¿Cómo podemos superar nuestros prejuicios?

Paulina Sánchez / 2017-09-14

Aunque creamos que somos personas que aceptan a los demás sin juzgarlos, las investigaciones aseguran que ciertos prejuicios dependen de la forma en que están conectados nuestros cerebros. Éstos quizá nos hagan sentir ciertas inclinaciones que no deseamos ni creemos tener. Asimismo, la educación que recibimos en familia, en el colegio, en los círculos religiosos y en ciertos grupos sociales, marca patrones de aceptación o rechazo hacia ciertas personas por tener o carecer de ciertas características.

 

Los científicos que estudian cómo funciona nuestra mente cuando decimos o hacemos algo basado en prejuicios, han descubierto que la culpa la puede tener una pequeña estructura cerebral en forma de almendra: la amígdala. Ésta se encarga de detectar amenazas en el ambiente y de crear asociaciones con el miedo en cuestión de milisegundos, es decir, antes de poder procesar lo que se está viendo o la situación que se está enfrentando.

 

En el pasado, esta función era indispensable para asegurar la supervivencia de los humanos, sobre todo cuando aprendían a relacionar a ciertas bestias o elementos naturales con peligros, amenazas o rivales en la búsqueda de alimentos. Con el paso del tiempo, el desarrollo de tecnología ayudó a tener que luchar menos contra los elementos u otros animales; por ejemplo, se empezaron a construir armas para defenderse de depredadores, y también albergues seguros, técnicas de cultivo y ganadería, y sistemas de trueque o comercio, por medio de los cuales el alimento y otros bienes se comenzaron a repartir de forma organizada. Aun así, la amígdala retuvo su funcionamiento.

 

Lo cierto es que, según los psicólogos y neurólogos, este funcionamiento primitivo del cerebro se moldea socialmente, es decir, aprende a detectar ciertas amenazas sin que éstas necesariamente lo sean y sin que seamos conscientes de ello. Es por eso que a veces podemos hacer un comentario desagradable o discriminatorio hacia otras personas, incluso cuando nos creemos muy comprensivos e incluyentes.

 

Por ejemplo, en la Universidad de Princeton, un estudio reveló que al mostrar a los participantes fotografías de personas obesas, transexuales, con una fisonomía poco atractiva o con alguna deformidad, los voluntarios inmediatamente expresaban sentimientos de asco, mientras que la ínsula de cada uno de ellos –otra área del cerebro relacionada con los sentimientos de asco– se activaba. Ahora bien, la información en la que se basa el cerebro para reaccionar así es la que recibe a lo largo de toda una vida de aprender estereotipos sociales, determinantes culturales y expresiones de rechazo a ciertas formas de ser o ciertas apariencias. La sociedad nos repite que una persona con sobrepeso es floja, que la piel oscura está relacionada con la criminalidad, que la orientación sexual determina la calidad moral de un ser humano… y todo eso, muy en el fondo, literalmente en el subcórtex cerebral, se nos va quedando grabado.

 

¿La consecuencia? La mayoría reprobaría una prueba de imparcialidad incluso siendo una persona de mente abierta, o al menos esto es lo que descubrió un profesor de psicología de Harvard. La buena noticia es que hay una solución: todos podemos (y debemos) hacer el esfuerzo constante de actuar de forma consciente y de notar nuestras reacciones espontáneas basadas en prejuicios para evitarlas. Estas actitudes pueden incluso ser pequeñas e ir desde dar un paso hacia atrás para evitar tocar a una persona de piel morena, hasta hacer un comentario homófobo con los amigos a manera de broma para burlarse de alguna actitud o para retar a otro a demostrar su “hombría”.

 

Lo mejor de todo es que los investigadores también han comprobado que nuestros impulsos inconscientes realmente pueden redirigirse con el simple hecho de reconocer su existencia. De hecho, ciertas regiones del neocórtex se activan al detectar que hay una discrepancia entre las reacciones implícitas y nuestros propósito de actuar de cierta manera, así que contamos con un gran aliado en nuestra mente para ser mejores personas cada día.

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