TESTIMONIO (parte II): Cómo ha cambiado la maternidad la relación con mi cuerpo

Harmonía / 2016-04-15

La maternidad es una experiencia que trastoca todos los aspectos de la vida de una mujer; no todas las mujeres desean ser madres, pero quienes así lo deciden se ven envueltas en una serie de cambios físicos, emocionales y sociales que jamás se imaginaron. Primero que nada es importante aclarar que, a pesar de que los medios e incluso las personas que nos rodean (principalmente otras madres) intenten decirnos lo contrario, no existe tal cosa como una maternidad unívoca que todas las mujeres viven del mismo modo, existen "maternidades", tantas y tan distintas como mujeres que también son madres. 

 

Hemos pedido a diversas mujeres que compartan sus testimonios de maternidad y cómo ésta las hizo percibir de manera distinta sus cuerpos para publicarlos en dos entregas. La primera de ellas se publicó la semanas pasada y hoy presentamos la segunda: 

 

 

Desde niña asocie la maternidad con gordura y fealdad, así que tenía mucho miedo de subir de peso cuando me embaracé. Tuve un embarazo feliz, estuve muy activa y me gustaba cómo me veía. Me tome mil fotos, comí delicioso, descubrí los jugos de vegetales y no tuve complicaciones de salud. En los nueve meses subí doce kilos, mi panza quedo repleta de estrías, tengo una cicatriz de cesárea en forma horizontal y, honestamente, cuando me vi al espejo después del parto me solté a llorar.

 

Hasta ahora he bajado diez kilos, me siento un poco presionada para verme más delgada, no estoy completamente feliz con mi cuerpo ( aunque me gusta lo que la lactancia le hace a mis tetas) y eso influye en mi vida sexual. No estoy teniendo todo el sexo que quiero, me entristece mucho porque no creí que eso me fuera a pasar, no tengo ganas. En general trato de mantenerme positiva con mi "nuevo cuerpo" y con la firme creencia de que se va a poner más bonito.

 

Fernanda Paredes
 

 
 

 

¿De qué manera la maternidad ha modificado mi relación con mi cuerpo?

 

Contestar esta pregunta es tan complejo para mí como lo han sido las diferentes etapas por las que he pasado en cuanto a la aceptación de mi propio cuerpo. Recuerdo en mi adolescencia sentirme inadecuada puesto que tardé en desarrollarme y soy lo que dicen “traga años” así que a los diecisiete años parecía como de trece, me sentía poco atractiva e insegura de mí misma.

 

 Ya en los veintes y en el inicio de mi actividad sexual, mi cuerpo, aunque me gustaba, me causaba inseguridades puesto que no lucía tan curvilíneo como el de mis amigas o el estándar de belleza femenina que yo solía sostener. Infinidad de detalles me molestaban –mi cintura no tan marcada, las caderas, mi estatura baja, mis senos medianos- que aunque no me hacían infeliz impedían que disfrutara mi sexualidad con plenitud.

 

A los 27 años nos embarazamos del primer hijo y a los 31 de la segunda hija: mi percepción de mi propio cuerpo cambió para siempre. Quisiera decir que mis embarazos fueron maravillosos pero no, fueron difíciles, con amenazas de aborto y una lesión de columna que hicieron los partos complicados. Pero algo sucedió en mi, la pérdida de mi salud y la presencia de los hijos en mi vida me hicieron re-encuadrar mi perspectiva. Dejé de afanarme por lo que mi cuerpo no era y comencé a apreciarlo por todo lo que sí es. Decidí entonces comenzar a cuidarlo y alimentarlo bien inspirada por el cariño de mis hijos y el amor hacia ellos. Me inicié en la disciplina de yoga hace dos años y eso ha venido a complementar mi viaje en el reconocimiento y aceptación de mi cuerpo. Ahora mi hija me acompaña a yoga y me encanta poder practicar con ella esta disciplina, pero sobre todo me alegro de haber llegado a un punto en el que realmente me siento a gusto con mi propio cuerpo y con mi vida sexual.

 

Diana Fajardo, Psicoterapeuta Infantil, 39 años

 

 

 

Foto: Diaja Fajardo:

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