Cuatro testimonios reales de conflictos con la homofobia

Harmonía / 2016-06-24

Para participar en la conmemoración del Día Internacional del Orgullo LGBT, celebrado el 28 de junio y alrededor del resto del mes, preparamos una serie de textos que promueven la tolerancia hacia cualquier orientación sexual e identidad de género. Puedes encontrarlos aquí:

 

¿Qué es el orgullo gay y por qué la tolerancia nos hace libres?

Impactantes cifras sobre la homofobia en México y el mundo

Identidad de género, orientación sexual y preferencia sexual no son lo mismo: conoce las diferencias

¿Qué opinan los mexicanos sobre la homosexualidad?

 

Durante la investigación sobre el tema, fue sorprendente reconocer algunos datos que evidencian todos los cambios de pensamiento y acción que nuestra sociedad necesita para ser tolerante e incluyente ante la diversidad. Para empezar, México ocupa el vergonzoso segundo lugar en número de asesinatos por homofobia en Latinoamérica, pero además, es muy probable que cualquiera de nosotros conozca a alguna persona de nuestro círculo social o familiar que haya padecido algún tipo de discriminación por el simple hecho de sentir atracción hacia alguien del mismo género.

 

Cuando la violencia, bajo cualquier pretexto, azota tanto al mundo entero como a los pequeños grupos de convivencia, es necesario cambiar. Por eso, decidimos que sería enriquecedor conocer el testimonio de algunos amigos de la redacción de Harmonía, en espera de encontrar a través de ellos la voz de miles de personas que han sido silenciadas por expresar a quién aman. Por ejemplo, las más de 1,200 personas asesinadas por homofobia hasta el 2015 en México.

 

Los primeros dos testimonios son de mujeres mexicanas. Ellas reflexionan sobre los estigmas que pesan sobre la palabra “lesbiana”, un concepto reduccionista y cargado de una connotación cultural negativa y muchas veces sexualizada por medios de comunicación y gente en general. Sin más preámbulos, los invitamos a conocer su historia:

 

Estaba un poco conflictuada cuando me pidieron escribir algo relacionado con ser gay. Creo que nunca me he puesto bien el estandarte porque me parece que a quién desee o a quién ame tiene de raro lo que de raro tendría elegir un sabor de helado u otro.

 

A veces me pregunté, ¿desempeñaría mal un trabajo por ser gay? ¿Daría peores consejos de ser gay? ¿Funcionaría pervertidamente mi cerebro por ser gay? En muchos países, en este país te matan por ser gay. ¿Mataría usted a su vecino por elegir una marca de cereal o la otra? ¿Entraría a un bar a dispararles a personas sólo por usar un suéter de lana cuando usted prefiere uno de algodón? Pero así de absurdo me pareció. Pobres de aquellos para los que el objeto de deseo ajeno sea un tema tan importante, me dan un poco de pena.

 

En general, aunque no voy por la vida vociferando con quién duermo, soy bastante feliz con lo que soy y prefiero; no ha faltado algún curioso que crea que esta condición es reversible, o es la carencia de algo. Es decir, que soy lesbiana sólo porque ningún macho me ha tocado bien. Tengo amigas que piensan que es una etapa. Hay quien cree que la existencia de lesbianas es mito, sólo una fantasía inventada por la industria pornográfica americana de los 70´s para excitar mejor a sus ―masculinos― usuarios. No han faltado viejitas que crean que mi papel es estar en la cocina esperando mi tiempo para ser madre, tampoco el que me diga que estoy enferma. Nunca he sentido que esto me haga particularmente especial, porque, insisto, me parece que a quién desee o a quién ame tiene de raro lo que de raro tendría elegir un sabor de helado u otro. Qué mal que para otros sea algo en verdad tan importante.

 

Autor: LR, 26 años, ilustradora

Conoce su trabajo en: FB / IG

 

 

 

Hace unas semanas leí un artículo sobre cómo el acrónimo LGBTQ  no es suficientemente incluyente, esto lo decía Lea DeLaria, una de las actrices de Orange is the New Black – serie que por supuesto sigo fielmente. Este debate no es nuevo, encontrar la palabra (o acrónimo, o algo) que englobe las muchas formas de identificación sexual y de género de miles de personas no es sencillo. Es una cosa tan compleja como los individuos que supuestamente conformamos esta comunidad LGBTQ.

