Por qué la relajación es el primer paso hacia la iluminación

Alejandro Martinez Gallardo / 2016-06-28

Diversos maestros budistas, entre ellos el eminente Longchen Rabjam, uno de los más ilustre maestros del budismo tibetano que siguieron el linaje de Padmasmbhava, señalan que la naturaleza de la mente es igual al espacio. Esto sugiere que nuestra mente en su estado puro es como el cielo o el vacío y por lo tanto no debemos de hacer nada para "conquistar" este estado, de la misma manera que el cielo no es el cielo porque sobre él flotan nubes o pájaros o cualquier objeto, lo es porque es el espacio base sobre el cual pueden surgir todos los fenómenos y justamente aquello que deja pasar la luz. En otras palabras, lo único que debemos de hacer es relajarnos hacia nuestra naturaleza real, pura y prístina, que es la mente iluminada, la mente de Buda, que existe como fondo eterno de nuestra mente. O, también, lo único que debemos de hacer es limpiar nuestra percepción, purificar nuestra mente como quien limpia un espejo para que pueda reflejar todas las imágenes que se cruzan y luego desaparecen (esto ocurrirá de manera natural si sólo soltamos y aceptamos las cosas como son). No hay nada que hacer, no tenemos que subir nuestra conciencia sino relajar nuestra conciencia a su estado natural que es tan amplio y ligero como el espacio  --el espacio es revela como una conciencia de sí (awareness)  que sostiene todo fenómeno y experimenta toda experiencia. Este es el secreto de algunas de las escuelas budistas y de otras tradiciones también como el taoísmo y el hinduismo: si disolvemos nuestra conciencia en la tranquilidad del espacio no dejamos de existir, sino que entramos en un modo de existencia que no está centrada en el yo y que deja de percibir el mundo como separación y oposición entre el sujeto y el objeto. 

 

Esto mismo se ilustra con lo que enseñó Buda en el llamado "tercer giro de la rueda del Dharma", con el cual Buda Shakiamuni enseñó que todos los seres tienen una naturaleza búdica inherente, o "tathagatagarbha". Esta es la realidad interna más profunda que existe más allá de la personalidad. Es decir, cuando uno deja de identificarse con el yo estable y separado de nuestro ser, lo cual es algo que se mantiene solamente por la fiereza de aferrarnos a una identidad sólida que nos defienda del mundo, entonces, al relajar la guardia emerge naturalmente nuestra esencia de buda, una gema en latente en la profundidad del ser. 

 

En términos seculares, de todas maneras la relajación es la precondición de nuestra evolución intelectual, puesto que solamente podemos entender y aprender aquello que dejamos entrar y lo cual absorbemos con amplitud; si no estamos relajados evidentemente no estaremos recibiendo la información con la misma calidad de lo que podríamos hacerlo. Por esto mismo es que dormir bien mejora el aprendizaje, nos podemos relajar y dejamos de destinar la energía de nuestros pensamientos a aspectos fragmentarios que dividen y coartan nuestra atención. En realidad no sería demasiado aventurado decir que una persona sólo es inteligente cuando está relajada, ya que sólo en este estado puede entrar en una relación de armonía y sintonía con la realidad, es decir inteligir el mundo; de otra forma sólo esta percibiendo sus propias proyecciones del mundo, el cual se convierte un espejo de su agitación. 

 

Para relajarse sólo hay que observar nuestra respiración, no esforzarse demasiado, sólo respirar y observar, esa es la esencia de un estado de relajación y de atención al presente. En la tradición budista la respiración es considerada la correa o el lazo que controla al animal salvaje de la mente (generalmente simbolizada como un elefante o un toro); la respiración trae a la mente al presente y la alínea así con el mundo real inmediato. 

 

El Buda enseñó que el sufrimiento nace de estar deseando con avidez que suceda una cosa o con aversión que no suceda otra. Si sólo observamos nuestra respiración y lo que ocurre en el espacio en el que estamos, no podremos estar deseando cosas ulteriores o lamentando cosas pasadas.  Relajados, cualquier cosa que venga no nos afectará demasiado. Si hacemos esto la mayor parte del tiempo, estaremos haciendo una profunda alquimia que según la tradición budista nos acerca a un estado libre de karma. Un estado en el que, en palabras de Borges, nuestros actos ya no dejan sombras en el mundo. 

 

Para terminar esta invitación a buscar la relajación como espacio central de la cognición y de nuestra relación con el mundo, un par de frases del místico frances Louis Cattiaux, quien alejado de la tradición budista o taoísta, parece decir lo mismo (en palabras que recuerdan el concepto del "wu-wei", el hacer sin esforzarse para sintoniza el modus operandi del Tao).

 

Cuanto más nos agitemos más nos hundiremos en el mundo. Cuanto más reposemos, mejor flotaremos en el cielo.

 

El Sabio inicia su trabajo, pero deja que la naturaleza lo realice en su lugar; de este modo, trabaja reposando y todo le sale bien sin esfuerzo, pues no pone obstáculos en nada.

 

Twitter del autor: @alepholo

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