Cómo lograr el cambio verdadero que quieres en tu vida

Mena Calvert / 2017-03-14

Hay cosas que no tienen fronteras, los seres humanos sin importar dónde nazcamos, de niños o bebés somos más transparentes, no nos importa si el de al lado es feo o tiene más dinero, si se siente incómodo pondrá mala cara, y si sonríe es porque se siente bien. Y un joven con toda la hormona brotando se querrá expresar, encontrarse, liberarse, no importa su origen.

 

Se nos olvida que antes que mexicanos, chinos, gringos, australianos o lo que sea, somos humanos con una serie de capacidades y limitaciones. Se nos olvida la capacidad sólo de estar sin necesidad de nada, gozar por el simple hecho de existir, maravillarse por lo que nuestros ojos pueden ver o nuestro corazón sentir, sin tener que tener o ser dueños de algo. E imaginar que somos dueños de todo y sentir gratitud por la abundancia y maravillas que se nos regalan con cada nube, cada pájaro en vuelo, cada vez que el Sol se mete o sale, por sentir, por ver un río o entrar al mar, por sentir la brisa en un día caluroso, por ver la perfección de un copo de nieve, por tener la libertad de correr, reír, llorar, sentir, vivir.

 

Es momento de empezar a darnos cuenta de que somos más que cualquier nombre que nos pongamos, que al dejar el "yo soy...." así, abierto, puede caber todo o nada y que eso somos, todo y nada a la vez. Yo soy lo que yo quiera. Sin definirlo, sólo ser. Podemos crear mil realidades, pero no somos nada de eso. Puedes experimentar algo maravilloso y, después de vivirlo, soltarlo para que llegue algo nuevo. Esto es algo que se da sucesivamente. Por eso, no te encasilles con NADA; vive el momento sabiendo que en un instante eres un personaje, luego puedes ser otro y así sucesivamente, todos los personajes y ninguno, y eso en esta vida o a lo largo de todas tus vidas. A veces no necesitas nada más que darte cuenta de que eres libre, libre de ser feliz sólo con existir, con sentir tu respiración y contemplar este gran paraíso que se nos regaló. Tenemos todo para sentirnos agradecidos y afortunados y a la vez tenemos todos los pretextos para ser los más desdichados. Cada persona crea su historia; inclusive con los mismos ingredientes, cada uno determina cómo vivirla. Pero para poder cocrearla de una manera fantástica tienes que darte cuenta de que eres libre: libre de pensar lo que quieras, libre de hacer lo que quieras, libre de vivir como quieras, de vestir, pensar y sentir lo que tú quieras. Eres libre de morirte de la risa hasta de tu propia negatividad o de tomártela muy en serio, hacer drama y darle poder a lo terrible o a esas emociones de baja vibración que rigen tu vida. 
 

Es por ello que la verdadera felicidad no está afuera; está adentro, porque es dentro de ti donde te das cuenta de que no necesitas, de que ya tienes todo para disfrutar este gran regalo llamado presente.

 

Es internamente donde nos liberamos de culpa y vergüenzas que no son necesarias ni reales. Tú sabes quién eres en el fondo y que eres un ser maravilloso, que lo que has hecho lo hiciste porque era lo mejor que podías hacer y si has metido la pata no es algo malo, simplemente has sido humano, un humano como cualquier otro, y ahora tienes tiempo de hacerlo de otra forma.

 

Pero tu verdadero cambio tiene que empezar por dentro, no por afuera. Afuera es una ilusión, es una huida; lo veo con mucha gente cuando compra algo o cuando come, muchas veces es sólo una huida de algo que no quieres confrontar dentro de ti. Eso que crees que está mal en ti, que sientes que si alguien lo ve no te va a querer y por ende tampoco lo quieres ver tú, es tu sombra; lo escondes creyendo que así estas a salvo, cuando es todo lo contrario.

 

Estás a salvo aunque hayas echo cosas de las cuales no estés orgulloso; eso no significa que eres eso, significa que tienes la capacidad de hacer eso, al igual que todos, pero también tienes la capacidad de hacerlo distinto. Pero sólo podrás hacerlo distinto si lo reconoces y lo confrontas; esa parte también está en ti, como están el amor y la alegría. Todo está dentro de ti, tu ego, tus miedos, celos, avaricia… pero también tienes compasión, humildad, seguridad, bondad.

 

Si alguien (o tú mismo) en algún momento te hizo sentir que no valías la pena ya es momento de soltarlo, confrontarlo, ver el aprendizaje y experimentar con conciencia nuevas formas. Porque si no lo asumes, si en lugar de eso lo evades con lo externo (comida, chupe, trabajo, cigarro, drogas, coches, ropa, internet, etc.), no te vas a dar cuenta de que eres algo más grande que tu creencia. Eres alguien que tiene el potencial de probar más personajes que tampoco eres pero que te van a acercar cada vez más a lo que sí eres, que no tiene nombre; a eso que no se puede explicar, definir o encasillar, a ese yo soy sin más, sin explicación, al "yo soy" realmente sabiéndolo y sin importar que los demás te definan, porque sabes, realmente sabes, que nada ni nadie te puede encasillar. Sabes que dentro de ti eres más allá de lo que tienes, más que tu cuerpo, que sentimientos o pensamientos. Sabes que lo que percibimos está superlimitado en comparación con lo que en realidad podemos ver y sentir, si no nos vemos desde dentro. Ya es momento de tu regreso a casa. De darte permiso de dejar el pasado en el pasado, el futuro en el futuro y sólo experimentar el aquí y el ahora como un ser libre de pensamientos, creencias y sentimientos negativos; necesitamos soltar ese bagaje para estar libres y con espacio para lo nuevo. 


Es momento de perdonarse y perdonar, de no obligarnos, consciente o inconscientemente, a estar mal para castigar a alguien, porque sólo nos estamos castigando a nosotros. Es momento de dejar ir a la víctima, porque sabemos que la victima no triunfa ni puede disfrutar.

 

Asume tus actos, asume quién eres, asume tu imperfección, asumiendo tu luz y tu sombra, sabiendo que eres algo mucho más grande.

 

Así encontraras nuevas preguntas que te llevarán a nuevas respuestas, te despejarán la mente y el corazón, y ahora sí podrás ver con nuevos ojos quién eres tú y el que está a tu lado.

 

Todos somos grandiosos, sólo que lo tenemos olvidado. El infeliz quiere ver infeliz al otro, pero cuando tocas eso que eres hay una felicidad que viene de una paz infinita y entonces sólo quieres esa paz, esa alegría, ese bienestar para el otro. Entonces puedes ver que somos iguales, que venimos de la misma fuente, y eso te ayuda a ser más compasivo con el otro y contigo, ya no te preocupan tanto tus metidas de pata ni las del otro, tu ego ya no es el que rige sino tu corazón. Y es ahí, en ese momento, en ese instante, donde sólo con estar, sólo con respirar, ya estás completo, no necesitas nada, lo tienes todo, te tienes a ti.
 

Namaste.

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