¿Quieres vivir en paz, alegría y amor?

Mena Calvert / 2016-05-19

¿Qué pasa con la dualidad? Pareciese que es parte de lo que venimos a experimentar como humanidad en esta Tierra. Estos extremos que suelen ser intensos y nos alejan de nuestro centro. En el Calendario Maya podríamos decir que cuando nos vamos a los extremos es estar en nuestra sombra y cundo logramos nuestro centro ahí estamos en nuestra luz.
 

Así también con la enseñanza de la liberación de buda, Vipassana: solo en la ecuanimidad y no en apegarse a una sensación positiva, ni rechazar alguna negativa, es que podemos lograr entender que somos algo más grande.
 

Todas las tradiciones podemos ver que nos van a llevar a este equilibrio, donde al no aferrarnos de ningún extremo e integrar ambos, podemos regresar a esa parte de nuestro Ser que es más profunda y verdadera, y que logra ver todos estos estados sin identificarse con ellos.
 

Al estar en estos polos experimentamos cierta intensidad que inconscientemente nos hace sentir una adición a esas sensaciones y aferrarnos a ellas, alejándonos de nuestro centro. Querer sentir a fuerza bonito o rechazar aquello que no nos gusta y no aceptar las cosas sin engancharnos nos separa más de quienes somos y de nuestra verdadera esencia.
 

En esta vida, como escribí en mi artículo pasado, todo es cambiante, todo es movimiento, nada queda igual y al querer que las cosas sean exactamente como queremos no aceptamos ni vivimos en la realidad del flujo constante del cambio que al aceptarlo y fluir nos regala un gran regalo: vivir el presente.

 

Normalmente sufrimos porque queremos que las cosas sean de cierta manera; queremos controlar y el control con las expectativas que nos creamos hace que enjuiciamos nuestra vida y la de otros poniéndole etiquetas. Etiquetas que nos creemos y luego son difíciles de quitar. Catalogamos como malo, doloroso y no nos damos cuenta de que tenemos una conciencia más elevada que no enjuicia, no etiqueta, solamente observa y vive en una paz muy profunda. Se nos olvida el fin último, que no es como queremos que salgan las cosas, sino como sentimos mientras estamos en esta vida, ¿cómo queremos estar, felices, alegres, en paz, o en desdicha, estrés y preocupación?, ¿odiando o amando?  Le damos demasiada importancia al exterior y a nuestro ego, y esto nos crea sufrimiento. Al aceptar que en la vida hay dolor y alegría, que los dos pasan y que el dolor es distinto al sufrimiento, también soltamos el ego.


Al final, lo importante es darnos cuenta de que no todo gira alrededor de uno. Vivimos más ligeros, en paz y alegría, cuando soltamos ese aferramiento a sólo lo mío, lo que yo quiero, a no tener dolor o a que las cosas sólo pasen como mi las imagino. Hay que recordar y experimentar de nuevo la emoción de que lo importante es tener paz, armonía, alegría y amor, sintiéndolo y proyectándolo a otros.
 

Al no entender la meta última, creemos que nuestro vacío puede ser llenado con cosas materiales o que seremos felices si las cosas salen como queremos, pero en realidad la verdadera paz y armonía llegan cuando aceptamos la realidad, cuando no nos vamos a tomar partido por algo ni a ninguno de los extremos y aceptamos que somos todo y que todo pasa. Nos ayuda vernos y sentiros por dentro,  dejando de voltear hacia afuera y aceptar que nada es para siempre.  No podemos permanecer sólo en una emoción, ni placentera, ni negativa; eso no se puede, todo es cambiante y nada dura para siempre. El estar en nuestro centro es aceptar el dolor sin sufrir y no aferrarnos a lo que nos gusta, queremos o deseamos.  Hay que aceptar el flujo y el movimiento natural que hay en todo: esa es la ley natural universal. Hay que soltar el apego a lo que yo quiero, soltar las altas expectativas que tenemos de otros, de la vida y de nosotros mismos. Empezar a vivir y a disfrutar el aquí y el ahora, abrazar el presente, lo único que es real. 
 

¿Qué te puede ayudar? Ponle atención a tu propia respiración, regresa a las sensaciones de tu cuerpo que están en el presente y son reales, no imaginarias. Contempla la naturaleza, la mirada de alguien, siente tu cuerpo, cada pisada de tu andar, deja de darle tanto poder a la mente, al pasado o futuro y regresa a este instante aceptándolo sin juicio, en paz.  Así podrás estar realmente SINTIENDO y VIVIENDO el ¡AHORA!
 

Recuerda que no somos nuestros pensamientos, no somos nuestro cuerpo, ni siquiera nuestras experiencias: somos algo todavía mas profundo, sin cuerpo, que puede observar todo esto, que puede observar nuestro cuerpo, sensaciones, puede observar lo que viene en la mente, puede observar lo que hemos experimentado o relacionado en la vida. 
 

Vivir en estrés y preocupados siempre no tiene ningún sentido. Incluso un título académico, un aumento de puesto, todo el dinero del mundo o ser atractivo, no tiene ningún sentido si por dentro eres desdichado e infeliz. 

Ya es momento de darle importancia a lo que realmente sí vale la pena. Es momento de aprovechar la vida, no para llenarnos de más desdicha, sino para liberarnos de ella. Aceptar la realidad y permitir que las sensaciones pasen sin clavarnos en ellas, fluyendo, sabiendo que las cosas van a cambiar, vivir menos en la cabeza y sintiendo más el gozo puro de estar vivos. Llenarnos de felicidad para que esta alegría, paz y amor los podamos compartir con otros. Hay que emocionarnos de que el mejor regalo que podemos dejarle al mundo es nuestra luz. Que ella nos puede liberar de este loop de estar de mal en peor. Regresar a nosotros desde nuestra Esencia Divina, desde el observador que puede ver esa parte que sabemos que sí Somos, ya no respondiendo sino Viviendo. 

Que cada uno de ustedes sean felices, llenos de alegría, paz y amor.

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