Un nuevo tipo de biocombustible: el vino

Paulina Sánchez / 2017-08-19

Como parte del proceso de producción del vino, la uva se prensa para extraer el mosto a partir del cual se elabora la bebida. La materia restante, es decir, la piel, semillas y tallos de la uva, terminan en la basura. Con el fin de aprovechar estos desechos conocidos como orujo del vino, en el 2016 la Universidad Pública de Melbourne creó un proyecto para transformarlo en biocombustible.

 

La idea fue expuesta por un estudiante de investigación que se propuso generar biocombustibles a partir de residuos agrícolas. Con el apoyo de vitivinicultores y otros investigadores, creó un método de extracción de ciertos compuestos –que se puede llevar a cabo como parte del proceso de elaboración del vino– y su posterior aprovechamiento como aditivos naturales.

 

Muy similar a este primer proyecto es el que dirigen las investigadoras Rachel Burton y Kendall Corbin, de la Universidad de Adelaida en Australia. Ellas también aprovechan el orujo para crear biocombustible, pero lo hacen a través de la fermentación de estos residuos. Su investigación ha determinado que los carbohidratos presentes en el orujo se pueden transformar en etanol, el cual se utiliza primordialmente para reemplazar el consumo de derivados del petróleo.

 

Como complemento de estos esfuerzos, científicos de otros países han trabajado en diversas investigaciones para generar estrategias de aprovechamiento de los residuos de la industria vitivinícola. Entre ellos, México es uno de los pioneros en este campo, pues en el Laboratorio de Investigación en Procesos Avanzados de Tratamiento de Agua del campus Juriquilla de la UNAM, los investigadores liderados por Germán Buitrón Méndez, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, están trabajando en la manera de recuperar hidrógeno y metano de las vinazas en aguas residuales y tratar estos elementos para producir biocombustibles.

 

Las vinazas son un subproducto líquido que se genera a partir de la destilación del mosto. Son ricas en materia orgánica, alcoholes y nutrientes como nitrógeno, azufre, fósforo y potasio. Específicamente, el hidrógeno se puede utilizar para producir electricidad en celdas de combustible, mientras que el metano se aprovecha para la generación de un biogás llamado biometano, el cual se parece al gas natural. Con lo anterior, el agua residual de la industria vitivinícola deja de ser un desperdicio, para convertirse en materia prima.

 

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