Las abejas: pilar de la alimentación mundial

Harmonía / 2016-11-11

Las abejas siempre nos han parecido insectos amigables, curiosos, lindos. Admiramos su organización, solidaridad y trabajo. Son, junto con las hormigas, sociedades en las que nos vemos reflejados. De hecho, recordamos con cierta nostalgia los años escolares cuando llegábamos a casa con sellos de abejita en nuestras tareas porque significaban una cualidad superimportante para las personas: sí trabaja.

 

Las abejas no sólo son productoras de ese líquido delicioso que sirve para aderezarnos la vida, la miel es un ingrediente maravilloso que forma parte de distintos platillos y gastronomías del mundo. Las abejas además cuentan con un lenguaje complejo que tiene una cualidad danzarina. Éste les sirve, por ejemplo, para comunicarse e informarse acerca de la distancia de las flores donde tendrán que recolectar el néctar para su colmena, la cantidad y calidad del mismo. El lenguaje abejuno consiste en movimientos aéreos que simulan una danza. La cosa es que las abejas, aparte de bailarinas y trabajadoras y generadoras de miel, son un pilar fundamental para la alimentación mundial no sólo de los seres humanos sino de cualquier otro ser vivo, incluyendo a las plantas.

 

De cada tres comidas que consumen las personas, una es posible gracias a la existencia de las abejas. Cerca de una tercera parte de la producción global agrícola depende de la polinización animal, en buena medida ejecutada por las abejas. Si todas las abejas desaparecieran, en poco tiempo miles de plantas se extinguirían, lo que provocaría terribles hambrunas. Es decir, muchos de los ingredientes que tenemos en la cocina se deben a que las abejas, polinizadoras por excelencia, vuelan de un lugar a otro, haciendo posible que nazcan plantas, árboles y vegetales. 

 

Hay que entender que la polinización, y no la producción de miel, es la labor más importante de las abejas en el ecosistema planetario. ¿Por qué? Bien: básicamente porque el grueso de los integrantes del reino animal, en parte nosotros incluidos, tenemos una alimentación vegetariana. Los animales carnívoros, en parte nosotros incluidos, necesitan que haya otros animales, regularmente los herbívoros. Pero sin la existencia de éstos, sin la existencia de plantas y vegetales, simplemente nadie tendría qué comer. Es por eso que el algoritmo de la alimentación sólo es posible siempre y cuando haya abejas, a pesar de que ni nosotros, ni los animales carnívoros ni los herbívoros, comamos literalmente abejas.

 

El problema es que en los últimos 20 años la tasa de mortalidad de abejas a nivel mundial ha aumentado; plagas, parásitos y pesticidas son las principales causas, aunque no existe ningún estudio que pueda identificar el problema, por lo tanto, tampoco la solución. Todo parece apuntar a que la conjugación de todas las causas está cerca de provocar una catástrofe. Todavía podemos salvar a las abejas y con ellas, salvar a la Tierra.

 

Con información de la Academia Australiana de la Ciencia

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