Qué debemos aprender de los hombres que viajaron a la Luna

Paulina Sánchez / 2017-07-19

El 20 de julio de 1969, el hombre pisó la Luna por primera vez. Neil Armstrong, astronauta estadounidense, fue el experto que tuvo el honor de dar este paso hacia una nueva etapa de la historia.

 

Sin embargo, aunque la mayoría solamente lo conoce a él y a sus compañeros en la misión, los astronautas Edwin Aldrin y Michael Collins, para cumplir este sueño tan anhelado por la humanidad y tan codiciado por los involucrados en la carrera espacial se requirió de la participación de muchos otros especialistas con cualidades muy diversas en cuestión de raza, edad y área de conocimiento.

 

Ejemplo de ello es el grupo de matemáticas afroamericanas conocidas como ‘computadoras humanas’ que realizó todos los cálculos de la trayectoria que siguió la nave espacial y, particularmente, la colaboración de la joven de 33 años Margaret Hamilton, una matemática y pionera de la informática que creó un software sin el cual el Apolo XI nunca hubiera llegado a su destino.

 

Esta hazaña, realizada a través de la combinación de talentos, nos dejó muchas lecciones que vale la pena recordar en el aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

 

La ignorancia critica todo aquello sobre lo que le falta educación

La presencia del hombre en la Luna ha sido una de las hazañas más criticadas por los escépticos. Ellos han creado una serie de mitos y denuncias con los que han intentado ridiculizar o anular el trabajo de las personas que colaboraron para cosechar este éxito.

 

Como contraparte, estudiosos de diversas universidades a nivel internacional han dejado claro que, ante las inevitables críticas, sólo queda educar. Por eso, vale la pena conocer las respuestas a los principales ataques.

 

– Uno de ellos, por ejemplo, señala que en los videos transmitidos por la NASA se ve que la bandera estadounidense ondea, cuando en la Luna no hay viento. Lo cierto es que la bandera tenía un mástil horizontal que la sostenía en la parte superior para mantenerla rígida, y que no ondea, sino que presenta ondulaciones como consecuencia de haber estado doblada durante el viaje.

 

– Por otra parte, se ha puesto en duda la autenticidad del paisaje en el que no se ven las estrellas. A ello los expertos responden que era imposible captarlas con la cámara debido a la intensidad de la luz, por lo que, para que se vieran en las imágenes, el tiempo de exposición tendría que haber sido mayor.

 

– Un siguiente punto que se anota es que una roca en el suelo parece estar marcada con la letra C. No obstante, esta letra no aparece en la imagen original, pues se ha visto que fue un cabello que se introdujo en la fotografía al momento del revelado.

 

– Por último, se ha dicho que no es posible dejar huellas sin aire o humedad –todos recordamos la famosa foto de la huella de la bota del astronauta–, pero los científicos apuntan que no es necesario que haya humedad o aire para dejar huellas en un terreno.

 

Si bien es cierto que las críticas no han sido pocas respecto a este tema, tampoco lo son en incontables casos en los que hay gente presta para emitir palabras negativas ante los logros de otros. Pero la lección que ofrecen los estudiosos del Apolo XI es que hay que informarse adecuadamente antes que creer en las versiones prejuiciosas o tendenciosas que dan algunos, pues la educación aporta los mejores argumentos contra las críticas.

 

Los seres humanos logramos más trabajando juntos

Cuando el Apolo XI llegó a la Luna, la comunidad afroamericana aún padecía los estragos de la segregación y el racismo, mientras que las pocas mujeres que conseguían un título universitario –si es que se los permitían en casa y eran aceptadas por alguna institución– eran relegadas a trabajos secundarios de carácter mecánico o secretarial por no considerarlas suficientemente inteligentes o aptas para laborar en otras áreas.

 

No obstante, la misión del Apolo XI demuestra que si se hubiera dado más importancia a la raza o al género de las personas que a su valor como especialistas y al sueño común que compartían, quizás el ser humano jamás habría llegado a la Luna. Por eso, hay que reflexionar en torno a las palabras de Neil Armstrong cuando expresó que desde la Luna “las vistas eran simplemente majestuosas, más allá de cualquier experiencia visual que haya tenido”, pues eso nos recuerda que la lección que nos enseña la Luna es que hay que contemplar a la humanidad desde una perspectiva mucho más amplia, una que abarque a todos los seres humanos. Solamente así podremos tener las vistas más majestuosas que hayamos podido soñar.

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