La clave de la evolución espiritual está en los pueblos antes de la modernidad

Harmonía / 2016-11-23

Vivimos en un momento crítico para la historia de la civilización. Durante años la sociedad ha anhelado con tanta pasión el crecimiento y la obtención del progreso que ha descuidado asuntos que deberían ser prioritarios en el desarrollo de una sociedad: los seres humanos y el planeta Tierra.

 

Cada vez es más común saber de talas de bosques enteros para construir unidades habitacionales o centros comerciales, así como de guerras que dejan saldos de millones de personas muertas con tal de obtener dinero, territorio o algún recurso natural. ¿Esto es lo que conocemos como modernidad?

 

Es urgente replantear los métodos de desarrollo que se acostumbran actualmente. Para ello, un video de Claudio Naranjo propone una interesante idea: debemos imitar el modelo de los pueblos antes de la civilización para conseguir el verdadero desarrollo, uno más cercano a la evolución espiritual.

 

A lo que Naranjo se refiere es, principalmente, a retomar los valores de los antiguos pueblos que existieron antes del dominio de las civilizaciones modernas. Entiéndase: el trabajo en equipo, la cooperación, la equidad y el respeto por el planeta Tierra.

 

En las comunidades “no civilizadas” la sociedad no buscaba con insistencia la competencia y el aprovechamiento de las demás personas y de la tierra, sino una relación bilateral de cooperación e intercambio con el medio ambiente. Así, aunque hubiera líderes en las comunidades (y en muchos casos ni siquiera existía esta figura), se trataba de una organización justa en la que cada persona cumplía con sus responsabilidades sin querer dominar ni conquistar al otro --algo que se ha perdido en nuestros tiempos, en los cuales somos educados desde niños para competir y ser el mejor a costa de lo que sea, incluso de quienes nos rodean.

 

Una sociedad fundamentada en el espíritu evolucionado viviría su relación con el medio de manera distinta a la que tenemos ahora. Por ejemplo, comprendería que la tierra no es una propiedad material, sino una madre a la que debemos cuidar y agradecer. También podría dejar de preservar el espíritu combativo de las guerras, el dominio y la posesión, y pensar en la sociedad en términos de equipo y cooperación.

 

¿Qué pasaría si empezamos a pensar en los pueblos antes de la civilización moderna como ejemplos a seguir y no como muestras de la barbarie? Quizá un cambio en la actitud conquistadora de la modernidad podría ayudarnos a vivir en plenitud. ¿Te imaginas pensar que ya tenemos todo lo que necesitamos? ¿Podríamos entonces aprender a vivir y disfrutar? Dejemos de creer que lo que somos y tenemos no es suficiente, apreciemos y, sobre todo, cuidemos lo que la tierra y nuestra comunidad ya nos brinda.

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