6 beneficios de los huertos comunitarios para quienes los cultivan

Edmeé García / 2016-07-22

Los huertos comunitarios han experimentado un renacimiento tanto en contextos urbanos como rurales, con el fin de abastecer gran parte de la alimentación de quienes los cultivan. Que no sólo obtienen frutas y verduras frescas para poner en su mesa, ya que este tipo de huertos tienen muchos más beneficios, entre ellos:

 

1. Mejores hábitos alimenticios.

Al tiempo que se cultivan frutas, hortalizas y vegetales se cultivan mejores hábitos alimenticios. Es decir si cultivas jitomates, entonces comerás jitomates o papas, cebollas, pepinos, lechugas o lo que sea que produzca el huerto. Esto implica que los alimentos frescos se vuelven parte de la dieta de quienes cultivan y comen del jardín. En un mundo definido por las desigualdades sociales, aquellos que no tienen el privilegio de vivir cerca del acceso a alimentos terminan habitando lo que se conoce como “desiertos alimentarios”. Los cuales básicamente son áreas en las que los residentes no tienen opciones saludables y asequibles para alimentarse. Típicamente estas comunidades está conformadas por personas con bajos ingresos, ya que las cadenas de supermercados prefieren poner más sucursales en las zonas más adineradas. De tal manera que las comunidades que deciden cultivar sus propios alimentos, adquieren la posibilidad de una mejor alimentación. 

 

2. Más salud.

Los ya mencionados desiertos alimentarios únicamente cuentan con restaurantes de comida rápida y pequeñas tiendas de abarrotes con una selección limitada de frutas y verduras,que se venden en cantidades reducidas. La combinación de comida rápida y productos procesados altos en grasas, azúcares y sal tiene un efecto negativo en la salud de quienes lo consumen. Las personas en los desiertos alimentarios son proclives a desarrollar obesidad y diabetes entre otras dolencias, a causa de una dieta desequilibrada y pobre en nutrientes. En este contexto algunos habitantes de estas zonas han encontrado en los jardines comunitarios un instrumento para mejorar su salud, al plantar sus propias frutas y verduras e incluir alimentos frescos en su dieta. Además de realiza mayor actividad física a causa del trabajo en los huertos. 

 

3. Empoderamiento.

No olvidemos que los huertos urbanos, nombrados jardines de la victoria, que florecieron en Estados Unidos, Canadá y Europa no sólo tenían como objetivo proveer de alimentos a los civiles durante las dos guerras mundiales. También mantenían la moral de los ciudadanos que al poder contribuir a su sustento sentían que estaban haciendo algo útil. 

 

4. Mayor bienestar emocional y psicológico. 

Este punto es bastante sencillo: los hábitos saludables hacen que tu estado general de salud mejore. De tal manera que este bienestar físico, se traduce con frecuencia en bienestar emocional y psicológico porque en otras palabras, es más fácil sentirnos bien emocionalmente cuando nos sentimos bien físicamente. Además estar en contacto con la naturaleza es una forma de liberar estrés, pues el ritmo cardiaco y la tensión muscular disminuyen. Quienes sufren de depresión, trastornos de ansiedad y altos niveles de estrés han reportado mayor claridad mental y serenidad después de pasar un tiempo con la naturaleza. 

 

5. Mayor cohesión social.

Hay diferentes tipos de jardines comunitarios, de tal forma que sus modos de operación y distribución pueden variar, pero todos suelen contribuir a la convivencia de grupos de personas de un amplio espectro de edades y esferas sociales. Personas que de otra manera no se habrían conocido, comparten el trabajo y los frutos del jardín y esto crea relaciones más fuertes. Este tipo de convivencia social es un bien preciado en tiempos en que nuestras relaciones se han vuelto más virtuales y menos presenciales. 

 

6. Educación

Este tipo de huerto es un excelente vehículo de educación para los adultos y para los niños, que aprenden cómo crecen las plantas, cómo cuidar de ellas, cómo hacer composta, trasplantarlas, etcétera. También aprenden a comer verduras y frutas frescas, de tal forma que como mencionamos en el punto 1, son capaces de adquirir buenos hábitos desde temprana edad. Asimismo obtienen apreciación por los alimentos que consumen y consciencia del trabajo que cuesta producirlos.

 

 

Con información de Ecologistas en Acción 

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