 

Al respecto, escribí una pequeña reflexión en un sitio en el que colaboro, intento semanalmente, sobre cosas que veo en TV y cine. Ahí decía que en primera este debate no es nuevo y si nos queremos poner académicos, Judith Butler escribió Gender Trouble en 1990 sobre el uso de la palabra Queer (que a todo esto, era la palabra que Lea DeLaria proponía se usara o usáramos). También mencioné algunos puntos que me parece necesario retomar ahora: el sentido de la existencia comunidad LGBT – pensando en qué significa para aquellos que somos no-heterosexuales y las formas de convivencia, la importancia del reclamo y uso de las palabras y finalmente ­­­–pero para mí el punto más importante–, que nadie puede definir nuestra sexualidad más que nosotros mismos.

 

Ahora los desarrollaré un poco más:

 

- La comunidad LGBT: alrededor existen muchos mitos y la mayoría son eso. Que los hombres gay odian a las lesbianas y viceversa. Que todos estamos representados en esa comunidad –y claro que no, pero eso no indica que las cosas no cambien. Lo cual indica que tal como la idea que cada uno tiene sobre su identidad de género cambia, también la de comunidad. Nada está definido. Y si hablamos de retos y del futuro, nunca terminaremos de discutir los derechos de la comunidad trans, los jóvenes que están sin hogar, las personas queer de color, ya ni siquiera yo sé qué etiqueta ponerles.

 

-  Reclamo y uso de palabras. Tampoco es nuevo que grupos minoritarios se quieran apropiar de palabras para quitarles la connotación negativa y así a los grupos que quieren ejercer poder a través del uso de esas palabras. Tampoco estoy de acuerdo con que sigan gritando “puto” en los partidos de la selección. Lo que sí creo es que si cada uno de nosotros no pone una palabra a su sexualidad alguien más lo hará.

 

Claro ejemplo, y a lo mejor debí haber iniciado este texto con una anécdota personal, quienes me quieren y conocen saben que me identifico como una mujer a la que le gustan las mujeres y ya. Por lo tanto, dicen que soy lesbiana. Y pongo que lo dicen porque no me gusta esa palabra y no me gusta la connotación negativa que lleva y me hace sentir incómoda de muchas formas. Entonces, en la mayoría de las conversaciones que tengo  –y estoy cada vez más consciente de esto– intento decir gay. Cuando hablo sobre el equipo de futbol de mujeres en el que juego, uso el término gay: de mujeres gay. Rara vez me escucharán decir lesbiana, a menos que sepa que si quiero que alguien me entienda, lo más fácil será decir lesbiana. Y esto normalmente no lo platico, no me había hecho consciente de lo importante que sería platicar con mis amigos no-LGBTQ que en realidad esa palabra no me gusta, y no para que dejen de usarla, pero porque es el tipo de conversación que hasta a mí podría cambiarme la perspectiva que tengo sobre esa palabra.

 

El punto es, que todos necesitamos meter todo en categorías y si tú no te pones una, alguien más lo hará por ti. Así que la opción que sea, sería mejor aprovecharla. Lo único “malo” que le veo al uso de la palabra queer son los modernillos de la “academia” mexicana y expertos que pelean que sí queer en español es cuir y que si no se traduce el significado igual. Y ay, ya.

 

- Definir tu identidad de género y sexual. Y entonces que le pones un nombre a tu forma de identificación, pero cambia. Y cambias, ¿y entonces?, ¿es alguien menos bisexual si es mujer en una relación con otro hombre? Hace muchos años, y me encanta poner este ejemplo, Cynthia Nixon (Sex and the City), dijo que ella tenía la opción de ser heterosexual o ser gay y ELEGÍA ser gay. Muchos se espantaron, ¿qué tal que sí es elección ser gay?, ¿qué tal que para unos lo es? Personalmente creo que es una cosa biológicagenéticasocial pero no estoy segura. Tampoco me quita el sueño eso –al menos eso no.  El chiste es que creo que el verdadero dolor de cabeza está en el querer encasillar nuestras identidades y las de otros en cosas predefinidas que sabemos, de entrada, dejarán de funcionarnos pronto porque la vida cambia y nosotros también. Quitarnos la opción de cambiar de opinión puede ser limitante.

