La importante diferencia entre la aspiración y la ambición

Alejandro Martinez Gallardo / 2016-04-30

Reflexionar sobre la diferencia entre una aspiración y una ambición puede ser provechoso. Aunque en primera instancia  puede parecer que las diferencias son arbitrarias,  para fines filosóficos, trazaremos aquí una contrastante diferencia, creyendo que será fructífero, apoyándonos en un sutil entendimiento de estos términos.  Una aspiración generalmente nos habla de un deseo de algo interno, siendo una palabra que viene de aspirar, es decir de llevar aire al interior o en un sentido un poco más poético de ingerir o asimilar espíritu (la palabra "respiración" y la palabra "espíritu" tienen la misma raíz etimológica griega). A diferencia de esto, ambición conlleva la idea en su significado de ir a buscar, de salir a obtener algo. 

 

El filósofo Manly P. Hall considera que la aspiración nos habla de una disciplina interna encaminada a llevarnos "a servir realidades internas", mientras que la ambición habla de un poder mundano, de hacernos "amo de cosas externas". En una se denota humildad, servicio y crecimiento interno; en la otra se denota soberbia, importancia personal y crecimiento externo. 

 

Hall se considera un idealista y claramente se opone al materialismo, lo cual queda patente en esta demarcación entre la aspiración y la ambición. La aspiración nos puede llevar al misticismo, al ardor de los místicos, lo que San Juan de la Cruz describe como el deseo de ser transformados en lo amado (un deseo del alma). En la aspiración por lo menos existe un deseo de crecimiento interior, de aspirar a ser mejor persona, lo cual generalmente significa dejar de buscar el bien personal para anteponer universales. Hall lo expresa así "olvidar el yo para cumplir la ley nos lleva a la realización interna", esto es la ley de la naturaleza como manifestación de la voluntad del universo. La realización interna es el descubrimiento de que nuestra  verdadera identidad no es la de un ser individual separado sino que participa en el ser universal. El místico se anula en la totalidad y obtiene felicidad de esto.

 

La ambición de triunfar en el mundo suele ir acompañada de un deseo de obtener cosas materiales, autogratificación, poder y control sobre los demás. Esto, nos dice Hall es una ilusión, puesto que todas estas cosas son efímeras y están sustentadas en un ego que es igualmente efímero: al morir no quedará nada de esto. 

 

La aspiración de la que hablamos aquí, entonces, está basada en una fe de que existe algo que no perece con el cuerpo y que eso es lo que debemos de cultivar. El budismo, por ejemplo, señala que la mente con la que morimos es la mente con la que naceremos la siguiente ronda en la rueda del samsara. Si esto es verdad, si existe la continuidad de la existencia, la causalidad de lo moral y espiritual, entonces debemos siempre de aspirar a purificar y perfeccionar nuestra mente o alma (ya sea que creamos solamente en la continuidad de la mente o en un alma inmortal). La ambición de triunfar en el mundo para recibir bienes materiales o la aprobación de los demás (que a fin de cuentas no es más que una necesidad creada por el ego y la cual no tiene sustento en una necesidad real, estable o duradera) no es más que una grandes distracción que podrían tener la consecuencia de hacernos repetir los mismos hábitos y hacernos pasar un mal rato mientras, como quien tiene que repetir el mismo curso dos o tres veces (y en este caso quizás cientos o miles de veces).

 

 

 

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