¿Por qué nos enorgullece no tener tiempo para nada?

Harmonía / 2016-07-14

"No tengo tiempo para nada" o "No me alcanza el día para todo lo que tengo que hacer" son frases que emitimos y escuchamos continuamente. Estar cansados y/o ocupados nos hace sentir extrañamente orgullosos, como si el mundo no pudiera seguir girando si salimos un poco más temprano de la oficina. Qué idea retorcida de éxito debemos tener que lo confundimos con no poder parar dos segundos para hacer algo que realmente queremos con alguien que amamos. No hay nada de noble u honorable en presumir cómo nuestros trabajos y múltiples ocupaciones nos esclavizan. Sin embargo, lo hacemos. ¿Por qué?

 

El primer error en el que caemos es creer que estar sobrecargados de trabajo es lo mismo que ser importantes, esto es absolutamente falso. Las personas realmente importantes son las que han aprendido ser importantes primero para sí mismas. Esto significa que se valoran, se cuidan y se procuran tiempo para hacer cosas que disfrutan.

 

El segundo error que cometemos es el de la total disponibilidad; actualmente, gracias a la tecnología, podemos ser contactados a cualquier hora y cualquier día, lo que se traduce en contestar mensajes o correos electrónicos "urgentes" a la hora de la cena familiar. Ya no necesitamos quedarnos hasta tarde en la oficina porque llevamos nuestras oficinas cargando a todas partes.

 

Por último, nuestro tercer error —y quizá el más grave— es el de no respetar nuestras prioridades, por ejemplo, ¿quién es más importante para ti? ¿tu mejor amigo o un compañero de trabajo que acabas de conocer? Seguro respondiste que tu mejor amigo, pero, a uno le contestas los mensajes de inmediato y al otro llevas meses sin verlo. ¿De verdad eres congruente con tus prioridades?

 

¿Recuerdas al Sr. Conejo Blanco de Alicia en el País de las Maravillas? Era gracioso verlo correr por todas partes angustiado porque se le hacía tarde. Quizá justo así nos vemos nosotros cada vez que anunciamos orgullosos que no tenemos tiempo para nada que no sea seguir corriendo de un lado a otro. Y entonces nos olvidamos de pasear por el jardín, sentarnos a tomar el té o participar en una carrera, todas esas cosas que hacían que el País de las Maravillas fuera realmente maravilloso. 

 

Dejemos de alegrarnos de que nuestro tiempo esté ocupado y comencemos a ocupar el tiempo en alegrarnos.

 

 

 

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