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La sublime compasión de Buda se reflejaba cada acción de su rutina diaria

Edmeé García / 2016-05-21

Las rutinas diarias de varias célebres mentes creativas han llamado la atención de quienes buscan una inyección de inspiración y creatividad cotidianamente. La gente se preocupa por cosas como cuánto tiempo dedicaba diariamente Hemingway a la escritura, cuántas horas dormía Mozart o la regularidad de las caminatas de Darwin. Incluso algunos hábitos extravagantes despiertan interés como los baños helados -y públicos- que se daba Victor Hugo en el techo de su casa por las mañanas o las cincuenta tazas de café que tomaba diariamente Balzac.

 

Algunos piensan que estos hábitos favorecían la creatividad y la claridad de pensamiento y se preguntan si adaptándolos podrán incrementar su productividad. Porque el mundo en el que vivimos se basa en un interminable ciclo de producción y consumo; pero también porque albergamos la creencia de que si cultivamos la creatividad y la claridad mental tendremos vidas más satisfactorias.


De tal manera que si lo que buscamos es darle sentido a nuestra existencia, no estaría de más echar un vistazo a la rutina de Siddhartha Gautama- el Buda histórico- quien dedicó 45 años de su vida a la enseñanza con la intención de ayudar a las personas a trascender el ciclo de la insatisfacción y el sufrimiento. La rutina diaria del Buda se dividía en cinco partes: la sesión matutina, la sesión vespertina, la primera vigilia, la vigilia media y la última vigilia.


La sesión matutina abarcaba de las cuatro de la mañana hasta el medio día. El Buda se levantaba a las cuatro y justo después de lavarse se sentaba a meditar por una hora. De las cinco a las seis de la mañana echaba una mirada alrededor del mundo usando su ojo mental para ver si alguien necesitaba de su ayuda. A las seis, se ponía su túnica y salía a ayudar a los necesitados o mendigar por comida.Cuando hacía esto último el Buda iba de casa en casa con los ojos fijos en el suelo recibiendo en silencio cualquier alimento que pusieran en su tazón.  A veces lo acompañaban sus discípulos quienes solían caminar detrás de él formando una fila. Con frecuencia la gente los invitaba a comer a su casas y Siddharta Gautama a les impartía su enseñanza. 

 

La sesión vespertina empezaba a medio día y finalizaba a las seis de la tarde.  Durante este periodo los monjes usualmente visitaban al Buda para hacerle preguntas y recibir enseñanzas o consejos. Luego, el Buda se retiraba a sus aposentos y miraba al mundo  con su ojo mental para ver si alguien estaba buscando su ayuda. Posteriormente se reunía con las personas que esperaban una audiencia con él.


A continuación seguía la primera vigilia que duraba de las seis de la tarde hasta las diez de la noche. Durante este periodo sus seguidores volvían a visitarlo con el propósito de escucharlo o para preguntarle con respecto a sus dudas.La vigilia media abarcaba de las diez de la noche hasta las dos de la mañana y durante este periodo los Devas aprovechaban la oportunidad de ir a ver al Buda y aprender la verdad de la vida. De manera que él completaba esta vigilia contestando sus preguntas.La última vigilia abarcaba de las dos a las cuatro de la mañana. Durante la primera hora el Buda caminaba de un lado a otro meditando y liberándose  de los malestares causados por sentarse durante  gran parte del día. Después dormía por una hora.  Solo durmió una hora al día durante los siguientes 45 años que impartió su doctrina. 


De acuerdo a los registros en los antiguos textos budistas o Canon Pali, el maestro espiritual solía exhortar a sus discípulos con las siguientes palabras:

 

“Aprended juntos, estudiad juntos, practicad juntos mis enseñanzas. Gozad juntamente de  la alegría del camino. No ocupéis la mente con necedades y no malgastéis el tiempo en cosas vanas. Recoged la flor de la Iluminación y segad los frutos del recto camino".
 

Con información de Buddha Net

 

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