Lecciones de vida de la Asistencia Humanitaria

Paulina Sánchez / 2017-08-16

El 19 de agosto del 2003 hubo un ataque al cuartel general de la ONU en Bagdad. La tragedia cobró 22 vidas de trabajadores humanitarios, que se suman a las de muchos más que se dedican a afrontar el peligro y la adversidad para ayudar a otros. Para conmemorar su entrega y dedicación se estableció esa fecha, 19 de agosto, como el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria.

 

La celebración nos brinda la oportunidad de reflexionar en torno al espíritu que inspira el trabajo de los socios humanitarios, el cual se basa en cuatro principios:

 

1. Ayudar con humanidad es reconocer que el sufrimiento humano se debe atender dondequiera que se encuentre. Este principio apunta que no basta con ver solamente el entorno que nos significa y que de alguna forma tiene incidencia en nuestro bienestar, debemos ser sensibles ante lo que sucede más allá de nuestro alrededor. Una manera de hacerlo es, por ejemplo, analizar las noticias que vemos en televisión de manera más empática con los problemas que enfrentan otros estados o países. Si estamos atentos a desastres naturales que ocurren en algún sitio o a ataques terroristas y conflictos bélicos que afectan a otras naciones podemos tomar la iniciativa de solidarizarnos con los afectados y buscar iniciativas de ONGs locales que nos permitan asistirlos.

 

 

2. El principio de imparcialidad de las acciones humanitarias indica que éstas se deben llevar a cabo en función de la necesidad, dando prioridad a los casos más urgentes sin diferenciar por raza, sexo, creencias religiosas, clase o asociación política. Para acercarnos a este principio debemos intentar implementarlo en nuestra vida diaria, siendo respetuosos, tolerantes y amables con todas las personas que nos rodean, sin basarnos en prejuicios y sin hacer distinciones. 

 

3. El tercer principio de la acción humanitaria es el de independencia operativa. Éste indica que se debe ayudar de manera autónoma a los objetivos políticos, económicos, militares o de otro tipo que el agente humanitario pueda tener respecto de las zonas en las que esté trabajando. Nosotros podemos aplicar este principio en el día a día intentando conocer a los demás como son y no como queremos que sean según nuestra educación, religión o forma de pensar. Es una invitación para valorar la diversidad y sus aportaciones, en lugar de juzgar a las personas según nuestra perspectiva.

 

4. Por último, el principio de neutralidad de la acción humanitaria establece que los actores no deben tomar partido en las hostilidades y en controversias de orden político, racial, religioso o ideológico. Este principio es un incentivo para no adoptar rencores políticos que suelen convenir a los grupos que quieren hacerse con el poder, mas no a las comunidades; no promover odios raciales que solamente convienen a quienes quieren aprovecharse de otros declarándolos inferiores; ni adjudicarse guerras “santas” o actuar como jueces de la moral creyendo que se posee la verdad, cuando ésta no es más que una perspectiva.

 

La ayuda humanitaria es una suma de esfuerzos de asistencia médica, educación, reconstrucción y rehabilitación de una sociedad en situación de emergencia o desastre, pero también puede ser una forma de ver y pensar nuestra relación con los demás para promover una convivencia pacífica e incluyente.

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