Este es el primer paso de todo verdadero camino espiritual

Harmonía / 2017-03-28

A veces creemos que el surtidor de un camino espiritual es una experiencia mística visionaria, un suceso paranormal, una visión divina, etc., pero la realidad es mucho menos glamorosa. El origen de un camino espiritual sincero, que no busca el agrandamiento del ego, es justamente el descubrimiento de que la vida es insatisfactoria. Esta es la primera noble verdad del Buda: dukkha en sánscrito (a veces traducida como "sufrimiento"). El descubrimiento de que la realidad de las cosas tal como son en nuestra condición humana (el samsara) es profundamente insatisfactoria y desalentadora. Como advierte el maestro budista del siglo XIV, Longchen Rabjam, hoy, esta noche o mañana mismo, perderemos todas las cosas que amamos. No hay forma de escapar de esta realidad, pero sí hay forma de evitar perpetuar este ciclo de sufrimiento: esta es la motivación central de una búsqueda espiritual.

 

El budismo es una religión vasta, con diversas sectas o escuelas que difieren de manera notable; sin embargo algo común a los diferentes vehículos para obtener la iluminación es la meditación, en lo que se conoce como los cuatro pensamientos que llevan a la mente al dharma o la verdad. Estos pensamientos son parte esencial de las prácticas preliminares y constituyen una base moral y filosófica para todo trabajo posterior. Una persona que quiere establecer una práctica espiritual deberá renunciar al samsara, lo cual no significa necesariamente renunciar al mundo y aislarse, sino prescindir de los mecanismos erráticos que perpetuan el sufrimiento. En esto se encuentran paralelos con todas las religiones en las cuales se llevan a cabo votos para conservar la integridad moral y espiritual de los individuos. Viene a la mente la frase "estar en el mundo sin ser del mundo".

 

Los cuatro pensamientos en los cuales se medita como preparación son: el precioso nacimiento humano, la impermanencia, el karma y los defectos del samsara (el sufrimiento).

 

El precioso nacimiento humano se refiere a que, para el budismo, nacer en un cuerpo humano es una insuperable oportunidad para practicar el dharma y lograr interrumpir la existencia cíclica. Un cuerpo humano es incluso superior al de un dios en tanto que un dios no tiene la motivación patra practicar el dharma, ya que su existencia es de una placidez total; sin embargo, aunque pueda pasar eones así, finalmente su buen karma se acabará y reencarnará dentro de la existencia cícilica. 

 

La impermanencia es la condición principal del samsara, donde todas las cosas están sujetas a la muerte, a la enfermedad y al renacimiento. No hay nada que sea estable y duradero y, por lo tanto, al perseguir la satisfacción en algo externo a nosotros somos como animales que persiguen un espejismo para saciar su sed.

 

El aspecto del karma debe entenderse en el sentido de que nuestros actos tienen consecuencias; las acciones virtuosas producen eventos virtuosos y las acciones no virtuosas producen eventos no virtuosos (o sucesos negativos que tienden a producir sufrimiento). Esta es una de las bases del budismo, pero también de gran parte de las religiones de la India que tienen como uno de sus principios el karma; todo lo que experimentamos es resultado de actos previos cuya característica principal es la intención con la cual los realizamos. Se enseña en el budismo --pero también en el hinduismo-- que la mente es la fuente de todo lo que vivimos.

 

El aspecto de los defectos del samsara se refiere a que este mundo compuesto por tres planos y seis tipos de existencia es, pese a momentos de éxtasis, siempre sufrimiento. De hecho, el momento de la más alta felicidad contiene ya la semilla del sufrimiento, puesto que, siempre que ocurra dentro de la dualidad de la mente, nos hará desear su permanencia, algo que es imposible. Es por ello que el sufrimiento es el primer eslabón en el camino hacia la iluminación. De otra manera, sin tener en mente esta realidad, seguiremos naufragando en la ilusión --por momentos indolente-- del samsara. El maestro Thinley Norbu Rinpoche explica en su libro A Cascading Waterfall of Nectar:

Estos hábitos de sufrimiento ya han existido desde vidas previas hasta hoy, acumulándose como una alta y sólida montaña, por lo cual actualmente, en esta vida, hay sufrimiento. [No se medita en esto] para revivir el sufrimiento y hacerlo más firme en las vidas futuras o para que uno se vuelva víctima de la desesperanza. En cambio, uno piensa en estos cuatro pensamientos y recuerda las características del sufrimiento del samsara para así verdaderamente cansarse del samsara, y con una aversión profunda se reconoce la gran oportunidad que se tiene en esta vida, sin tiempo que perder. Se cree que los cuatro pensamientos mantienen la mente serena en dirección a la virtud, lo cual es siempre benéfico y crea felicidad, alentando e inspirando para obtener la budeidad.

 

Al final de cuentas sólo convertirnos en budas hará que cese nuestro sufrimiento y nos permitirá ayudar verdaderamente a los demás a que logren consumir su inconsumible sed de liberación. Es por ello que es sumamente útil meditar en estos cuatro pensamientos y en la causa subyacente a todo el sufrimiento que es la mente dualista, la mente que se asume separada e independiente de todas las cosas.

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