Trump, más allá del miedo: una oportunidad de despertar y diseñar un nuevo sistema

Alejandro Martinez Gallardo / 2017-01-25

Mientras algunos ven con pánico la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, otros ven esto como una oportunidad para la evolución de la sociedad civil y la formulación de un nuevo sistema económico y político. Otto Scharmer, de la Universidad de MIT, señala que Donald Trump es a la democracia lo que la crisis económica del 2008 fue al capitalismo. El capitalismo no desapareció después de que salió a la luz el nivel de corrupción e insustentabilidad de los bancos, pero la crisis fue instrumental para hacer ver a la opinión pública que el sistema estaba podrido. De hecho, la ola de descontento en torno a Wall Street y a las mafias políticas de Washington fue uno de los factores que luego haría posible el triunfo de Donald Trump (quien fue percibido como alguien externo al sistema, que había llegado a "destapar la cloaca") o la popularidad de Bernie Sanders. Como en el 2008 con el sistema financiero, el 2016 es un llamado a hacer un "upgrade" del sistema político, dice Scharmer. En este sentido el triunfo de Trump es una oportunidad, un reto.
 

Scharmer traza lo que podría llamarse la historia reciente de la perturbación de nuestra civilización, aunque desde una visión muy centrada en Estados Unidos (lo cual es lógico en tanto a que Estados Unidos es el país que dicta la pauta en la cultura mundial). Primero los ataques del 11 de septiembre del 2001, de donde se diseminó, a través de las medidas de vigilancia y la amplificación mediática, "el miedo, el odio y el prejuicio", además de suspender la privacidad en favor de la seguridad. Este es también uno de los antecedentes que hizo posible el triunfo de Trump, pero también el Brexit y el resurgimiento global de los nacionalismos, alimentados por la xenofobia. Hay que mencionar que la narrativa que se ha difundido de señalar un enemigo en una dinámica polarizadora, estilo nosotros contra ellos (los buenos vs. los malos), ha radicalizado lo mismo a grupos com Al Qaeda y a Isis, que al electorado de países occidentales; resultado de una falta de empatía, de reconocer y respetar al otro. Lo que vemos es la narrativa del terrorismo global y el capitalismo, "las fuerzas del mal", y no a los individuos como personas con la riqueza de la diversidad. No vemos la realidad no mediada, vemos el simulacro o la narrativa mediatizada. Creemos que los demás tienen la culpa y que nuestros problemas se resolverían si los otros pudieran hacerse a un lado, en vez de vernos a nosotros mismos en el espejo y hacernos responsables de lo que nos sucede.

 


Es tema de otro artículo, pero sería interesante estudiar cómo la narrativa del terror ha permitido que renunciemos a nuestra privacidad dócilmente y ha permitido que vivamos en un panóptico digital, donde todo lo que hacemos no sólo es observado, sino que es analizado y alimenta a la incipiente inteligencia del Big Data, dando lugar a lo que un analista llama "dataísmo", los datos como la divinidad secular de nuestra época. Con esto –al aceptar pasivamente cosas como que Facebook monopolice la Web, enriqueciéndose con nuestra información y creando "burbujas de filtros" que nos mantienen a salvo del mundo real– estamos creando posiblemente el nuevo monstruo del capitalismo digital, donde las corporaciones nos conocen mejor incluso que nosotros mismos y son capaces de predecir y manipular nuestros comportamientos.



En el 2008, el colapso inmobiliario y el mega rescate financiero bajo la consigna de que los bancos son demasiado grandes para caer –son superpoderes que trascienden al gobierno y a la sociedad– hizo consciente a la gente de la desigualdad estructural en el sistema, del llamado 1% y del poder inhumano de los instrumentos financieros. El neoliberalismo, movido por el egoísmo, hablando únicamente el lenguaje del dinero, despiadadamente siguiendo el dictamen tiránico del mercado, se reveló como un sistema insostenible para el planeta y para el individuo, tanto ecológicamente a una escala global como económicamente a una escala individual o local. Como dice Scharmer, el neoliberalismo es un fundamentalismo económico, que se rige por la creencia ciega en el mercado y en la idea de que todo es válido en el afán de producir más ganancias –inclusive destruir el planeta–. Es una versión más sofisticada del culto a Mammón, un materialismo idólatra. Por supuesto, hemos descubierto que mayores ingresos no se traducen en prosperidad y bienestar. Esta es la gran ceguera, la gran insensibilidad del neoliberalismo, que a final de cuentas sirve a un amo no-humano, al propio sistema, a las máquinas y a los algoritmos financieros.


