Escuelas Rainbow: un modelo educativo incluyente

Paulina Sánchez / 2017-08-31

Barcelona es una ciudad cosmopolita en todo sentido. Es cuna del arte, recibe visitantes de todo el mundo, acoge a inmigrantes de diversas culturas y, ahora, será pionera en el ámbito de la educación al tener su primera escuela pública LGBTI amigable. La Asociación de Familias LGTBI aplicará en la escuela Turó Blau del barrio de Sant Andreu del Palomar el programa Escuelas Rainbow que pretende sensibilizar a la comunidad escolar, incluyendo alumnos, profesores, administrativos y padres de familia, en torno a la diversidad. La finalidad de este proyecto es prevenir acciones y conductas homofóbicas y promover la inclusión de los alumnos, profesores y familias LGBT.

 

Para lograrlo, la escuela ha adquirido materiales didácticos como libros y documentales, además de que realizará, a lo largo del año, actividades, conferencias y eventos en los que se pueda hablar sobre el tema de la diversidad, la diferencia entre género y sexo, y la manera adecuada de tratar estos temas con niños y jóvenes.

 

Si bien en la actualidad programas como éste sólo existen en pocos países, sobre todo europeos –además de Escuelas Rainbow, existe el programa Educate & Celebrate en Inglaterra–, México, un país que se anuncia como gay friendly, debería estudiar este tipo de programas para implementarlos en sus escuelas por medio del trabajo conjunto entre las instituciones educativas y los especialistas en pedagogía, psicología y sexología.

 

La apertura en la educación es clave para generar una sociedad respetuosa e incluyente, libre de discriminación, marginación y bullying. Es importante garantizar la seguridad de los alumnos LGBTI y de los hijos de familias homoparentales, que tan frecuentemente son víctimas de acoso en los colegios.

 

Asimismo, es indispensable reconocer que la orientación sexual de un profesor no está en sentido alguno ligada a su papel docente, por lo que en su entorno laboral debe poder desempeñar sus actividades en un proceso de enseñanza libre de amenazas por parte de padres de familia homofóbicos.

 

Y, contrario a lo que algunas personas podrían pensar, no se trata de promover una agenda o dar una “educación gay”, sino de convertir la equidad y el respeto a la diferencia en un pilar de la educación y, de manera más extensa, en un pilar de la sociedad.

 

En México hay muchas escuelas que dicen ser incluyentes, lo cual es un esfuerzo loable y necesario que debe mantenerse e incluso crecer. No obstante, hasta ahora, este concepto ha abarcado, sobre todo, la inclusión de alumnos con alguna discapacidad física o problema de aprendizaje, o la implementación de programas de becas para dar cabida a alumnos con desventajas económicas.

 

Por su parte, la inclusión de la diversidad sexual es un tema tratado con pinzas que, si acaso, se responde con frases vacías como “promovemos el respeto a todos”, pero nada más allá. Por eso, primero hace falta una toma decisión por parte de las autoridades de los colegios laicos de crear instituciones verdaderamente incluyentes en las que la decisión se acompañe de un programa de educación y generación de conciencia en toda la comunidad escolar.

 

Hay que romper el estigma desde la infancia pero también en los adultos (padres y maestros), quienes, a final de cuentas, son los encargados de educar a los niños. Así, como comenta la presidenta de la Asociación FLG de Barcelona, Katy Pallàs: “La información es lo que nos hará libres”, de aquí que sea responsabilidad de México comenzar a informar a la sociedad y generar una educación en la diversidad.

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