¿Alergia o intolerancia alimentaria? Cómo distinguirlas

Harmonía / 2016-06-29

Tanto la alergia como la intolerancia alimentaria se consideran reacciones adversas a algunos alimentos, sin embargo, la diferencia radica en el mecanismo fisiopatológico que se activa, es decir, el tiempo de aparición, localización y la gravedad de los síntomas.

 

La alergia en una activación del sistema inmunológico y tiene las características de ser específica e inducible, además de tener memoria inmunológica de por vida y presentar una reacción inmediata. Ante una nueva exposición al alérgeno (alimento que genera una alergia) se puede desencadenar una respuesta que abarca todo el cuerpo y en poco tiempo ser muy grave. En cambio, la intolerancia es casi siempre una reacción local ocasionada por la falta de alguna enzima para hidrolizar o digerir un alimento. 

 

La mayoría de lo que consideramos alergias en realidad son intolerancias alimentarias, lo ideal es que un especialista realice el diagnóstico pertinente utilizando una prueba que mide la reacción del sistema inmunológico al consumir determinado alimento, si el sistema inmunológico no se involucra en la reacción del organismo estamos hablando de una intolerancia, no de una alergia.

 

¿La intolerancia es adquirida o se nace con ella?

 

Es normal que con la edad se presente una disminución en nuestra capacidad de digerir algún alimento y que la adición indiscriminada de aditivos a los alimentos nos provoquen intolerancia en algún momento. Cualquier tipo de agresión al intestino, al causar inflamación de la mucosa, puede causar algún grado de intolerancia transitoria que se debe tratar con dieta y cultivos vivos —probióticos— como los que contiene el yoghurt. La microbiota intestinal representa una línea de defensa muy importante, además de ayudar a digerir los alimentos. El Dr. Juan Manuel Montiel Herrera, experto pediatra alergólogo, señala:

 
“En el caso de la lactosa, por ejemplo, la pérdida de la función enzimática ocurre en la mayoría de las personas pero no todos desarrollan intolerancia, ya que pueden existir factores de adaptación que nos protegen, como la microbiota. En la vejez debemos tener especial cuidado con las intolerancias alimentarias”.

 

De hecho, el consumo diario de probióticos provenientes del yoghurt en cantidades suficientes pueden ayudar al organismo a producir la enzima necesaria para la digestión de la lactosa.

 

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