Chicle orgánico: no se pega, no produce caries y es 100% biodegradable

Harmonía / 2016-06-10

Después de la selva amazónica, la selva maya es la más extensa en este continente y uno de los árboles más comunes en ella es el árbol de chicozapote o  manikara zapota,  de los que se extrae Chicza, el primer chicle ecológico del mundo avalado por el Forest Stewardship Council. Ya que  se descompone fácilmente, tanto que puede ser incluido en el material de las compostas, pues unos días después de desechado se convierte en polvo y vuelve a la tierra. A diferencia de las gomas de mascar sintéticas este chicle no se pega  ni produce caries ya que no está confitado. 

 

Los chicleros a cargo de su manufactura se consideran guardianes de la selva y tienen una relación cercana y apreciativa con los árboles de chicozapote que proporcionan sustento a los 2000 trabajadores que conforman las 40 cooperativas que conforman el consorcio chiclero. El cual cuenta con 13 años de existencia y  sus objetivos incluyen: generar beneficios económicos para la comunidad, la restauración de áreas degradadas y un manejo sustentable de los recursos forestales con la intención de conservarlos para las generaciones por venir. 

 

Pero ¿cómo se hace este chicle orgánico? Primero, los chicleros suben a los árboles y realizan en zigzag en su corteza para permitir que brote una savia que posteriormente almacenarán en sacos. Posteriormente esto será filtrado y hervido en un contenedor metálico para adquirir la consistencia tan característica del chicle. Una vez que está listo este se enfría y vacía en moldes de madera donde se forman los bloques que finalmente serán llevados a los centros regionales de acopio y la planta industrial de Chetumal  donde pasará por un segundo proceso. 

 

En la fábrica se derriten los bloques junto con algunas ceras naturales, el material resultante tiene el nombre de goma base y antes de enfriarse es endulzado con productos orgánicos y saborizantes naturales. Posteriormente es compactado y convertido en tiras de goma de mascar.  Cada árbol puede dar unos 5 kilos de chicle y una vez que el líquido ha sido extraído no volverá a ser visitado por los chicleros en 7 años. 

 

 

Además el consorcio chiclero da mantenimiento a una superficie de 2,00o hectáreas con el propósito de diversificar las actividades productivas que hacen uso de los recursos pues esto garantizaría la protección, restauración y conservación de medio ambiente. Ellos han comprendido que puede haber un equilibrio entre generar ingresos para los productores locales, creando empleos justos y mejorando su calidad de vida y la naturaleza.  Este consorcio administra la producción, logística, comercio y finanzas del proyecto  y ha logrado  un ingreso 6 veces mayor para cada productor del que obtenían anterior a su consolidación. Esta iniciativa que ayuda a mantener viva a la selva maya.  Además son apoyados por otras organizaciones involucradas con el comercio justo  como Eco Red que se dedica a distribuir productos procedentes de áreas naturales protegidas fabricadas por comunidades comprometidas con la conservación de sus espacios.

 

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