Así es como la ciencia y la tecnología están transformando los límites entre la vida y la muerte

Harmonía / 2016-08-17

Puede ser que morir sea la contraparte de vivir y por lo tanto un evento inevitable para todo humano, pero eso no significa que resulte un pensamiento tranquilizador o incluso deseable para la mayoría de las personas. El escritor Mark Twain alguna vez expresó que: 

 

“El miedo a la muerte viene del miedo a la vida. Un hombre que vive plenamente está preparado para morir en cualquier momento”. 

 

Lo cual puede invitarnos a reflexionar si lo que realmente pasa es que vivimos con miedo y esto nos impide disfrutar nuestra existencia con plenitud.  Resolver nuestras tensiones y rechazo por la idea de la muerte puede liberarnos de esos miedos que nos limitan. Además de alguna manera experimentamos la muerte todos los días, al menos a nivel celular, pues se estima que cada hora 40 mil células de nuestra piel terminan su ciclo vital y son desechadas, convirtiéndose en el polvo casero que todos conocemos. Asimismo el recubrimiento de nuestro tracto digestivo se encuentra en un proceso dinámico de regeneración continua.  La necrosis o la muerte de células y tejidos de una zona determinada de un organismo vivo es un proceso que tradicionalmente ha sido considerado como pasivo y poco regulado, pero en los últimos años la ciencia y la medicina han descubierto que  es mucho más complejo de lo que parece.  Ya que las células que se encuentran dañadas o no trabajan apropiadamente son programadas para morir de manera controlada en un proceso conocido como  apoptosis. 

 

Por otro lado la tecnología también está  cambiando  lo que entendemos por vida y muerte. Los humanos necesitamos oxígeno para vivir pues ya después de unos minutos sin él nuestro corazón deja de funcionar.  Cuando esto sucede el flujo sanguíneo se detiene y nuestros órganos y cerebro dejan de recibir oxígeno y empiezan a morir también.  Sin embargo un equipo de  investigadores de la Universidad de Michigan han descubierto que el cerebro emite ondas gama, comúnmente asociadas con  nuestro estado de consciencia durante la vigilia, incluso después de que el corazón deja de funcionar. Además descubrieron que durante un paro cardiaco el cerebro se sincroniza con el corazón y la conexión entre estos se intensifica.  Esto ha sido interpretado por los investigadores como un esfuerzo del cuerpo para que el corazón vuelva a latir. Entender estos procesos ha llevado a algunos científicos a pensar que en un futuro no muy lejano, podríamos manipular las señales del cerebro durante la muerte para rescatar la función del corazón durante una emergencia y reanimar a millones de personas que sufren paros cardiacos cada año. 

 

Mientras que la ciencia continúa explorando los misterios entre la vida y la muerte, la medicina está cambiando las fronteras entre ambas. Hasta la década de los años cincuenta se consideraba que una vez que cualquiera de las funciones vitales como el latido cardiaco, la actividad cerebral o la respiración se detenían y empezaban a desactivar el resto de los sistemas se consideraba que una persona había muerto. Pero el desarrollo de nuevas formas de reanimación ha logrado que personas que hace algunas décadas no hubieran podido sobrevivir, tengan una nueva oportunidad. Por otro lado, con la llegada de los ventiladores mecánicos, capaces de forzar el oxígeno dentro y fuera de los pulmones, surgió una nueva categoría de muerte llamada  “muerte cerebral”. Para diagnosticarla los médicos aún desconectan brevemente estos respiradores para ver si la persona puede respirar por si misma y determinar si su bulbo raquídeo está funcionando.  Las personas con muerte cerebral pueden conservar cierta vitalidad en su piel y aparentar un estado de sueño, pero su mente no se encuentra alerta. 


Mientras que la medicina y la ciencia continúan cambiando lo que entendemos por muerte, la tecnología ha insistido en retar las fronteras entre la vida y la muerte. Por increíble que parezca un grupo de investigadores de la Fundación para la Preservación Cerebral, ya logró preservar un cerebro completo de conejo incluyendo  sus recuerdos a través de la criogenía. 
En palabras del Dr. Kenneth Hayworth, involucrado en el proyecto:

 

“Cada neurona y sinopsis se ve bellamente preservada en todo el cerebro. Es simplemente sorprendente, sobretodo considerando que yo tuve en mis manos este mismo cerebro cuando estaba vitrificado”. 

 

Esto significa que por primera vez el cerebro de un mamífero ha sido preservado para un “futuro uso” y lo que esto pueda significar  aún está por verse. Algunas teorías al respecto pueden sonar como ciencia ficción  pues inevitablemente nos catapultan a imaginar escenarios provocativos: ¿podrían ser preservadas nuestras mentes para que cuando la tecnología lo permita nuestros recuerdos y consciencias sean “descargados” a una nueva interfase con el mundo 3D?, ¿logrará la raza humana trascender las limitaciones de la esperanza de vida actual a través de la fusión del hombre y la máquina?.  A pesar de lo aventurado que esto suene, puede ser que estos escenarios no estén tan alejados de nuestros tiempos, especialmente si consideramos el ritmo al que la ciencia y la tecnología han progresado durante las últimas décadas y el impacto que eso ha tenido en todos los aspectos de nuestra vida y muerte. 

 

Con información de Headspace.
 

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