza que todavía existe en la naturaleza, en las nubes, para ver la maravilla de las hojas y la corteza de un árbol, para ver la vida desde los ojos del de enfrente, para realmente saborear un sabor, sentir la suavidad de la piel, valorar el poder bañarnos y sentir cada gota de agua, poder abrazar a alguien sintiendo, amar sintiendo, hablar sintiendo, empezar a sentir más que pensar? 


¿Que pasaría si aprovechamos nuestra vida para cambiar ciertos hábitos y en vez de que sea una rutina empezara a ser una delicia cada acto porque se hace con conciencia, con gozo, con alegría, porque uno lo genera, no lo hace porque tiene que hacerlo sino porque quiere y lo hace sentir la vida, no desconectarse de la vida?


¿Qué pasaría si empiezas a cacharte cuando estás pensando en algo negativo y enfocas tu atención en qué de eso puede ser positivo?


¿Qué pasaría si, en vez de criticarte, te tratas con mucho cariño y dulzura y así también tratas a los de tu alrededor?


¿Qué pasa si aceptas que la vida sea un misterio y nada va a pasar como te imaginas, y puedes tomarlo para crecimiento como gratitud o como algo más que está en tu contra?

No nos damos cuenta, pero cuando uno ya está en una rutina de ver lo negativo es muy fácil seguir viendo eso que está mal, pero no es imposible cambiar esta forma de ver la vida y, sobre todo, de vivir la vida.


He hablado mucho en mis artículos de esto una y otra vez porque considero que todos merecemos tener una vida mejor. Y sé que no es en lo externo, ni en lo material que uno lo va a conseguir, aunque eso ayude.


Es en el cambio que podamos hacer internamente. Es en darnos cuenta primero dónde ponemos nuestra atención y tener la voluntad de hacer un cambio, un cambio radical interno. De elegir estar bien. Elegir qué sale de nuestra boca, qué comemos, qué hacemos. No actuar inconscientemente sino traer a la conciencia, antes de seguir moviéndonos desde la rutina. 


Despertar esa conciencia divina, sabia, que siempre ha estado y confiar más en ella. Pero para escucharla hay que darle espacio, hay que elegir escucharla. Hay que estar en el presente, ya que en el presente podemos poner un alto antes de hablar y pensar si eso realmente es algo que va a servir y ayudar.


Podemos parar ahora y decidir cambiar nuestro destino, nuestro futuro, o bien podemos seguir en lo mismo sin darnos cuenta cuál es el verdadero sentido de estar vivos.


Todos tenemos el potencial de hacer estos y otros cambios aún más profundos, todos tenemos el derecho a tener una vida mucho mejor. Habrá cosas que no podremos cambiar por fuera, pero también hay muchas cosas más que sí podemos cambiar dentro de nosotros.


Hay millones de cosas en las que podemos poner nuestra atención que no están en una computadora o un celular y que nos pueden conectar mucho más con eso que estamos buscando y no sabemos qué es.


La tecnología puede ayudarnos en muchos aspectos, pero también puede desconectarnos en muchos otros.


No se necesita que todos vivan esta realidad para nosotros vivirla, con que uno solo la viva ya influencia positivamente la realidad de los otros, tan sólo con estar más presente, más consciente.

 

Esto puede ser el comienzo de una nueva aventura para, ahora sí, pasar al siguiente paso y ver eso que somos, y a qué venimos.


Te invito a que comiences a cambiar tu vida. Te invito a estar más en tu presente, te invito a sentir, a pensar antes de hablar, a cacharte cuando tu pensamiento este amargándote y cambiarlo a esa emoción que te ilumine la cara. Te invito a que hagas eso que amas y cuando llegue el momento de tu muerte, voltées atrás y digas: "Así es como quería vivir mi vida, valió la pena y estoy listo para algo nuevo".


¡Bendito y hermosísimo seas y eres! ¡La clave para cambiar tu vida hoy mismo eres tú! Cambia, quita o limpia los lentes que usas para ver la vida.
 

NAMASTE.

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