 

¿Con qué me quedo al final? Con la optimista noción, si bien también ingenua, de que tenemos tantas opciones y posibilidades como se nos ocurran, la clave siempre ha estado en el respecto y en no tener miedo de lo que es diferente a nosotros. Fácil, ¿no?

 

Autor: Lourdes Gil

Para leer más textos de ella, visita Soy Homosensual

 

Los siguientes dos testimonios pertenecen a hombres que viven en Estados Unidos. Quienes, al enterarse sobre el trágico asesinato de 50 personas, sumadas a otras 53 personas heridas, por lo que parece ser un crimen de odio hacia las personas homosexuales en un club gay en Orlando, Florida, decidieron escribir los siguientes textos:

 

I started going to Latinx queer spaces in Los Ángeles when I was 17. I'd never miss a weekend. It was a safe space, if not a holy one, where I had 4 hours to dance away the trauma, anxiety, and fuckery I dealt with growing up a femme brown boy in a shitty world made by and for straight white men.

I had 4 hours of Selena, of cumbia, reggaeton, and merengue to drop it low and unabashedly explore my body through feminine dips and sways. I was a reina for a few hours a week.

Despite all the problematic bullshit of queer nightlife, these spaces were instrumental in my journey of self love and acceptance.

Last night, 50 folks were shot at a Latinx queer spot in Orlando. That easily could have been me, mid-way through my journey of queer love and marica self acceptance.

I don't want to hear your islamophobic rants. If you care, be an ally. Next time you see the femme brown kid harassed on the train, step the fuck up. Next time you see or hear a woman or gender non conforming homie harassed on the streets, show them your support, even if that's something as subtle as a head nod letting them know that you care. Ask people if they have a safe way to get home.

Violence against queer brown people isn't rare, it isn't contained to your local evening news. If you have the emotional and physical capacity to do so, please show your solidarity every day.

 

Autor: Josué Hernández

 

 

 

All The Dead Boys Look Like Me

For Orlando

Last time I saw myself die is when police killed Jessie Hernandez

A 17 year old brown queer, who was sleeping in their car

Yesterday, I saw myself die again. Fifty times I died in Orlando. And

I remember reading, Dr. José Esteban Muñoz before he passed

I was studying at NYU, where he was teaching, where he wrote shit

That made me feel like a queer brown survival was possible. But he didn’t

Survive and now, on the dancefloor, in the restroom, on the news, in my chest

There are another fifty bodies, that look like mine, and are

Dead. And I have been marching for Black Lives and talking about the police brutality

Against Native communities too, for years now, but this morning

I feel it, I really feel it again. How can we imagine ourselves // We being black native

Today, Brown people // How can we imagine ourselves

When All the Dead Boys Look Like Us? Once, I asked my nephew where he wanted

To go to College. What career he would like, as if

The whole world was his for the choosing. Once, he answered me without fearing

Tombstones or cages or the hands from a father. The hands of my lover

Yesterday, praised my whole body. Made the angels from my lips, Ave Maria

Full of Grace. He propped me up like the roof of a cathedral, in NYC

Before, we opened the news and read. And read about people who think two brown queers

Cannot build cathedrals, only cemeteries. And each time we kiss

A funeral plot opens. In the bedroom, I accept his kiss, and I lose my reflection.

I am tired of writing this poem, but I want to say one last word about

Yesterday, my father called. I heard him cry for only the second time in my life

He sounded like he loved me. It’s something I am rarely able to hear.

And I hope, if anything, his sound is what my body remembers first.

 

Autor: Christopher Soto

* Los dos testimonios antes expuestos se obtuvieron de Facebook, con permiso de sus autores. 

 

Cuatro es un número mínimo de seres humanos que han padecido algún tipo de violencia y discriminación por preferir una orientación sexual o una identidad de género. Si quieres contarnos tu historia, nos encantaría añadirla.

 

Es de suma importancia que estos actos dejen de ocurrir. Estamos viviendo en una época de cambios culturales que podrán dictar el futuro de las estructuras sociales con que convivirán las futuras generaciones. Heredemos amor, que es lo que este mundo necesita.

 

 

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