¿Cuál es el secreto de la vida que podemos aprender a través del jazz?

Edmeé García / 2016-04-30

Desafortunadamente existen varios malentendidos o distorsiones con respecto al jazz, quizá la más prevalente sea que para disfrutarlo necesitamos entender a un nivel intelectual qué es lo que está pasando con cada nota, ritmo o melodía. De hecho, no falta quien piensa que en realidad el jazz es “sólo para músicos”. Nada más alejado de la realidad, el jazz como otros tipos de música es un lenguaje capaz de transmitir emociones, ideas y experiencias, texturas y visiones. Es el sonido de una época que va evolucionando y mutando junto con nosotros y lo único que  necesitamos para disfrutarlo es abrir los oídos y dejarnos tocar por él.

 

En palabras de Noam Chomsky :

  “ El lenguaje personifica la visión del mundo de una cultura y es tan único como la cultura que lo creó. Refleja los valores y conceptos que esa cultura considera más importantes  y  la describe”.

 

De tal manera que si tomamos en cuenta el contexto histórico que vio nacer al jazz no debe sorprendernos que la improvisación sea una parte medular tanto de la música como de las cualidades que los afroamericanos debieron desarrollar para sobrevivir la crueldad y la injusticia de la segregación racial. Y para encontrar la forma de afirmar la fuerza expansiva y la libertad de su espíritu a través los sonidos, creando una forma de arte que es un reflejo legítimo de su época pero cuya esencia resulta atemporal. El jazz es una expresión de la lucha por ser y crecer, de la conquista de lo ignoto, de la aventura de inventar algo nuevo desde la tradición al mismo tiempo que se afirma la unicidad de la identidad individual y se trabaja en colectivo.  Su mensaje, es el mensaje de toda vida humana que a través de las eras ha ansiado el conocimiento, la trascendencia del sufrimiento y la preservación del joie de vivre a pesar de todo.

 

En palabras del célebre compositor George Gershwin  “La vida es como el jazz, es mejor cuando improvisas” y la complejidad de las improvisaciones de los músicos de este género es proverbial, ya que no se reduce a la creación de solos que duran unos cuantos compases. Los ejecutantes son capaces de echar mano de una serie de referencias, estrategias y bagage auditivo para desarrollar discursos portentosos que citan melodías ancestrales y las reinventan, o  de embarcarse en variaciones de algún motivo, tan infinitas como el crisol de nuestros días. Incluso hay quienes pueden improvisar conciertos enteros, un ejemplo de esto es Keith Jarrett quien más de una vez se ha sentado al piano y deleitado al público por más de dos horas sin nada más que su instrumento y su imaginación. 

 

Por esta razón ha habido científicos e investigadores como  el cirujano Charles Limb que han decidido indagar qué es lo que pasa en el cerebro de estos  improvisadores mientras despliegan sus habilidades. Ya que comprender estos procesos podría contribuir a un mejor entendimiento de parte de la ciencia sobre qué es la creatividad y cómo funciona.  Uno de estos estudiosos es el cirujano Charles Limb,  que  examinó la actividad cerebral de algunos músicos mientras estos tocaban instrumentos dentro de una cámara de resonancia magnética.  Posteriormente comparó los resultados con los obtenidos cuando se realizaba una actividad memorizada, como tocar una melodía aprendida al pie de la letra.  

 

Limb descubrió que las áreas del cerebro relacionadas con la introspección, la memoria útil y la expresión individual, asentadas en los lóbulos frontales incrementaban su actividad, mientras que aquellas áreas que tenían que ver con el monitoreo y la supresión de los impulsos se apagaban. Esto lo llevó a teorizar sobre la posibilidad de que para que la creatividad se libere y exprese con tanta complejidad y exuberancia, tiene que haber un proceso doble en el cerebro que enciende ciertas partes y apaga otras. De tal manera que el artista puede expresarse libre de inhibiciones, tomar riesgos y seguir sus instintos. 

 

Pero ¿qué podemos aprender de todo esto si no somos músicos o jazzistas? Bueno, los músicos de jazz primero necesitan pasar muchas horas aprendiendo los principios del lenguaje que desean dominar y luego deben aprender a dejar ir el raciocinio ordenador y permitir el flujo libre de energía creativa. De la misma manera en que tomamos cualquier situación, problema o reto en nuestra vida y debemos no sólo encontrar una solución o una forma de anularlo sino preferentemente una manera de encausar la energía y los recursos existentes alrededor del problema para transformarlos en algo más útil y bello.  Esto aplica absolutamente a todo, desde nuestros patrones emocionales o conductas negativas hasta qué haremos para cenar. Lo más importante es enfrentar todo lo que hacemos con una actitud de receptividad, alerta, creatividad y aceptación. 

Entregarse con fe al genio creativo y confiar en nuestras habilidades puede ser un gran reto, pero ese justamente es el meollo del asunto y es quizá una de las más grandes lecciones del jazz. Así que  mientras lo intentamos  valdría la pena recordar las palabras de Miles Davis :

No temas a los errores, no hay ninguno”.  

 

 

 

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