¿Cómo mover la energía por tu cuerpo?

María Elena Esparza / 2017-01-18

Respirar es la acción vital fundamental pero le ponemos muy poca atención y, por lo tanto, desperdiciamos su enorme poder como técnica de relajación y vigorización.

 

Durante el día invertimos horas enteras en trasladarnos de un lado a otro y realizar las tareas que nos hemos autoasignado de acuerdo con nuestro rol. La rutina es tan apremiante que regalarnos unos minutos para sentir cómo está nuestra energía y decidir qué necesitan hoy nuestros cuerpos físico, mental y espiritual parece un lujo inalcanzable. ¡Nunca tenemos tiempo!

 

Lo increíble es que lo único que necesitamos para hacer una pausa cotidiana y enfocar nuestra energía hacia donde realmente la queremos es ¡respirar! Así es, no tienes que ir a ningún lugar especial ni gastar un solo peso. Basta con que aprendas a respirar profunda y conscientemente: sus efectos son tan evidentes e inmediatos que no lucharás por hacer de esta práctica un hábito en tu vida.

 

Antes de pasar a las recomendaciones específicas, voy a hacer una pausa que te recordará tus lecciones de la secundaria. La respiración sucede así: el aire entra a través de las fosas nasales para iniciar el recorrido que le permitirá transformarse en el sistema respiratorio, de manera que el oxígeno se integre a la sangre y nutra cada una de nuestras células, al tiempo que se deshace del dióxido de carbono. A nivel energético ocurre un espejo de este proceso fisiológico: cada que inhalamos recibimos “prana”, energía vital, y con la exhalación liberamos “apana” o energía de desecho, aquello que nos bloquea, que no nos sirve y debe ser expulsado.

 

A continuación te comparto tres consejos que son la base para aprender a manejar tu respiración y a darle intención a ese ir y venir de aire y energía.

 

1. Piensa antes de... respirar

Los textos clásicos afirman que el yoga nos da el poder de dirigir a voluntad la corriente de prana mediante el pensamiento. Esto quiere decir que puedes usar tu respiración para generar cualquier sensación que necesites, por ejemplo, calma, enfoque o confianza. Suena muy sencillo pero en verdad basta con que pienses en tu intención y lleves tu conciencia hacia la inhalación y exhalación para empezar a percibir ese beneficio.

 

2. La respuesta está en el aire

¿Hace cuánto que no te detienes a observar cómo entra y sale el aire por tu nariz? De hecho, ¿estás seguro de que respiras por la nariz? El vicio de respirar por la boca es muy común y no sólo es malo para la salud, sino que implica que se fuga nuestra energía todo el tiempo. Trata de poner atención en cómo respiras varias veces durante el día: mientras manejas o vas en el transporte, en el trabajo, incluso cuando comes y antes de dormir.

 

3. Tiempo al tiempo

Una vez que ya detectaste cómo respiras, experimenta cuánta profundidad puedes darle a cada inhalación y hasta qué grado puedes vaciarte durante la exhalación. Esto no debe implicar un gran esfuerzo, simplemente es conocer tu capacidad respiratoria y ejercitarla para que aumente. También es importante que busques darle simetría, trata de que la inhalación dure tanto como la exhalación. Al principio, esto requerirá que pongas mucha atención, pero con el tiempo empezarás a hacerlo en automático.

 

NAMASTE.

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