Transforma el mundo a través del juego del espejo

Paulina Sánchez / 2017-11-29

Durante miles de años, la humanidad ha evolucionado a través de un proceso lento pero continuo llamado adaptación. No obstante, existen otros procesos con resultados visibles de manera más inmediata, que también generan cambios en las personas. Uno de ellos es la imitación.

 

Tanto los seres humanos como el resto de los animales tendemos a la imitación de aquellos a quienes consideramos nuestros iguales. Desde pequeños, imitamos a los adultos de nuestra familia, a hermanos mayores y, a veces, a los amigos. Este comportamiento natural se da por una búsqueda de aceptación y aprobación de los grupos a los que pertenecemos. Una manera de adaptarnos a ellos es imitando sus actitudes, gestos, muletillas e incluso ideas.

 

Al reflejar nuestro entorno o aquel al que queremos pertenecer, lo que dejamos ver, en realidad, es nuestro instinto de supervivencia. En otras palabras, la imitación tiene una implicación social que genera pertenencia, cohesión, integridad e identidad.

 

Algunas acciones de imitación se realizan de manera consciente, en un momento y lugar determinados. Por ejemplo, cuando havemos un brindis, compartimos una bebida y una intención para que, a manera de ritual, se cree un vínculo de confianza, celebración o agradecimiento compartido con el grupo. En contraste, hay gestos o acciones que imitamos de manera inconsciente, como cuando alguien bosteza, cruza la pierna al estar sentado o levanta un vaso para beber y, de manera instintiva, sentimos la necesidad de hacer lo mismo.

 

En un sentido negativo o en casos de falta de seguridad o autoestima, la imitación de otros puede ser una estrategia para acallar nuestra individualidad con tal de pertenecer. No obstante, de forma positiva, la imitación comportamental puede ayudarnos a establecer vínculos de afiliación y empatía con otras personas. Más aún, puede ser una herramienta muy provechosa para transformar a la sociedad.

 

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Cambia al mundo con un juego

Diviértete y mejora tu entorno retándote a generar actitudes positivas. En este reto, llamado el juego del espejo, participa un jugador: tú. La meta es lograr que el mayor número posible de personas imite gestos, actitudes y comentarios positivos y amables que hagas a lo largo del día.

Cómo jugar: sé el modelo del mundo en el que quieres vivir. Recuerda que cuando alguien se ve feliz y actúa de manera educada, amable y plena, los demás lo perciben y, según el efecto de espejo, reflejan esa actitud a través de la imitación. Haz tu vida normal pero asegurándote de mostrar, en todo momento, lo que quieres que la gente imite de ti.

 

Estrategias para ganar en el juego del espejo

Antes de salir de casa, dedica a tus seres queridos unas palabras de cariño, deseándoles un buen día en sus actividades y dándoles un abrazo cariñoso. Luego, en la calle, haz un contacto visual breve y sonríe a las personas a tu alrededor –incluso si son extraños en el transporte público o si se trata de otro conductor al que cedes el paso–. En la oficina, saluda con afabilidad a tus compañeros, mencionando su nombre para que el saludo sea más personal. Más tarde, responde con la misma atención a los correos electrónicos que recibas. Si interactúas con alguien que te preste un servicio, agradece su trabajo y deséale un buen día (sobre todo si se trata de trabajos en los que los empleados reciben quejas constantes, como en bancos, cajas de supermercado o restaurantes). ¿Te topaste con más gente en el elevador? Un “Buenas tardes” cambiará el estado de ánimo de los usuarios. ¿Se te antojó un café y un postre después de comer? Compra dos y comparte uno con un compañero o regala uno a algún indigente que encuentres en el camino de regreso a tu oficina.

 

Una sociedad más humana

La meta inmediata del juego del espejo es contar el número de personas que te respondan con gestos similares, como una sonrisa o palabras amables; sin embargo, el objetivo final es transformar tu actitud ante la vida y promover el desarrollo de una sociedad más humana y empática.

 

Lo mejor del juego es que al final del día habrá muchos ganadores. Tú te habrás convertido en un líder generador de cambio y te sentirás satisfecho por haber recibido numerosas muestras de amabilidad. Asimismo, aquellos a tu alrededor habrán ganado al recibir en su día una muestra de humanidad que quizá los haya tomado por sorpresa. Tal vez sean ellos quienes mañana inicien el juego del espejo. Como consecuencia, el mundo también habrá ganado. En 1 día te habrás convertido en la piedrita que irrumpe en el lago donde todo parece ser siempre igual, generando ondas que se expanden en círculos cada vez más grandes por toda la superficie del agua.

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