El consumo de probióticos y su relación con las enfermedades

/ 2016-01-15

El término probiótico se deriva del latin “pro” = en favor de y “bios” = vida, y se introdujo por primera vez en 1965 como una contraposición al término antibiótico por Lilly y Stillwell.

Algunos preparados probióticos han sido utilizados para evitar la diarrea provocada por antibióticos o como parte del tratamiento del desequilibrio en la microbiota intestinal conocida como disbiosis.

Además, se han utilizado probióticos para el tratamiento de una serie de trastornos gastrointestinales entre los que se incluyen la enfermedad intestinal inflamatoria (EII), el síndrome de intestino irritable (SII), la diarrea aguda y el estreñimiento.

El consumo de probióticos puede ayudar a disminuir la intensidad, la duración y la aparición de diarrea de origen infeccioso, diarrea asociada al uso de antibióticos, diarrea asociada al uso de radioterapia y las asociadas a enfermedades de tipo inflamatorio intestinal.

Los probióticos también han sido investigados en relación con el eczema atópico, sobrevida de recién nacidos pretérmino y las complicaciones de la cirrosis hepática. Recientemente se ha estudiado su papel para la prevención y desarrollo de enfermedades crónicas no degenerativas como la obesidad y el síndrome metabólico.

La dosis de consumo sugerida depende del tipo de probiótico (cepa y especie). De forma general el producto debe contener como  mínimo entre 1 a 10 mil millones de unidades formadoras de colonias (UFC) por dosis y consumirlo 1 ó 2 veces por día.

 

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