Por qué es más importante buscar una vida con significado que una vida feliz

Harmonía / 2017-02-26

La historia del doctor Viktor Frankl, autor de uno de los libros más leídos del siglo XX, El hombre en búsqueda de sentido, explica en sí misma su teoría de que encontrar sentido (o significado) es lo más importante que una persona puede hallar en la vida. Al regresar a Viena, en plena guerra, después de pasar por varios campos de concentración, Frankl no encontró a nadie. Su madre había muerto por gas en Auschwitz; su hermano había fallecido en otro campo; su esposa había muerto por inanición forzada en Bergen-Belsen. En ese momento Frankl dice que tomó la decisión de no suicidarse hasta escribir su primer libro. Una vez que lo completó, sus amigos le pidieron que escribiera otro. De aquí nació El hombre en búsqueda de sentido. Frankl siguió viviendo porque había encontrado sentido, significado, motivación incondicional. Su libro se basa en sus experiencias en los campos de concentración, donde tuvo el atisbo fundamental de que aquellas personas que tenían sentido o propósito lograban superar las adversidades, imponiéndose físicamente a todo tipo de vejaciones, mientras que los que no tenían ese sentido perecían fácilmente ante el enorme estrés al que estaban sometidos.

 

Frankl pasaría a la historia como uno de los psiquiatras más influyentes del siglo XX, habiendo desarrollado el sistema terapéutico llamado "logoterapia", básicamente, sanar a través del significado. Si uno se encuentra atravesando por circunstancias difíciles, lo esencial es encontrar algo significativo que alimente y motive nuestra existencia. Según Frankl existen tres formas esenciales para encontrar sentido:

 

1. Creativa (hacer una película, escribir un libro, empezar un negocio, etcétera).

 

2. Experiencial (encontrar a otra persona y amarla de una forma singular, o ir a un lugar que altere tu vida).

 

3. Actitudinal (este es el camino para personas que se encuentran en situaciones de sufrimiento ineludible: queda aún la posibilidad de cambiar la actitud hacia lo que enfrentamos y llenarlo de significado para lograr un triunfo interno).

 

Dos frases de su influyente libro ilustran esto: "Cuando no somos capaces de cambiar una situación, se nos pone a prueba para cambiar nosotros mismos". Y también: "Un hombre puede ser despojado de todo menos esto: la última de las libertades humanas, elegir la propia actitud ante ciertas circunstancias, elegir la propia vía".

 

En el mundo moderno, el lugar común que mueve a la psicología humana es la búsqueda de la felicidad. La búsqueda de la felicidad es considerada un derecho inalienable, a la vez que es una gran directriz para la sociedad de consumo. En la búsqueda de felicidad --algo que se mezcla fácilmente con la búsqueda del placer o con el deseo aspiracional-- las personas adquieren todo tipo de productos que suponen que satisfarán sus carencias internas. Si bien la búsqueda de sentido o significado también puede mercantilizarse y aburguesarse (hipsterizarse incluso) fácilmente, tiene la ventaja de que parte de la premisa de que lo que se busca es significado y el significado necesariamente no se encuentra en las cosas externas sino en el valor que les damos. La búsqueda de significado nos pide mirar hacia adentro, hacer una exploración del alma y de ahí, luego, salir al mundo para materializar este proceso de significación.

 

Se ha dicho que la búsqueda de la felicidad es una de las principales causas de la infelicidad. Y es que hoy en día existe una especie de presión colectiva para ser felices, y ser felices es algo que en muchos casos va más allá de nuestras capacidades, en la contingencia y el caos del mundo. Encontrar significado es algo más estable. De hecho, se podría definir una vida significativa como una forma de felicidad sostenible, sin extremos. Como escribió Helen Keller: "Muchas personas tienen la idea equivocada de lo que constituye la verdadera felicidad. No es lograda a través de la autogratificación sino a través de la fidelidad a un propósito valioso". Keller parece estar distinguiendo entre la felicidad hedonista --que domina el mundo actual-- y la eudaimonía o felicidad que viene del "buen demonio" o espíritu (la cual, según Aristóteles, era superior). Esta última es la satisfacción serena y continuamente motivada que proviene de tener un propósito o sentido y de ahí derivar una actitud y una labor. El ser humano que encuentra la eudaimonía generalmente siente que su existencia trasciende las veleidades de su ego y obedece a principios más altos o grandes, ya sea que vive por el amor a otros, por el bien de la humanidad o por una motivación intelectual cuyo fin es producir conocimiento.

 

Existe cierta lógica en por qué la búsqueda de la propia felicidad suele producir lo contrario, y es que al sólo buscar nuestra propia felicidad nos alienamos y distanciamos de los demás. Perdemos contacto verdadero, profundo e íntimo con las personas, lo cual es no sólo fuente de verdadera felicidad sino también de salud. En cambio, si uno busca el significado, uno trasciende la importancia personal hedonista, pues el significado no suele encontrarse en uno mismo solamente sino en cosas como el arte, la religión, la filantropía, cosas que son más grandes y duraderas que nosotros mismos. En cierta forma, buscar la felicidad personal es una forma de materialismo y la vida de significado una forma de espiritualidad. La primera depende de las cosas externas (que son siempre cambiantes), la segunda de un principio o una serie de valores internos (que son mayormente atemporales).

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