Cómo dejar de hacer dietas y mejorar tu salud física, mental y emocional

Harmonía / 2016-10-11

Al mismo tiempo que la obesidad se ha vuelto en un problema de salud pública, también se ha popularizado un crisol de opciones para “hacer dieta”y deshacerse de los kilos de más. Frecuentemente lo que nos motiva a empezar una dieta tiene que ver con la estética, pues queremos vernos esbeltos y delgados y quizá, también con una experiencia sensorial, reflejada en el deseo de sentirnos más ligeros. Además conforme los estereotipos de belleza actual muestran a personas cada vez más delgadas, el deseo de perder peso también puede ir ligado a un deseo de ser atractivos. Ya que esto último con frecuencia va de la mano con nuestra idea de que si somos más delgados y atractivos también seremos más amados. 

 

El problema con este razonamiento es que es falaz, ya que ser más delgados y atractivos en realidad no es sinónimo de felicidad. La dura verdad es que perder peso no resolverá todas las situaciones de tu vida. En este sentido lo que nos resultaría más útil es tomarnos un momento de introspección para reflexionar sobre porqué no nos sentimos amados. Quizá, la respuesta temida es: porque no nos amamos lo suficiente nosotros mismos, porque nos hemos condicionado a pensar que para ser amados tenemos que ser perfectos y por lo tanto tendemos a rechazar todo lo que detectamos como una imperfección de nuestro ser, incluyendo por su puesto nuestra apariencia.  

 

Frecuentemente cuando hacemos una dieta, primero la seguimos al pie de la letra y después de perder algunos kilos o tallas nos rendimos a una comilona con todo lo que nuestra dieta no incluye: pasteles, dulces, botanas, alimentos grasosos y bebidas alcohólicas. Luego viene el remordimiento, la culpa, el momento en el que nos rendimos frente a nuestros propios reproches y nos sentimos miserables y fracasados por caer en la tentación. Tras maltratarnos, insultarnos, reprocharnos y sentirnos de lo peor, puede ser que retomemos la dieta o la tiremos por la ventana. Hasta la siguiente vez, en que decidimos remediar nuestras imperfecciones y empezar el ciclo de nuevo. 

 

En este sentido uno de los problemas con las dietas restrictivas es que son sumamente difíciles, si no es que imposibles, de sostener a largo plazo.  Por otro lado, el problema de “hacer dieta” en general tampoco suele ser sostenible a nivel psicológico y emocional, ya que es una suerte de castigo por nuestra imperfección, la expresión física y práctica de un reproche. Pero entonces ¿cuál es la solución? ¿Acaso debemos resignarnos a este ciclo nocivo a nivel físico, mental y emocional?

 

La respuesta, por supuesto, es no. No debemos rendirnos, lo que necesitamos es dejar de cometer los mismos errores. Si en lugar de hacer dieta porque detestamos nuestra apariencia, hiciéramos dieta porque nos amamos y queremos cuidar de nuestro hermoso ser  física y emocionalmente, quizá sería más fácil cambiar de hábitos alimenticios y también, más gozoso. Pero esto nos lleva al siguiente punto, en realidad cuando hablamos de una alimentación saludable, nos estamos refiriendo a modificar hábitos. Algunos están relacionados con los alimentos que elegimos, otros con la forma en que nos relacionamos con la comida, nuestro cuerpo y nuestras emociones. Algunos nos serán más fáciles de modificar que otros, pero la verdadera aventura es la del cambio real. Aquel que te permite descubrir lo mejor de ti a través del amor y buscar bienestar para tu cuerpo gracias a un genuino deseo de salud y no para torturarte tratando de alcanzar un ideal poco realista. 

 

Los alimentos son algo maravilloso, es casi poético pensar que una pequeña semilla puede ser alimentada por la tierra, el agua y la energía solar, hasta dar un fruto delicioso capaz de nutrir nuestro cuerpo. De tal forma que este vehículo físico que habitamos puede continuar su viaje y aprender nuevas lecciones. Expresar amor primero para consigo mismo, luego para con otras personas y desarrollarse integralmente. Si lo vemos así, nosotros y lo que comemos necesita estar anclado al ciclo de vida de la tierra y por eso es importante consumir alimentos frescos y no procesados. De otra forma introducimos algo que en lugar de generar vida, produce un ciclo de enfermedad. “Comer bien” no se trata de hacer dieta, se trata de llevar una alimentación nutricia y sana como una expresión de amor a nosotros mismos. 

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