Siéntete orgullosa de tu belleza interior

Paulina Sánchez / 2017-10-17

Todas queremos sentirnos seguras en nuestra piel. No obstante, con tantas marcas que venden talla doble cero y ropa ultra skinny, y centros de estética que prometen corregir todo aquello que nos desagrada de nuestro cuerpo, no es extraño que, en un estudio, nueve de cada 10 niñas hayan revelado que quieren cambiar algo de su apariencia para sentir mayor seguridad en sí mismas. Pensándolo bien, esa estadística no aplica solamente a las niñas, sino también a las mujeres adultas. ¿Acaso no llevamos una vida entera observando y escuchando cuáles son los modelos de belleza a los que supuestamente debemos aspirar?

 

Por supuesto, también se ha dicho mucho sobre la belleza interior. Desafortunadamente, para muchas mujeres, ésta equivale solamente a un “premio de consolación” por no ser físicamente bonitas. Nada más lejano de la realidad.

 

Primero debemos aprender a valorar nuestras características físicas. Éstas son como un mapa de nuestra vida y de nuestra historia. Así, por ejemplo, hay cicatrices que fungen como testigo de lo que hemos experimentado y quizás hasta padecido. Antes que ser imperfecciones, son el recuerdo de aprendizajes que nos hicieron más fuertes.

 

Por su parte, muchos de nuestros rasgos reflejan la genética que hemos heredado y recuerdan a nuestras generaciones pasadas. Son como una fotografía que suma a todo nuestro árbol genealógico. Todo esto es un punto de partida para descubrir parte de lo que somos y de dónde venimos, cierto, pero el resto del libro de nuestra vida solamente se cuenta a partir de nuestros pensamientos y sentimientos. Es ahí donde se define realmente ese “yo” en el que nos hemos convertido o que podemos llegar a ser.

 

Iniciativas como Proyecto Dove® para la Autoestima pretenden forjar en las jóvenes un sentido de aprecio y valoración por la mujer en la que se están transformando en la adolescencia. Para lograrlo no sólo trabajan con ellas sino con su entorno inmediato, es decir, con su familia.

 

La familia es un núcleo seguro en el que se puede aprender a leer el interior de forma positiva. Por eso, desempeña un papel fundamental en el fomento de un equilibrio entre el cuidado de la apariencia física y el desarrollo interior. Además, es su tarea actuar como modelo y formar seres humanos preocupados por mejorar su manera de pensar para convertirse en personas más positivas, seguras y empáticas.

 

La belleza física es, sin duda, maravillosa. Por eso es importante cuidarla a través de una buena alimentación, ejercicio y estilo de vida saludables. Pero la belleza interior también demanda atención y cuidados. De ahí que para mantenerla y enriquecerla se deba promover el desarrollo de la inteligencia, los valores y la emotividad. Como afirma Christina Berton, doctora experta en autoestima, trabajar la autoestima de las jóvenes “al enfocarse en sus acciones y comportamiento positivos las ayudará a reconocer y valorar sus cualidades” y muy probablemente las de otras personas.

 

En ese sentido, existe una respuesta muy sencilla para quien cree que la belleza exterior se percibe a simple vista, mientras que la gente no puede ver la belleza interior: la autenticidad de una sonrisa, la honestidad de una mirada, la seguridad de un saludo de mano, el consuelo de un abrazo, la calma de una expresión facial, la energía positiva que puede transmitir una persona tan sólo con su presencia… todo ello es prueba de que la belleza interior es evidente. Solamente debemos aprender a leerla.

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