¿Qué efecto ha tenido Facebook en nuestra idea y experiencia de amistad?

Harmonía / 2016-02-11

[…] porque la amistad da claridad al sentimiento en sus tormentas y tempestades, pero arroja luz meridiana en el entendimiento, sacándolo de la oscuridad y confusión de los pensamientos.

Francis Bacon, “De la amistad

 

Si nos atenemos a lo que sucede en nuestra vida cotidiana, pareciera que ahora más que nunca es muy fácil hacer amigos. La amistad, tal parece, está a un clic de distancia, separada apenas por el envío de una “solicitud” o por un botón digital que lleva la parca leyenda de “Seguir”. Y de hecho, aunque parezca simple o banal, algo sucede en nuestra mente y, muchas veces, de verdad nos sentimos “amigos” de esa persona que se vuelve parte de nuestro Facebook o a quien comenzamos a seguir en Twitter.

 

La pregunta más inmediata podría ser si esto es auténtico, si de verdad nos sentimos “amigos” de alguien a quien incorporamos a nuestras redes sociales. Pero quizá, antes que esto, cabría indagar mejor sobre la forma en que la era digital y sus recursos ha modificado la manera en que entendemos y experimentamos la noción de amistad.

 

Hace unos días, Leigh Alexander, colaboradora habitual del diario inglés The Guardian, publicó una interesante columna a propósito de este tema, en particular sobre el efecto que Facebook (sin duda la red social de mayor alcance en nuestra época) ha tenido en las prácticas de amistad y acercamiento emocional contemporáneas.

 

De entrada, Alexander establece un contraste que de alguna manera podríamos circunscribir al ámbito del tiempo y su percepción en relación con nuestra existencia. A diferencia de lo que sucedía antes de la invención de Internet, cuando una amistad se aquilataba con el paso de los meses y los años, ahora todo parece suceder con la velocidad del instante.

 

Sin que esto sea un argumento moralizante, al menos hay una consecuencia clara: antes forjar una amistad implicaba una mezcla de emociones diversas, de la alegría a la angustia, lo cual de algún modo le otorgaba su peso específico dentro de nuestra vida, ahora, en cambio, según testimonia la escritora, podemos agregar a alguien a Facebook, seguir su vida según las actualizaciones que publique ahí, dar dos o tres likes pero no por ello sentirnos más cercanos o más amigos de esa persona. Escribe Alexander:

 

Los demás pueden llegar a ser muy diferentes a ti, llevar una vida muy distinta en cualquier lugar del mundo, pero aún así su amistad puede permanecer inmutable por siempre, por causa del amor y el esfuerzo que ambos han dado y recibido. Eso no lo puedes replicar en Facebook, no importa cuántas veces des like en alguien.

 

Hacer amigos sin duda es un proceso emocional que ahora es distinto, y en parte esa diferencia se explica por la incursión de las redes sociales en nuestra cotidianidad. Otros pensadores han calificado esta época nuestra de vacua y desdibujada, como si muchas de las cosas que antes se presentaban como notoriamente sustanciosas ahora hubieran perdido cuerpo y significado, entre estas sin duda muchas nociones emocionales. Ahora mucho de lo que obtenemos es inmediato, ¿pero eso es compatible con experiencias como la amistad u otras relacionadas con el amor?

 

Alexander cierra su columna con una pregunta que rescatamos no solo por interesante, sino también porque resta a su opinión el posible tufo moral o de reprimenda que podría tener, como si hubiera sido escrita para reforzar la idea poco precisa de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Al final no es sencillo que una práctica tan antigua como la amistad se transforme tan radical y tan rápidamente. ¿O sí?.

 

Esta es la pregunta con que Alexander termina:

 

«Cuando la vida es difícil y el tiempo precioso, ¿importa en qué términos esté alguien para mí, mientras esté?»

 

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