Cómo descubrir tus alas y volar

Mena Calvert / 2016-10-11

Normalmente cuando tomamos un avión lo hacemos porque queremos llegar a otro lado. Ese es nuestro objetivo y propósito final, sin embargo, si decidimos ver el viaje como una experiencia de vida, lo importante no sólo será  llegar sino también el trayecto.

 

Si en el pasado, cuando no existían los aviones, nos hubiesen preguntado cuánto pagaríamos por un viaje en el cielo, viendo pasar las nubes y contemplar los atardeceres y amaneceres desde un horizonte más puro, estar en otra frecuencia, en el aire. ¿Qué hubiéramos respondido?

 

Hoy pagamos por un show de luces, por tratar de copiar la realidad en vez de contemplar la la verdadera belleza que está en cada instante alrededor.

 

Ni el mejor simulador, render, foto o película puede captar lo que nuestros sentidos podrían experimentar si nos abrimos a este gran viaje de la vida.

 

Un espacio real con uno mismo, con la naturaleza, con el otro.

 

Un viaje de estos puede simbolizar como vivimos nuestra vida.

 

Viajamos en automático evadiendo sentir para no sufrir y nos desconectamos de una oportunidad de verdadera experiencia de conexión, de estar, de agradecer que estamos vivos.

 

Este vuelo es el vuelo que puede simbolizar nuestra vida.

 

¿Nos fijamos sólo en el destino a donde queremos llegar o estamos en el aquí y ahora disfrutando el viaje?

 

¿Nuestro viaje es una oportunidad para estar o  para evadir, para disfrutar o para sufrir, para sentir o para dormir?

 

¿Cómo queremos vivir nuestra vida?

 

Es importante tener conciencia de a dónde queramos ir, sin embargo, no sólo la meta última es la que importa. Cómo vivamos cualquier camino es lo que más nos llevaremos cuando no estemos aquí. 

 

Cada día, cada momento es el camino. 

 

En un vuelo sabemos a dónde vamos, en la vida no. Pero de nuevo, el llegar no es la meta, habrá otros caminos que tomar, otro avión para volar. ¿En dónde está nuestra conciencia y corazón mientras caminamos? ¿Dónde estoy en esta vida? 

 

¡Contempla! ¡Para tu cabeza por un instante y observa! El verdadero regalo está siempre en el presente y sólo hay que verlo y estar, estar.

 

¡Respira, agradece, siente! La vida no es para llegar a ningún lado, la vida es para disfrutar el viaje.

 

No te pierdas de la oportunidad de estar contigo. No te pierdas la oportunidad de contemplar la armonía natural que la vida te da. No te pierdas de sentir la calma de tu respiración aún en la tormenta. Disfruta tanto los rayos del sol como los del trueno. Todo es energía. No le metas más juicios.

 

Hoy nos tocó este cuerpo, con esta Madre Tierra, con estos sentidos para experimentarlos agradecidos. Mañana no sabremos que nos tocará. No sabemos cuántos seres de luz quieren esta experiencia, no sabemos cuántas vidas esperamos para estar aquí y contemplar esta existencia. 

 

No nos tomemos tan en serio nuestros problemas y enfoquémonos más en lo que sí tenemos todos los días.

 

Aunque se nos olvide, no necesitamos tanto.

 

Que nadie te diga dónde poner tu atención. Acabamos creyéndonos cómo vivir la vida de acuerdo a teorías de gente como nosotros que ni conocimos. Tú eres el piloto de tu vida. Elige qué música escuchar mientras caminas, qué pensamientos tener o dejar pasar, ¿a qué le quieres dar poder?

 

No dejes que la rutina te haga creer que esa es la realidad. Salta a lo desconocido... y vuela.

 

No hay hacia dónde llegar lo importante es no quedarte estancado, ahí hasta las aguas más puras se pudren, sé un río que se deja fluir aceptando el presente y contemplándolo en cada instante.

 

Muévete no ansiando el futuro sino disfrutando de momento presente. Vuela, date chance de descubrir tus propias alas. Ve las cosas desde otro ángulo, ahí podrás ser humilde y comprender que no sólo hay una verdad. Verás grandes sorpresas en los paisajes. Te darás cuenta de que las alas son personales y de que tú eres responsable de cada vuelo.

 

Deja de tener expectativas y permítete asombrarte y agradecer cuando las cosas son distintas a como las planeabas. 

 

Y recuerda, venimos a caminar, experimentar y volar en esta vida, no a llegar a algún lado o a tener. Venimos para ser. Cada instante es el presente y ahí está el camino, ahí está la paz y el gozo, ahí estás tú.

 

Date permiso de estar contigo, de estar en esta tierra, de estar.  Así es como descubres tus alas y empiezas a volar a lo mas alto.  Suelta lo pesado y denso para enfocarte el lo que te hace volar ¡y disfrutar rozar las nubes con las puntas de tus dedos!

 

Namaste 

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