8 cosas que suceden de inmediato cuando dejas de comer carne

Harmonía / 2016-08-11

En años recientes ha crecido notablemente el interés por las dietas que excluyen la carne, un alimento que aunque como especie consumimos desde tiempos inmemoriales, desde hace poco ha sido señalado como fuente de efectos nocivos para la salud, tanto individual como colectivamente, pues además de que la carne está asociada con ciertas enfermedades, las implicaciones de su producción también tienen un impacto medioambiental considerable.

 

A manera de elementos que informen pero que también susciten la curiosidad y  el debate, compartimos a continuación 7 cambios, sustentados científicamente, que ocurren en el momento mismo en que dejas de incluir la carne como un alimento de tu dieta habitual.

 

 

 

Reduces la inflamación en tu cuerpo

 

La inflamación es un fenómeno de nuestro cuerpo que solo en la última década comenzó a captar la atención de médicos y otros investigadores de la salud humana, en buena medida porque se le encontró como una constante en el desarrollo de muchos tipos de cáncer, enfermedades cardiacas y diabetes, entre otros trastornos salubres.

 

De acuerdo con estas investigaciones, hay alimentos que en especial detonan la inflamación de nuestros órganos, entre ellos la carne roja, razón por la cual, en una dieta que mire por la salud a mediano y largo plazo, la carne debe estar excluida.

 

 

Reduces tus niveles de colesterol

 

El colesterol –esa especie de residuo que se acumula en las arterias y puede provocar infartos o embolias– tiene casi una sola fuente: las grasas de origen anima. No todo el colesterol es malo y, de hecho, nuestro cuerpo genera por sí mismo la cantidad que necesita para algunos de sus procesos fisiológicos (producir vitamina D y ciertas hormonas, por ejemplo), y hay otro tipo de colesterol llamado “bueno” que ayuda a mantener limpio el sistema cardiovascular (a este se le  encuentra sobre todo en las nueces).

 

Sin embargo, cuando comemos carne, llevamos a nuestro cuerpo el colesterol del propio animal, como sin ingiriéramos una cantidad “extra” que el cuerpo no generó, que no necesita, que no es del tipo que puede desechar naturalmente y que, finalmente, tiene que colocar en algún lugar. Ese lugar es una o varias arterias, donde se acumula hasta impedir el paso libre de la sangre.

 

Dejar la carne ayuda a reducir significativamente los niveles de colesterol en tu cuerpo.

 

 

Reduces drásticamente tu probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2

 

La diabetes es otras de las enfermedades más comunes de nuestra época y que, por otro lado, de acuerdo con estudios contemporáneos, también tiene en la carne roja uno de los principales factores que la propician, aumentando la probabilidad de desarrollarla en porcentajes que van del 50% al 75%, en comparación con una dieta vegetariana.

 

 

Haces que tu cuerpo adquiera la cantidad adecuada de proteínas

 

Nuestro cuerpo toma lo que necesita de los alimentos que consumimos. El exceso lo procesa de distintas formas. En el caso de las proteínas de origen animal, el cuerpo humano convierte las que no necesita en grasa, en el “mejor” de los casos, pero también las almacena de otras formas que se convierten en factores de desarrollo de enfermedades como los cálculos renales, ciertos tipos de cáncer y la osteoporosis.

 

Cabe mencionar que esto también puede suceder con las proteínas de origen vegetal, pero por la composición química que las distingue de las animales (en donde, por ejemplo, se les encuentra junto con grandes cantidades de sulfuro), la manera de metabolizar cada una es muy distinta para el cuerpo.

 

 

Regalas a tus intestinos un descanso

 

Por experiencia propia seguramente muchos han experimentado la diferencia de comer carne en abundancia y, en otro momento, hacer una comida ligera. En un caso, se pasan varias horas con una sensación de pesadez en el estómago; y en el otro uno se siente satisfecho, pero no pesado. Esto se debe a que para digerir las carnes rojas, el esfuerzo que debe realizar nuestro cuerpo es un tanto más de lo habitual. La carne, por ejemplo, casi no tiene fibra, por lo cual el sistema digestivo tiene que echar mano de otros recursos para metabolizarla. Los vegetales, frutas y cereales, en cambio, son digeridos con facilidad y casi sin desperdicio de sus nutrientes por sus propias cualidades. De ahí también la diferencia en la salud de la microbiota como consecuencia de una dieta que incluye carne roja o de una vegetariana.

 

 

Das un paso importante en el camino de la compasión

 

Doctrinas orientales como el hinduismo y el budismo enseñan que toda vida es sagrada y toda vida merece compasión, sea porque todo lo vivo forma parte del mismo espíritu único (y entonces dañar a otro es dañarse también a sí mismo), o porque todo lo vivo aspira en potencia a su propia liberación.

 

Desde un punto de vista laico, Occidental y moderno, también es posible pensar el consumo de carne como un dilema ético o moral. Cuando se mira el trato que reciben los animales criados y procesados industrialmente, es casi imposible no tener una respuesta compasiva: quisiéramos que no se les tratara de esa manera. Sin embargo, al consumirlos, estamos fomentando que dichas prácticas persistan.

 

¿Por qué no pasar del anhelo a la decisión y, al dejar de comer carne, abandonar también así ese circuito de sufrimiento?

 

 

Ayudas al medio ambiente

 

En nuestra época prácticamente todo lo que consumimos se produce masivamente y a escala industrial, lo cual, entre otras implicaciones, genera importantes daños al medio ambiente. En el caso de la carne de res, hace un par de años el diario The Guardian informó que, en promedio, su producción requiere un área de terreno 28 veces mayor a la de la carne de pollo o de puerco, 11 veces más agua y resulta en 5 veces más emisiones de efecto invernadero. Y comparado con la producción de papas, trigo o arroz, estos números son aún más impactantes, pues entonces se descubre que al respecto de los vegetales o los cereales, la producción de carne requiere 160 veces más área de terreno y genera 11 veces más gases de efecto invernadero.

 

Dejar de comer carne es, entonces, una pequeña aportación en la reducción de este impacto ambiental.

 

 

Probablemente vivas más y mejor

 

Por su impacto en la salud, en el medio ambiente e incluso en el ánimo espiritual, dejar de comer carne es una decisión con efectos en muchos ámbitos de tu vida. Cada caso es único, sin duda, pero si pruebas de comer menos carne roja o la retiras por completo de tu alimentación quizá te des cuenta que tu salud mejora, que te sientes más ligero, acaso incluso pierdas peso y comiences a valorar más la vida. Y eso, poco a poco, día a día, se convierte en una mejor existencia.

 

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