¿Por qué buscamos un camino espiritual?

Alejandro Martinez Gallardo / 2016-10-13

El Buda Shakiamuni, según cuenta la tradición, dejó el palacio de su padre luego de ver a un muerto, a un viejo y a un enfermo. Esta fue la primera revelación de que el mundo en el que vivimos --el samsara-- es sufrimiento. La razón por la que este mundo es sufrimiento o insatisfacción (ambos términos son usados para traducir dukkha) fundamentalmente se debe a que es impermanente y nos apegamos a las cosas como si pudiéramos poseerlas establemente. Notar esta ley universal es el inicio de un camino espiritual. Especialmente cuando tenemos un encuentro profundo con alguna situación que nos hace entrever la naturaleza esencialmente insatisfactoria de la existencia, como pueden ser una enfermedad, la pérdida de un ser querido, o el descubrimiento de la naturaleza ilusoria y hasta absurda de una existencia condenada a la muerte, la vejez, el sufrimiento. Lo anterior genera un anhelo inflexible de trascender esta condición, de despertar del sueño y de erradicar el ciclo del sufrimiento.

Es por ello que es muy común que la vida espiritual se ignite después de un periodo de crisis  --bebe de las aguas del dolor que se extienden a lo largo y ancho del mundo. El sufrimiento se puede convertir en una fuente de energía y sabiduría. El mundo es un enorme mar de muerte y enfermedad y, sin embargo, el anhelo que mueve al individuo hacia un camino espiritual se apoya en la fe certera de que se puede trascender esta realidad. No escapando hacia otro mundo, sino transformándose él mismo, para así transformar el mundo que es el resultado de su percepción y de la actualidad de conciencia. Así, más que una trascendencia, es una purificación y un descubrimiento de una naturaleza más profunda que subyace a lo aparente como oro en un río cubierto de lodo.

Al iniciar un sendero espiritual, que no es más que la inconformidad con las condiciones de sufrimiento del mundo ordinario, el individuo descubre que todas las tradiciones espirituales tienen en común la noción de que es la sabiduría lo que libera de estas condiciones y que la ignorancia es lo que las genera o perpetua. Es por ello que el individuo entonces debe de trabajar su propia mente, para rectificar su visión y poder ver esa realidad más profunda que ha escuchado de personas que han trazado el camino antes que él o de la cual ha tenido atisbos en momentos de claridad. Sólo una mente en calma, clara y concentrada puede percibir las cosas como son: un charco agitado no refleja nítidamente la luna. De aquí que el trabajo espiritual sea fundamentalmente un trabajo de percepción. Escribe David Chaim Smith en su libro The Ground Of Awakening:

La necesidad de un trabajo espiritual está basada en un problema central: un sujeto que se autoidentifica y adictivamente se aferra a aquello que cree que incrementa su felicidad o disminuye el dolor. Todos los intentos de remediar las circunstancias de la vida finalmente fracasaran, ya que todo lo que se alcanza eventualmente se desvanece. Después de una vida correteando la fantasía de una panacea, una perspectiva más honesta se hace posible...

El punto de vista ordinario del ser humano está completamente apegado a la cualidad de las experiencias y sus causas y resultados proyectados. La transformación más radical a la que puede acceder el ser humano es abandonar este punto de vista y tornar la mente hacia el terreno esencial de los fenómenos. Esto permite que las experiencias y las circunstancias vayan y vengan, sin que afecten la esencia. Finalmente se vuelve evidente que nada modifica este terreno, y al comprender esto la cognoscitividad y la manifestación disuelven su separación y su sentido de solidez. 

No podemos cambiar el hecho de que el mundo es impermanente, de que perderemos a nuestros seres queridos, de  que moriremos. Sin embargo, sí podemos dejar de sufrir por ello, una vez que entendemos esta misma impermanencia de manera profunda y dejamos de resistirnos a ella. Y, aún más,  si logramos descubrir que aunque todo los seres, fenómenos y cosas que se manifiestan en el mundo están cambiando permanentemente y desaperecerán en algún momento, hay algo que existe siempre sin ser afectado por todo lo que se manifiesta: el espacio en el que todo se manifiesta. Este es el "terreno" básico del que habla Chaim Smith, y el cual debemos de identificar con el espacio mismo. No obstante los fenómenos que se manifiesten, el espacio siempre es igual: potencialidad pura de manifestar todo. Lo que enseña Chaim Smith en el libro citado, es que el espacio base tiene una cierta cualidad de darse cuenta (awareness) y una cierta luminosidad y es esto lo que somos más allá de nuestra identificación actual con un sujeto separado de todos los demás objetos, que se concibe como un individuo con ciertas características. Luz y espacio, todas las cosas son derivados de estas dos, que en realidad son la misma, ya que, si seguimos la teoría de Einstein, el espacio emerge a partir de la trayectoria de la luz. La pregunta que queda entonces es si la luz y el espacio tienen una cualidad de cognición, de darse cuenta e incluso una cierta dicha intrínseca. Esto es lo que nos aguarda descubir si seguimos el sendero. 

Twitter del autor: @alepholo

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