Tenemos música en el estómago (pero hay que saber escuchar)

/ 2015-12-27

Karlheinz Stockhausen, uno de los compositores más vanguardistas del siglo XX y uno de los padres de la música electrónica, cuenta una fabulosa anécdota en la que mezcla sueños y epifanías como precursores de la composición de una obra musical.  Justin Patrick en su ensayo "Music from Sirius: The Dreams of Karlheinz Stockhausen", relata la famosa historia que dio lugar a a la composición de las piezas "Tiekreis" y "Musik Im Bauch".  

 

"Un día mientras estaba jugando con su hija Julika, Stockhausen escuchó gruñidos en el estómago de su hija y le dijo 'Tienes música en la panza'. Esto hizo que Julika se riera tanto que le provocó un ataque y un dolor en el estómago del cual sólo pudo recuperarse un rato después cuando su padre se había tenido también que tirar al suelo con ella para calmarla. Cuando volvió a hablar, todo lo que decía era "¡Música en la panza!"'.

 

A este episodio le siguió uno que ocurrió siete años más tarde cuando Stockhausen, un compositor que se sirvió de sus sueños para realizar una gran cantidad de obras,  tuvo un sueño en el que extraía tres cajas musicales del estómago de un hombre con cabeza de pájaro, una criatura que luego llamó Miron. La composición "Musik Im Bauch" se basó en las notas de este sueño en conexión con la música incidental de la panza de su hija. Por si esto fuera poco, y es que los sueños y las conexiones psíquicas son una madeja interminable, cuando estaba explorando las cajas musicales para hacer esta composición, se dio cuenta que no existían composiciones originales para estos instrumentos, así que combinando su reciente fascinación por estos sonidos con sus sueños, ideó "Tierkreis", la famosa pieza --una de sus más accesibles-- basada en los doce signos de la astrología occidental, la cual inicia con una secuencia de Acuario, el signo solar de su hija Julika y tiene en el medio al signo Leo, donde yace el Sol de Stockhausen. Al realizar esta composición Stockhausen se basó en personas importantes de su vida que tenían los diferentes signos para imprimir a cada uno una particular cualidad tonal y cromática. Así, lo que empezó en las tripas de una niña acabó en la música de las estrellas.

 

 

La anterior historia nos permite echar un vistazo al entramado creativo de uno de los músicos más prolíficos del siglo XX, quien tomó de su inconsciente y de los más inusuales detalles de su vida cotidiana --en un terso continuum-- la materia prima que alquimizaría en su obra. Asimismo, tiene una enseñanza poética en poner atención a los detalles, surtidores secretos. Incluso los sonidos que produce nuestra panza, que podemos ligar comúnmente a dolores y malestares, bajo una percepción aguda, pueden convertirse en música y en un pequeño tesoro para transformar las cosas y llevarlas a su expresión más sublime.  La próxima vez que escuches un ruido en tu estómago, piensa que ahí yace, en potencia, la sustancia misma de una obra de alquimia (artística o al menos digestiva).

 

Twitter del autor: @alepholo

 

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