Datos para exigir la igualdad de género en este día de la mujer

Harmonía / 2016-03-08

A lo largo de la historia y en distintos lugares del mundo, el poder ha sido predominantemente masculino. Esta inercia implica una serie de imposiciones culturales y sociales que adoptan diversas formas según el lugar y el tiempo en el que se encuentren. En este día de la mujer queremos hablar de igualdad de género, para ello, aquí presentamos un breve recorrido por la historia de la segregación de lo femenino con el fin de identificar el origen de la problemática y sus manifestaciones actuales.


 

Mundo helénico

Durante este periodo de la antigüedad, la sociedad distinguía entre hombres y mujeres mediante comparaciones con la naturaleza que dejaban en claro la inferioridad de lo femenino frente a lo masculino. Por ejemplo, Aristóteles mencionaba en sus reflexiones filosóficas-médicas que el hombre era cálido, seco y animado; mientras que la mujer era fría, húmeda e inerte. De hecho, Aristóteles consideraba a la menstruación como una versión imperfecta de la producción de esperma del hombre (y entre mejor fuera el esperma, mayores eran las posibilidades de engendrar un varón).

 

Filosofía taoísta

La segregación social de la mujer no es exclusiva del mundo occidental. Para la filosofía taoísta, el yin, lo femenino, se relaciona con el frío, la tierra, la sombra, el norte, la lluvia y la inferioridad; por otro lado, el yang, lo masculino, es el cielo, el calor, la luz solar, el sur, la impetuosidad y la superioridad.

 

Pueblos bangladesíes

En los pueblos bangladesíes los hombres han confinado un espacio limitado a las mujeres en el hogar. Incluso los mercados, las carreteras y las ciudades están prohibidos para ellas.

 

 

India septentrional

Las mujeres en la India septentrional tienen prohibido buscar trabajo incluso si sus familias enfrentan un grado de pobreza extremo.

 

Japón

Según un estudio reciente, en Japón de 502 funcionarios públicos con cargos de responsabilidad, sólo tres eran mujeres.

 

Cultura norteamericana

Para mencionar la influencia de la cultura norteamericana (y por ende, gran parte de la cultura mexicana) queremos tomar como ejemplo el mundo de la pornografía actual, donde se observa claramente el fenómeno de la inferioridad femenina. La narrativa sexual tiende a ser siempre la misma: una mujer que rinde culto al hombre hasta que él llega al clímax del placer sexual y sólo entonces la película puede terminar. En otro ámbito incluso más conflictivo, hallamos la prostitución. La esclavitud femenina se encuentra firmemente establecida en México y en varios países del mundo.

 

 
 

 

Estos son tan sólo algunos ejemplos de las formas que ha adoptado el poder masculino en la cultura desde hace mucho tiempo. La tendencia parece indicar que el catálogo de autoridades suele ser arbitrario con un énfasis en la exclusión de las mujeres.

 

Aunque nosotros hemos mencionado sobre todo aspectos del ámbito público, es importante destacar que hoy en día las mujeres siguen padeciendo aislamiento en el ámbito privado: desde reducir su rol al cuidado de los hijos y de la casa hasta atacarlas con violencia física. Cabe recordar que investigaciones desarrolladas a comienzos de los años noventa en Chile, México, Papúa Nueva Guinea y Corea del Sur determinaron que dos tercios de las mujeres casadas continuaban sometidas a la violencia doméstica masculina.

 

La buena noticia es que desde una perspectiva global, los últimos años han representado un avance significativo en la lucha por la emancipación de la mujer. Desde hace aproximadamente 30 años, las condiciones de vida de la mujer en los países en desarrollo han mejorado, sobre todo en los campos de la salud y la educación. Por ejemplo, el analfabetismo femenino disminuyó entre 1970 y 1990 un 50% en los Estados árabes, un 26% en el Sudeste Asiático y un 13% en Latinoamérica. Además, la matrícula de mujeres en las universidades latinoamericanas y caribeñas ha aumentado y, mejor aún, en la mayor parte de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (salvo Suiza), no sólo hay más mujeres que hombres en la universidad, sino que su rendimiento académico es superior.

 

Nuestra participación es crucial en estos tiempos de cambio. Es importante notar que aunque los progresos en relación al respeto a la mujer son visibles, todavía encontramos empresas que pagan más a los hombres que a las mujeres por el mismo trabajo, instituciones públicas que permiten una escasa participación de las mujeres (como ciertos gobiernos), y en otros casos todavía permean ideas ideas que no permiten a las mujeres tener control ni de su propio cuerpo.

 

En este día de la mujer invitamos a reconsiderar los valores y conductas que tenemos y que responden a la consagración de lo masculino. Por ejemplo, ambición, individualidad excesiva, virilidad, heroísmo, agresión, disciplina y control. No por esto, cabe aclarar, proponemos la inversión del papel histórico de la mujer hacia uno superior al hombre, sino apelar hacia una igualdad de capacidades y virtudes. Sobre todo porque la supremacía del hombre no sólo va en detrimento de las mujeres, sino de todos los seres humanos.

 

Fuente: Paul Ginsborg, Así no podemos seguir, editorial Los libros del lince

 

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