Científicos: la primera flor del mundo debió de haber sido bisexual

Harmonía / 2017-08-07

Las flores nos rodean a través del día. Las vemos en los aparadores de las florerías. Un chico en un semáforo en rojo se acerca a ofrecernos alguna. Las mesas de los restaurantes están decoradas con un centro de flores. Regalamos flores el Día de la Madre, el Día del Amor y la Amistad, en el cumpleaños de los amigos; incluso cuando alguien fenece, hay flores por todos lados. Nunca se nos ocurriría imaginarnos qué haríamos en un mundo sin flores. Si no nos preguntamos de dónde vienen (porque no vienen de las florerías), mucho menos nos preguntamos cómo han llegado hasta nuestra época para compartir el mundo con las demás especies, y qué papel juegan en el planeta. A lo mejor podemos recordar cómo se reproducen, que el polen de una flor vuela en las patitas de los insectos o a través del viento hacia otra flor. Pensamos que hay una flor macho y una flor hembra, o queremos pensar eso, pero no estamos seguros de nada; no sabemos si las flores tienen género sexual, si se reproducen a sí mismas, o qué.   

 

Las plantas, que es de donde vienen las flores, se dividen en angiospermas y gimnospermas. Las primeras tienen sus partes reproductivas expuestas, las segundas evolucionaron para tener sus órganos reproductivos encerrados en flores a menudo elaboradas que maduran en frutas. Nueve de cada 10 plantas que hay en el mundo son angiospermas; y a pesar de su enorme diversidad en apariencia, ciclo de vida y nicho ecológico, los investigadores creen que todas las 225 mil especies de angiospermas descendieron de un único antepasado, pero no se ha encontrado esa flor ancestral. Los fósiles más antiguos de flores se remontan a 130 millones, y en ese entonces ya existían especies distintas.

 

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En un comunicado de Nature Communications, un equipo recopiló el mayor ramo de puntos de datos de rasgos florales del mundo: cerca de 13 mil 500 de ellos, de 792 especies, que representan el 98% de las angiospermas. Apenas una pizca de una cadena de datos. De toda esa información sobre flores vivas y fosilizadas, los investigadores usaron datación molecular para construir un cronograma; en otras palabras: un árbol genealógico, para encontrar antepasados comunes entre las especies. De este modo, al retroceder en el tiempo a lo largo del linaje los investigadores pueden quitar los rasgos derivados, características que surgieron de esas mutaciones posteriores. Entre los métodos de análisis para este tipo de estudio el equipo utilizó tres enfoques diferentes, que son complejos y pueden parecer inexplicables para nosotros, pero lo que es importante entender es que estos son métodos probados, respetados, ampliamente usados en este tipo de investigaciones. Lo más relevante es que los resultados del equipo crearon una hipótesis comprobable para la diversificación de las primeras angiospermas, lo cual otros investigadores pueden ahora analizar y usar.

 

De acuerdo con el documento que detalla el estudio, la flor ancestral era bisexual, con partes tanto masculinas como femeninas, y tenía formaciones de verticilos de órganos pétalos, en grupos de tres, en lugar de formaciones espirales. Tal vez lo más interesante es que ninguna especie viva tiene la misma combinación de características sugeridas por el modelo basado en estos datos. Y ante la ausencia de un fósil de la primera flor, debemos considerar que ésta era, según dicha hipótesis, bisexual.

 

Con información de Discover Magazine

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