Es el momento de llevar una vida más sencilla (aquí los fundamentos)

Alejandro Martinez Gallardo / 2017-01-16

La economía y la ecología como nunca antes parecen estar dando señales de que es momento de llevar una vida más simple y austera. Tanto el planeta como nuestro propio cuerpo no parecen estar aguantando el arsenal de estímulos y objetos de consumo a los cuales los estamos sometiendo. Nuestra vida se ha vuelto demasiado complicada, atiborrada y estresada. Pareciera que no hay otra forma de vivir más que seguir acelerando cada vez más y consiguiendo más cosas con las cuales llenar el vacío (el cual no toleramos solamente porque estamos tan estresados). 

 

En momentos críticos como estos suele ser oportuno recurrir a aquella sabiduría que trasciende contextos y situaciones particulares y se ajusta a valores mayormente atemporales. Diversas tradiciones filosóficas han celebrado la virtud de la vida simple y de la frugalidad. En nuestra tradición occidental, los filósofos cínicos enseñaron que entre menos cosas se tiene menos preocupaciones se contraen. En realidad una vida sin muchas posesiones es más ligera y alineada con la filosofía, ya que al morir no podremos llevar estas cosas, las cuales sólo nos distraen de la contemplación de lo esencial. Una famosa historia cuenta que el filósofo Diógenes en una ocasión vio a un niño beber agua con las manos y entonces abandonó la taza que llevaba a todas tardes diciendo que un niño había probado ser más frugal que él.

 

Una tradición que sigue viva y cada vez más vital en Occidente es el budismo. Particularmente el budismo theravada, el budismo de los monjes del bosque, promueve una vida sencilla, la cual puede reducirse fundamentalmente a la observación de la mente y a la práctica del dharma. El budismo theravada no sólo enseña desapego material sino también mental. La vida sencilla integralmente debe ser sencilla también por dentro —de hecho debe empezar por ahí, por no desear o ambicionar poseer objetos o admiración, lo cual nos ata a la rueda del sufrimiento del samsara. La forma suprema que enseñó el Buda para llevar una vida simple está resumida en el Sattipathana, el sutra de los fundamentos de la atención plena, donde se instruye a practicar la observación de nuestro cuerpo, de nuestra respiración, de nuestros pensamientos y de ciertos principios filosóficos y objetos mentales de manera tal que no añadamos a nuestra experiencia elaboraciones y elucubraciones sino que nos concentremos sólo en lo esencial, esto es lo que se conoce como atención pura. 

 

Uno de los principales divulgadores del budismo theravada en Occidente, el monje Nyanaponika Thera, en su clásico The Heart of Buddhist Meditation, sugiere que el método de la atención pura (o desnuda) es especialmente relevante para la modernidad:

 

El peligro actualmente es el sobredesarrollo de cierta actividad cerebral dedicada sólo a los fines materiales, al servicio de la sed de los placeres sensuales y la ambición de poder. El peligro concomitante es que la humanidad pueda, algún día, ser aplastada por las creaciones de su propio cerebro hipertrofiado —sus invenciones asesinas del cuerpo y sus distracciones asesinas de la mente. El destino de la civilización moderna bien podría ser la repetición del colapso de esa maravilla tecnológica, la Torre de Babel.

 

Estamos llenando nuestro campo de experiencia de innumerables objetos y estímulos que acaparan nuestra atención y la ponen en jaque permanente. No es casualidad que seamos la sociedad más estresada de la historia. Es difícil pensar en una medicina más efectiva para nuestra condición actual que la encontrada por un hombre semidesnudo que se sentó bajo un árbol hace 2 mil 500 años en la India con el fin de descubrir el origen (y el cese) del sufrimiento. Ese método es en su aspecto más básico —pero sumamente completo— el Sattipathana. Dice Nyanaponika Thera: “Sathipatthana restaura la simplicidad y la naturalidad a un mundo que cada vez es más complicado, problemático y dependiente de medios artificiales. Enseña las virtudes de la simplicidad y la naturalidad por sus propios méritos inherentes, pero también para facilitar la tarea espiritual de la autoayuda”. Simplemente poner atención a lo inmediato, a lo presente, es ya de entrada una microliberación, una forma de tomar control de la propia mente y evitar ser secuestrado por el ruido del mundo externo o por el ruido interno de nuestras emociones sin brida.

 

Para lograr la vida simple es necesario desarrollar una “maleabilidad y adaptabilidad de la mente”, esto permite que no seamos víctimas de las contingencias y nos enfrasquemos en un perpetuo round de reacción y frustración. Esto surge en gran medida de la práctica de la atención plena (mindfulnesss) en la cual el individuo observa los fenómenos y las sensaciones que le ocurren sin identificarse o fusionarse cognitivamente con ellas, desde la sana distancia del observador que toma conciencia de lo que sucede pero no es arrastrado por la marea de las cosas. Uno está en el mundo, pero no es del mundo, por así decirlo. La práctica de la atención plena poco a poco permitirá al individuo moverse en y desde un estado natural de no interferencia. No es necesario rechazar o aceptar ávidamente las cosas, es posible simplemente dejarlas ser y contemplarlas. Esto no significa que uno no disfruta de la vida, sólo que disfruta de las cosas como quien ve una obra de teatro —con una perspectiva estética— y no se involucra con la obra de tal manera que siente que su vida corre riesgo cuando los actores representan una escena como una pelea o un duelo. Por el contrario, la vida sencilla, la vida contemplativa, es aún más bella y verdadera en tanto que una mente relajada que no se identifica con sus objetos es capaz de apreciar a mayor detalle lo que sucede, dejando de proyectar sus propios conceptos, miedos o deseos. El panorama se vuelve más amplio, luminoso y nítido. Una vida sencilla emerge como una vida contemplativa naturalmente, ya que al no tener complicaciones internas o externas que absorben nuestra atención se libera el espacio para simplemente mirar el mundo y apreciar lo que sucede en este momento.

 

Twitter del autor: @alepholo

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