Consejos budistas para liberarse del deseo y evitar el sufrimiento

/ 2015-12-04

 

El deseo es un concepto complejo. Existen ciertamente deseos que no podemos y no deberíamos de suprimir, como tomar agua, comer cuando tenemos hambre y el budismo nos dirá que otro de ellos es ayudar y hacer actos de caridad. Podemos quizás hacer una distinción entre los deseos que son necesarios y que nos acercan a la realidad y aquellos que son innecesarios y nos alejan de la realidad.

 

En el budismo se habla de un tipo de deseo como "tanha", basado en la ignorancia. Esta forma de deseo apegada a la importancia personal es considerada una de las raíces centrales del sufrimiento (el dukkha). Existe una lógica impecable en esta idea puesto que nunca pordemos satisfacer deseos que no tienen base en la realidad y por lo tanto si los perseguimos acabaremos sufriendo. Asimismo, ya que vivimos en un mundo impermanente, si dedicamos nuestras energías a cumplir estos deseos, el resultado será siempre insatisfactorio puesto que los deseos que relativamente hemos logrado se iran degradando con el paso del tiempo y surgirán nuevos deseos que nos colocarán en este mismo ciclo.  Ocurre comúnmente que cuando finalmente conseguimos cumplir un deseo éste ya ha perdido el significado que tenía que fue lo que nos hizo perseguirlo. Así, la servidumbre del deseo es absurda. Una imagen apropiada es la del mito griego de Tántalo.

 

Manly P. Hall en su ciclo de lecturas "Self-Unfoldment", parafrasea algunas de la enseñanzas de Buda sobre el deseo:

 

"Cuando el deseo emerge en la mente, un hombre puede decir  'deseo esto, esta cosa es deseable',  'si tengo esta cosa seré feliz, si no tengo esta cosa seré infeliz... por eso debo de perseguir el objeto de mi deseo fervientemente'. Pero el hombre sabio deberá decir, cuando el deseo surge en la mente, "el deseo ha surgido en la mente" esos son todos los hecho que hay, esa es la sustancia, todo lo demás son ilusiones. Buda explica que un hombre generalmente dice 'Odio esto, por lo tanto esto es odioso, debo de cumplir mi odio, debo de indicar de cualquier forma posible que aborrezco esto, debo de utilizar todo mi antagonismo contra esto'.  El hombre sabio cuando surge el odio, debe de decir solamente 'el odio ha surgido en mi mente', este es el único hecho". 

 

Manly P. Hall explica que el razonamiento de Buda sugiere que la única afirmación honesta que podemos hacer ante el surgimiento del deseo es reconocer que ha surgido en la mente un pensamiento de deseo; todo acto y calificación posterior es una mentira por ignorancia. Es difícil comprender esto, pero me parece que hay aquí una gran verdad. Realmente yo no odio a alguien y no tengo que hacerle daño a alguien cuando surge este deseo en mi mente ni tengo que perseguir como si fueran reales las elucubraciones que imagino en torno a este deseo-- es sólo un pensamiento, una corriente impermanente que desaparecerá y perderá toda realidad en unos momentos si no persigo su cauce. Ocurre con los deseos como con las imágenes de una serie de objetos en un espejo, cuando se quitan los objetos el espejo permanece vacío; los objetos no alteran la naturaleza del espejo. Continúa Hall:

 

"Buda sólo está siendo sincero y preciso, aunque nos pueda parecer frío y calculador. Si aplicamos esto a nuestras situaciones, descubriremos que vivimos en dos condiciones, una es la condicion básica del deseo --el deseo emerge continuamente en nosotros--, la segunda es la perpetua persecución de ese deseo. Consecuentemente, lo que llamamos actividad es casi exclusivamente, en múltiples formas, el cumplimiento del deseo --la persecución del deseo puede tomar una forrma complicada altamente intelectual, pero siempre estamos presionados por una actitud que surge en nosotros y tarde o temprano nos volvemos los sirvientes de estas actitudes, pasamos toda la vida tratando de satisfacer este sueño del deseo que constamente fluye de estas fuentes interiores. No nos detenemos a preguntarnos si este deseo es bueno, necesario o merecido, simplemente seguimos deseando y gradualmente perdemos el hábito de examinar el deseo en términos honestos. Si pudiéramos controlar este patrón lo suficiente quizás podríamos llegar al punto en que podríamos controlar el deseo antes de que se convirtiera en acción; si lograramos esto viviríamos más moderadamente y descubriríamos que nuestros medios y condiciones se volverían más similares a nuestras necesidades. El único lugar donde podemos cortar la ilusión es en su raíz y esa raíz está siempre en nosotros. 

 

Por útimo, una notable advertencia antes de que nuestros deseos se inflamen como un enorme cañón o nos esclavicen como una bestia indomable:

 

"Hay una vieja historia que dice que el Gran Cañon de Colorado, con toda su inmensa majestuosidad, alguna vez fue una pequeña zanja de 30 cm; en ese entonces cualquier hombre podría haber cambiado su curso con un sólo pie. Hoy nadie podría acabar con esto, o si es que algo así podría hacerse con ingeniería, requerería vastos recursos de tiempo y energía de tal forma que sería un despropósito. Es lo mismo con nuestros patrones y el flujo de nuestros impulsos, si podemos atraparlos en su raíz, si podemos trabajarlos en su inicio, simplificaremos y ordenaremos nuestra vida tremendamente".

 

Twitter del autor: @alepholo

 

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