¿Qué tal tus modales en yoga?

María Elena Esparza / 2017-07-20

¡Ah! Lo felices que nos hace asistir a la clase de yoga, lo relajados que nos sentimos después de esa hora y media de buscar nuestro centro, lo mucho que nos gusta compartir cuánto nos ayuda la práctica. Hay muchas razones para sentirnos orgullosos de pertenecer a esta comunidad, y se habla todo el tiempo sobre ellas. ¿Sabes qué no se menciona? ¡Los modales básicos que todos deberíamos asumir cuando vamos a la clase!

 

Bueno, ya sé que no es un tema fácil y podría resultar un poco incómodo para algunos, pero en tantos años cerca de mi mat, como alumna y maestra, he detectado patrones (y sí, no niego que también los he sentido) que estoy segura de que muchas veces no son intencionales, y por eso vale la pena enlistarlos aquí. Todo sea por una convivencia más sana y buena onda.

 

Comparte “tu lugar”. Todos tenemos un lugar favorito: esa esquina más privada, la zona cerca de la ventana o la primera fila para vernos en el espejo. Está bien, pero no te aferres… si un día llegas cuando ya está ocupado no te instales a la fuerza, encuentra otro; si notas que alguien está a punto de quedarse afuera por falta de espacio, comparte el tuyo. Será tu buena obra del día.

 

Respeta los horarios. Una clase es una cita, acude puntual a ella. Se entiende que las ciudades son caóticas y puede haber imprevistos; cuando se te haga tarde intégrate con discreción y en silencio. Y por favor, ¡no azotes tu tapete al extenderlo en el piso!

 

Pon tu celular en función de vibrar. Creo que no hace falta explicación.

 

Respeta el savasana. Esos minutos finales de relajación tienen una razón de ser, son una meditación importante para cerrar energéticamente la práctica. ¡Quédate! Y si alguna vez realmente tienes que irte, no interrumpas a los demás a tu paso. Si te da un ataque de tos, conserva la calma, cambia de postura y evalúa si sería mejor salir.

 

Acepta al maestro suplente. Elegimos la clase en gran medida por el maestro. Es indudable que con ellos se forma una conexión muy especial y odiamos cuando por alguna razón mandan a un suplente pero… ¿te has preguntado cómo se siente esa persona que debe dar clase a quienes no la esperaban? Dale una oportunidad, ser abiertos es parte del yoga; todos pueden enseñarnos algo. Y comprende también que tu instructor favorito a veces no puede asistir.

 

Agarra la onda. Si tocas a la persona de al lado o te tocan en alguna extensión, no pasa nada. Si el instructor que esperabas no llega, comprende que existen situaciones inevitables para todos y él podría estar en una. Si al maestro se le olvida una postura, entiende que es humano y puede cometer errores. Si en tu momento más relajado del savasana pasa el tamalero, no te enojes.

 

Siempre digo que el mayor reto y beneficio del yoga sucede cuando todo lo que aplicamos sobre el tapete lo llevamos a nuestra actitud en todo. Seamos más yoguis, pero no sólo en las posturas. Seamos más generosos y empáticos.

 

NAMASTE.

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