En el 2016 se presenta la perturbación "tecnopolítica", que se caracteriza por la incredulidad mundial de la gente en los políticos, particularmente en los políticos que defienden el sistema neoliberal. Esto produce un resurgimiento mundial de la extrema derecha que hoy se preocupa por mostrar visos neofascistas. Esto es posible en parte debido al "fundamentalismo tecnológico", plataformas digitales que polarizan la realidad en lo que ha sido llamado "cámaras de ecos" y "burbujas de filtros", algoritmos que regresan a los usuarios una versión de la realidad que se ajusta a sus propios gustos y creencias. Si en el fundamentalismo religioso tenemos la noción de un dios invisible que todo lo controla (y castiga) y en el fundamentalismo económico la de la mano invisible del mercado, en el tecnológico tenemos la noción de un algoritmo invisible que "da lugar a la llamada política de la pos-verdad". Este es un término popularizado por Adam Curtis en su documental HyperNormalization, y hace referencia a la poca importancia que tuvo la verdad en las elecciones estadounidenses, a la plaga de las fake news que están "diseñadas para amplificar el prejuicio, el enojo, el odio, el miedo". Lo que importa no es que la información sea verdadera, sino que satisfaga y permita afirmar nuestras creencias previamente establecidas. 



El Internet y la tecnología digital que tanto prometían libertad -al menos así fueron promovidos en sus inicios, lo mismo por las agencias de marketing que por los programadores y entusiastas que tomaban LSD en los noventa- han revelado su verdadera cara: no son más que aplicaciones más nuevas y encandilantes de los mismos principios del capitalismo y del neoliberalismo. En corto: plataformas diseñadas para generar más ingresos al tiempo que se acaban los recursos naturales de los cuales se pueda extraer valor; plataformas que, sin embargo, no han sido programadas con valores de justicia, empatía o sustentabilidad. Esto no significa que sean buenos o malos, sino simplemente que no pueden escapar de la fuerza dominante de la economía que todo lo permea. Por ello es necesario reprogramar la economía, como ha sugerido Douglas Rushkoff y embeber en su programa estos valores.

 

Como decíamos al principio, éste es un momento especial ya que, aunque el panorama parece muy oscuro en muchos aspectos, hay algo en lo cual merece reparar y lo cual podemos considerar ciertamente como una luz muy poderosa. Es la conciencia, la conciencia de todo esto. Por primera vez estamos también cerca, a la par de la incertidumbre y el hartazgo, de un momento de desvelo de la ilusión global del neoliberalismo, la cual, en una mezcla de la conciencia y del hartazgo, puede colapsar en los próximos años. Esto podría ser algo que provoque miedo, pero también puede ser visto de manera positiva, ya que de entrada esa realidad estable que busca protegerse de todas las formas posibles por el mismo sistema, era una falsa seguridad y no beneficiaba más que a unos pocos. En otras palabras, era sólo una fachada que podía ocultar, sólo por un momento, toda la miseria y la injusticia que se acumula detrás. En este sentido las cosas se abren, si bien en muchos sentidos la apertura será necesariamente el resultado de la destrucción que haga espacio para lo nuevo.  

 

Scharmer ha diseñado un esquema de participación activa, en lo que podemos llamar esta crítica oportunidad de transformación o de realizar un upgrade al sistema operativo de nuestra civilización. En vez de participar en "la máquina de caos y confusión", el llamado es a levantarse y ver el mundo con "curiosidad, compasión y coraje" (coraje, recordemos, es una palabra que comparte raíz con corazón; otra traducción, para no confundir con el enojo que caracteriza a los seguidores de Trump, sería "valentía"). Así podemos ver a Donald Trump, según Scharmer, como el que nos ha entregado el regalo de confrontarnos con este momento crucial que nos coloca en el apremio de elegir entre el miedo o la compasión. O, como dice Douglas Rushkoff en su podcast, elegir si somos "del equipo de los humanos o de las máquinas". Coincidentemente en la astrología china, este nuevo año que inicia el 28 de enero es el del Gallo de Fuego. El gallo es, por supuesto, un animal conocido por su vanidad, por su exceso de confianza, por su vehemencia y carácter explosivo, algo que puede representar muy bien Donald Trump. Pero también el gallo es el animal que despierta. Como un despertador, Trump es ruidoso, molesto y estúpido (mejor sería despertarnos con la luz del sol y el canto de los pájaros), pero quizá pueda ser ese despertador de alto voltaje que finalmente nos obliga a levantarnos. Así que más allá de la situación colectiva –del pánico y el caos que vemos en los medios, quizá más que en la realidad–, podemos usar este momento para sacudirnos y despertar y ayudar a despertar a los que están en el mismo "corral", sintiendo el miedo, el enojo y el odio como si fuera real, sin darse cuenta de que es una ilusión, un meme. La coyuntura tal vez sólo sea un pretexto, un signo del tiempo, pero puede ser vista como una oportunidad para poner a prueba nuestra imaginación y esa rara pero cada vez más necesaria capacidad de cultivar la calma en medio del ruido y el estrés colectivo.



Si te interesa lo planteado por Otto Scharmer puedes participar en su plataforma u.lab, la cual está diseñada para movernos de un ego-sistema a un eco-sistema, generando una comunidad global de individuos que buscan generar conversaciones, influir en la legislación y organizarse para dar a luz un nuevo sistema.

 

Twitter del autor: @alepholo
 

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