Cuando tu sombra puede convertirse en tu héroe

Mena Calvert / 2016-08-25

He hablado anteriormente del balance de las cosas, de ser honestos, de metas... sin embargo, no se puede llegar a ningún lado si no integramos y aceptamos tanto lo positivo como lo negativo que tenemos, que somos algo infinito y nada nos define.
 

Nos queremos definir, poner una etiqueta y que la etiqueta sea de cierto color, forma, tamaño. La queremos diseñar, nos creemos que somos eso y les hacemos creer a los demás lo mismo.
 

También habrán quienes nos ponen etiquetas y de la misma forma creeremos que eso somos y lo difícil es aceptarnos a nosotros mismos que no somos lo que creemos y menos lo que creen o esperan de nosotros, a eso se le llama una  ilusión.

Mostramos ante el mundo la coraza de protección que mejor nos acomodó cuando fuimos realmente lastimados y convertimos esa coraza en un patrón que se confunde con el tiempo de nuestra verdadera identidad.
 

Construimos una imagen falsa inconscientemente para protegernos. Queremos ser aceptados y somos capaces de olvidar nuestra esencia y convertirnos en eso que espera la familia, amigos o sociedad. Estamos haciendo lo contrario porque no estamos siendo honestos de lo que sentimos en el fondo y no nos mostramos como somos.

Esto es normal, sin embargo, el peligro son los personajes que nos hemos creído que somos, la ilusión de lo que creemos que somos. Vamos en contra de nuestra naturaleza para convertirnos en lo normal, es decir, lo que dicta la norma y no en lo natural, nuestra verdadera naturaleza.

 

Al entrar en esta norma cedemos lo más valioso de nosotros que es quienes somos. O sea, nuestra verdadera esencia y vida, y no solo eso, mantenemos gran parte de nuestra energía en mantener a este personaje y a la ilusión del otro, cuando no nos estamos permitiendo realmente ser y sentir, mostrarnos como somos y vivir, experimentar y compartir desde ahí.

¿Qué pasa cuando surgen ideas, relaciones, acciones, emociones que no congenian con lo que nos creimos de nosotros y de los otros?
 

¿Qué pasa cuando congeniamos con alguien que es justo lo que criticamos y hacemos todo lo posible por no ser? ¿Qué pasa cuando quiero sostener a toda costa que todos crean mi personaje tal y como lo estoy creando?
 

Para empezar, cuando surgen cosas de mí que no van con lo que yo creía de mí mismo, empiezo por negarlo, continúo por hacer todo lo posible para afirmar el personaje que yo cree y me peleo más con cualquier cosa que ponga en peligro esta imagen de mí. Esto hace que sea más fuerte la resistencia y por ende la energía que utilizo en ello, me cansa cada vez más sintiendo menos energía sin saber por qué. 

Lo curioso es que justo lo que normalmente queremos esconder de nosotros mismos es lo que tenemos que ver y explorar. Lo que tenemos que integrar, abrazar y aceptar.


La gente quiere creer que todos somos distintos. Y esto puede ser cierto desde un punto de vista. Sin embargo, que a pesar de que sí, cada quien es único, todos tenemos TODO dentro.

Todos podemos contactar con las mismas emociones, sentimientos, tenemos el mismo vehículo llamado cuerpo y estamos en esta ilusión llamada maya, viviendo este juego llamado vida en la Tierra. Todo está completamente ligado y conectado y el negar una parte nuestra nos desconecta de este gran todo.

Gran parte del problema es que nos dedicamos a juzgar. Queremos ver qué es lo bueno o malo, quién está bien o qué le falta al otro y por qué. En esta dualidad nos han enseñado a dividir, no vemos la unión y que todo está junto con pegado. Que bueno y malo está en un conjunto lleno de colores que en nuestra ilusión queremos catalogar y clasificar como si fuese un número y generalizamos sin darnos cuenta de que eso no es la vida. En una conciencia más elevada nos veríamos a nosotros mismos con más honestidad como varias gotitas únicas en el mismo mar. 
 

Tristemente, no nos permitimos ser porque ni siquiera sabemos quiénes somos, no nos damos permiso de sentir y solo nos dedicamos a reaccionar.

 

Tengamos cuidado en caer en el jueguito de esto es bueno o malo, de limitar a la naturaleza, el universo y nuestra conciencia. Te invito a que te eches un clavado honesto dentro de ti y a no tener miedo a mostrarte espontáneo, auténtico, vulnerable y sí, también enojón, triste, pasivo, celoso, aburrido, envidioso o vanidoso.

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