3 razones de peso para ejercitar la imaginación en la edad adulta

Paulina Sánchez / 2017-08-17

De niños cazamos dragones con escobas, construimos castillos con cojines y curamos al mundo con medicinas creadas a base de lodo y hojas. Nos creemos fuertes e invencibles, soñamos con cambiar el mundo. ¿Qué pasa después? La vida pasa.

 

A nivel científico, los estudios revelan que la tendencia natural de los niños a imaginar disminuye a partir del 4º año de primaria, sobre todo por falta de práctica. Los programas escolares nos empujan a volcar el pensamiento a la lógica y a los datos duros. Dedicamos más tiempo a memorizar que a crear. Luego, en la adolescencia, dependemos demasiado de la aceptación de otros, por lo que tememos equivocarnos y, como afirman los expertos en creatividad, si no aceptamos que la creatividad implica estar dispuestos a equivocarnos, es imposible que creemos ideas originales. Ya en la edad adulta recaen sobre nosotros incontables responsabilidades, compromisos y metas profesionales y, con ellos, soñar queda cada vez más lejos de nuestro alcance. La imaginación queda sustituida por una realidad que nos obliga a ser simplemente funcionales, a adoptar una actitud de madurez que suele confundirse con dejar de crear.

 

Así, poco a poco dejamos de lado la imaginación sin saber que eso que estamos abandonando enriquece nuestro interior, mejora nuestra vida en pareja, previene padecimientos causados por el envejecimiento, como demencia senil y Alzheimer, y nos ayuda a enfrentar nuestro día a día de manera sana y feliz.

 

La imaginación en la oficina

Si algo ha caracterizado a los más grandes inventores de la historia ha sido su uso de la imaginación. De hecho, Einstein dijo que “la imaginación es más importante que el conocimiento”. Por supuesto, él tenía claro que la imaginación estimula la creatividad y la innovación, cualidades que sin duda constituyen aquello que nos hace valiosos como empleados, emprendedores, profesores, científicos o artistas.

 

Ser capaces de aportar nuevas ideas, proponer soluciones a problemas y encontrar diferentes maneras de superar retos es justamente lo que se intenta estimular en los entornos laborales modernos donde los espacios de trabajo dinámicos pretenden hacernos sentir y pensar distinto, disfrutar más del tiempo en la oficina y ser, entonces, más productivos y eficientes.

 

Por supuesto, la imaginación también requiere de trabajo interior y en solitario, por lo que la meditación y los ejercicios de mindfulness son útiles para procesar los estímulos externos y hacer el trabajo mental necesario para producir con ellos propuestas originales. Así, la imaginación es un acto mediante el cual se aprehende la realidad, se razona y se enriquece con ideas propias para transformarla o generar nuevas ideas. Es, en realidad, una de las claves del éxito en la vida profesional.

 

La imaginación y la felicidad

La realidad no siempre es agradable. Basta con encender la televisión o salir en al auto a hora pico para enfrentarnos a un bombardeo de imágenes, noticias y acciones relacionadas con la violencia, el crimen, la contaminación, las enfermedades… Peor aún, las personas más apegadas a la realidad pueden encerrarse en sentimientos pesimistas y, por lo tanto, carentes de esperanza. Estos individuos son los que tienden a quejarse de lo que pasa en el mundo sin sentir que sea posible un cambio ni buscar formas de promoverlo ellos mismos.

 

No obstante, usar nuestra imaginación nos permite abstraernos por un instante de ese contacto con la negatividad para formarnos un mundo mejor, al menos, de principio, en nuestra mente. Lo que esto promueve, a su vez, es la invención de ideas, propuestas y actitudes positivas que pueden llevarse a cabo de manera personal o incluso extenderse a nivel familiar o entre amigos y que pueden acrecentar la esperanza de mejora y de construcción de un mundo mejor. También, la imaginación ayuda a crear un mundo propio (no por ello ajeno a la realidad ni indiferente a los demás) que nos puede dar suficiente paz interior como para motivarnos a no responder violentamente a nuestro entorno cuando éste se torne agresivo.

 

La imaginación en pareja

La imaginación tiene magia. Una de las maravillas que vivimos en la infancia es compartir con nuestros mejores amigos un universo creado por todos en el que todo es posible, en el que la realidad se transforma a nuestro gusto, y cada uno enriquece la fantasía con ideas que prometen hacerla más increíble para todos.

 

En pareja, crear un mundo que sólo pertenece a los dos es una invitación a tener un código exclusivo y privado, a jugar, a traer nuevas ideas a la vida sexual y también a mejorar la comunicación y la autoconfianza al bromear con algunas características –sean físicas o de personalidad– que nos pueden hacer sentir inseguros pero que, por medio de un juego sano, cariñoso y respetuoso, pueden hablarse y superarse. Tener un espacio imaginario en pareja puede ser un refugio para que ambos mejoren su estado de ánimo en días difíciles, ya que ejercitar la imaginación reduce la ansiedad y el estrés. Pero lo mejor de todo es que el uso de la imaginación es el mejor promotor de la creación de proyectos juntos. 

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